... El porqué de una mosca encerrada en un bote: Los monólogos de la Vageena VI

21 de enero de 2009

Los monólogos de la Vageena VI

21 de enero de 2009
Vageena está triste... ¿Qué tendrá la Vageena?
Los suspiros se escapan de su vageena de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
Vageena está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.



Pues lo dicho. Vageena está triste. ¿Qué tendrá la Vageena? Esto es una pregunta retórica que lanzo yo al aire sin ánimo de que me respondan porque, por saber, yo sé lo que tiene Vageena. Vageena tiene lo que todos tenemos en algún momento de nuestras vidas. ¿Infección de orina?, se preguntarán ustedes. Qué prosaicos que son ustedes, de verdad. Y qué ordinarios. A veces me pregunto para qué les dejo preguntarse cosas.


Vageena no tiene infección de orina porque su mal no se asienta, como invita a pensar la poesía que nos precede, en la parte homónima de su anatomía. Es lo que tienen las sinécdoques, que invitan a confusión. Que va. Sus males son de calado espirituoso. De ahí que los hayamos sufrido todos en algún momento. Todos los que tienen espíritu, claro. Que basta echar una mirada al público de La Ruleta de la Suerte, por ejemplo, para darse cuenta que no somos todos.


Pobre Vageena. El tortazo ha sido colosal, se lo puedo asegurar. Y eso que, si hace un tiempo me hubieran pedido que eligiese a alguien a quien no se la iban a dar con queso, ésa hubiera sido ella. Pero está visto que hasta las más altas Vageenas son humanas y que, por lo tanto, no se sustraen a los pesares que nos afligen a los mundanos.


En fin. Les dejo con su última actualización, que la chica escribió primorosamente antes de la catástrofe. Genial, como siempre. Vageena en estado puro. Me encomiendo a los dioses y les dedico encendidos ora pro nobis para que vuelva pronto de su down to Hell, la suban a planta y la tengamos pronto fresca y pizpireta correteando por Madrid a ritmo de Bowie. El perro, no el cantante.

Las navidades han terminado, gracias a Dior, y la nieve ha llegado a destiempo. La nieve es un fenómeno absurdo, que sólo es divertido cuando adorna alguna postal en la que una rubia nos muestra sus nalgas con un gorrito de Papá Noel en la cabeza. En la vida real, es un elemento innecesario y mortal. El viernes creí protagonizar viven. Cuando la nieve comenzó a caer con inusitada fuerza, me sorprendí a mí misma catalogando a la gente de mi trabajo cual partes del menú del día: “empezaría con ese”, “ese, de almuerzo”, “esa para las reservas”, “ese para los momentos especiales”. Mi habitual tendencia a exagerar me convenció de que terminaría muriendo víctima de la nieve. Como Carmina Ordóñez.


Con esta breve introducción intento eludir impunemente el tema de las navidades, época que aborrezco y de la que prefiero no hablar. Lo único bueno que tienen son sus anuncios, y este año, mi preferido ha sido el del Brain Training ese que anuncia Amparo Baró. ¿Habéis visto la foto del anuncio?


La campaña gráfica muestra a la amable anciana víctima de un Photoshop que hizo que, por unos segundos, creyera que era Ana de Armas la que anunciaba la consola. Por dios, si a estas alturas ya sabemos todos que la Baró tiene más pliegues que un Shar Pei, ¿es realmente necesario que le planchen las arrugas y nos hagan creer que tiene menos de 130 años?


El miedo que experimenté al ver la metamorfosis de Baró es únicamente comparable al miedo del siglo XXI: la opción “etiquetar” del facebook. Al principio yo no le veía su encanto a esto del facebook, donde puedes lanzarte a Britney Spears a la cabeza o hacer tests cuyos resultados te hunden en la miseria (hice el de “qué actor de hollywood eres? Y me salió Robyn Williams). Sin embargo, ahora admito que estoy enganchada. Como Carmina Ordóñez.Cuando recibes en tu email un mensaje de facebook que dice “no sé quién te ha etiquetado en una foto” vas corriendo a ver qué fotografía tuya han puesto, preso del pánico, del nerviosismo y de la intriga: ¿será una foto de la infancia que revele que mis dientes antes no estaban tan juntos? ¿tendré que afirmar que fui una adolescente sacada de Dawson Crece? Al ver las fotos, la reacción no se hace esperar: gritas frases del tipo “¡Cómo ha podido etiquetarme en esa foto? Hijo de putaaaaaaaaaaaa!” Todo esto mientras te tiras al suelo con las manos en la cabeza, espuma blanca en la boca y los ojos en blanco, dando al botón “desetiquetar” compulsivamente. Los principiantes, como yo, encima firmamos tras borrar nuestra huella de esa horrible imagen: ¿cómo te atreves a etiquetarme? Nunca volveré a hablarte. Este tipo de comentarios son signos inequívocos de madurez.


Lo que no sabes es que, cuando firmas una foto, todo el mundo lee lo que pones, y claro, cuando tu comentario es jugoso, la gente se abalanza sobre el ordenador para ver cuán fea sales. Esto, amigos, me pasó en una foto de un rodaje en la cual yo parecía lo que Alfred Hitchcock y Paquirrín habrían engendrado.


El facebook puede labrarte una sólida carrera sexual o terminar con tu vida. Yo, que he sido etiquetada en las fotos más penosas de mi existencia, he conseguido tener un pie en la tumba, o en la humillación social, que vienen siendo lo mismo.


En realidad hace mucho que no actualizo porque me paso 23 horas al día pendiente de mi email, con la mala suerte de que me suelen etiquetar durante esa hora que duermo. Para cuando me he despertado, ya hay 5 comentarios en la foto y ya es demasiado tarde: todo el mundo sabe que, incluso tú, tienes un pasado. Y créedme: el mío es MUY oscuro. Como el de Carmina Ordóñez




Para más Vageena, http://www.fotolog.com/v_de_vageena

Y lo dicho: Ora pro nobis. Feliz miércoles.

2 comentarios en el bote:

Anónimo dijo...

AYY es verdad yo reconozco que hay días e que estoy enganchada al facebook, socorro....

Lako

loquemeahorro dijo...

Hombre, lo de Amparo Baró es normal porque según el anuncio cada día está más joven. En la anterior campaña creo que decía "Edad: 35 años"...

Sí, yo también me fijé en la fotito de marras, aunque no sé si no era peor la especie de ¿marido? que le habían puesto al lado ¿de verdad no había nada mejor?

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