En la afoto: Todos los que parecen estúpidos, lo son, y además también lo son la mitad de los que no lo parecen. Francisco de Quevedo.Fuente aquí.
A lo mejor no se lo creen, pero servidor es muy educado. No tanto aquí, claro, en la interné procelosa. Aquí, pichí pichá. Pero en la res extensa, en la empiriquez del mundo real, soy muy educado. Practico los modales, las correctas formas, los buenos días, los gracias y los de nadas hasta extremos ridículamente británicos. O británicamente ridículos, si prefieren. Y además no porque sí, ojo, sino por convicción intelectual. La educación y comer tres veces al día separan a la civilización de la barbarie, como dijo no sé quién, y ustedes no sé, pero a mí la civilización me parece algo muy práctico. Así que contribuyo a su persistencia comportándome con educación siempre que se pueda, claro, y que su ejercicio no incurra en ridículo. Esta mañana, por ejemplo, hubiera incurrido. Así que no ha podido ser.
En mi barrio hay un tonto, un tonto con todas sus letras, que vive en el bloque enfrente al mío. Todas las mañanas del año, todas así llueva o truene, el tonto de mi barrio sale de su bloque con su perra Kala, se sitúa debajo de mi ventana con Kala y empieza a gritarle a Kala para que haga sus necesidades. Este señor es conocido como el tonto de pis-Kala-pis. Tonto por su tonta condición y pis-Kala-pis porque éste, pis-Kala-pis, es el grito de guerra con el que anima Kala a que emprenda sus pises y sus cacas mañaneras. Pis-Kala-pis, a grito pelado bajo mi ventana, día sí día también, el tonto de pis-Kala-pis me ameniza las mañanas desde que llegué a la ciudad de Madrid. Tonto de pis-Kala-pis es su nombre artístico, por cierto. Luego él tendrá el suyo propio, que no sé cual es y maldito lo que me importa.
Cualquiera que me conoce sabe que mis despertares no son agradables. No serían agradables con que Ewan McGregor me despertase susurrándome guarrerías al oído con un bol de fresas en la mano, por ponerles un ejemplo realista, con que imagínense el efecto cambiando los susurros de Ewan por los verduleros gritos del tonto de pis-Kala-pis y al bol de fresas por la propia Kala, negándose mañana tras mañana a hacer el susodicho pis si no es a la decimoquinta vez que su tonto dueño se lo pide tan a las claras.
Todo el que me conoce sabe que mi proverbial dificultad para perder los papeles a cualquier hora del día es directamente proporcional a la inmensa facilidad con que los pierdo en los primeros diez minutos inmediatos al despertar.
Habitación de Rubén. Ocho de la mañana. Interior. Día.
–¡Kala! ¡Pis! ¡Pis,Kala, pis!
Abro un ojo. Lo cierro de nuevo.
–¡Pis! ¡Pis!
Abro el otro ojo. Lo cierro.
–¡Pis! ¡Kala! ¡Kala, pis, te digo!
Abro el primer ojo. Lo cierro. Abro el segundo. Cierro el segundo mientras vuelvo a abrir el primero. Parezco un coche con todos los intermitentes a la vez.
–¡Pis, Kala, pis! ¡Kala! ¡Que pis! ¡Te digo que pis!
Me invade la furia asesina. Me quito el edredón de encima a patadas, pero no sólo no se me quita de encima sino que se me enreda en las piernas. Como increíble solución, decido saltar grácilmente al suelo, no calculando bien mis coordenadas ni en qué lado de mi cama, la derecha o la izquierda, está el suelo. A resultas de esto, me estampo grácilmente contra la pared del otro lado.
–¡Kala! ¡Pis, Kala, pis, pis!
Reboto. Caigo en la cama. Reboto fuera de la cama. Caigo al suelo. Al menos he encontrado el suelo, pienso bocabajo, y para ello sólo he tenido que hacer un pequeño sketch de Pepe Viyuela. Me incorporo, me pongo de pies y me lanzo contra la ventana, pero el edredón sigue enredado y viajo nuevamente al suelo. Blasfemo en arameo mientras emprendo furiosas patadas al aire. Me libero del edredón. Me lanzo rabioso contra la ventana, presto a bramar por ella al más puro estilo Omaíta. De Pepe Viyuela a Los Morancos en cuatro segundos; ya ven con qué rapidez cambio yo de registro cómico.
–¡Tú! –le grito a una señora que pasaba. La señora se queda petrificada. No la culpo; ha habido mañanas de mi vida en que he llegado a parecerme más a Bitelchús que a mí mismo. Si yo fuera andando tranquilamente por el barrio de Manoteras y de repente me saliese Bitelchús de la ventana de un segundo piso señalándome con el dedo, yo también me petrificaría. – ¡Usted no! –rectifico. ¡Usted! –le grito al señor que está al lado con un perro–. ¡Digo, tú!
–¿Yo? –responde el señor.
–¡Si, tú, tontolaba! ¡¿Sabes qué hora es?!
El señor se mira al reloj. No lleva reloj, ergo se mira la muñeca.
–¡Las ocho de la mañana, tontoculo!
El señor no dice nada. Kala tampoco, pero esto era de esperar.
–¡Las ocho de la mañana! –repito. ¡Las ocho de la mañana de un domingo, tontolamierda!
Mi registro de tontos incluye, en mis actuaciones más verduleras: totolaba, tontolculo, tontolamierda, tontolpijo, tontoloscojones y tontolapolla. Generalmente no me gusta pasar de los tres primeros si no es en casos de extrema necesidad semántica.
–¡¿Te parece que son horas de ponerse a gritar en la ventana de las casas de los demás?! –grito delante de las mismas ventanas que cito y a la misma hora.
–Bueno, es que la perra tiene que hacer pis…
Kala me mira como diciendo es verdad, tendré que hacer pis.
–¡Mira, tontoloscojones! ¡A los perros se los lleva uno a mear a un parque! ¡No se los baja a que meen debajo del portal, so cerdo!
–Bueno, pero en el jardincillo este…
–El jardincillo este, el jardincillo este…–le imito con voz de falsete. ¡¿Tú has visto cómo está el jardincillo este?! ¡Lleno de los boñigos de la perra de los cojones! ¡Así es como está el jardincillo! ¡Todas la mañanas, a cagar aquí! ¡So cerdo!
Mi abanico de so cerdos no es tan amplio como el de tontos.
–Es que también tendrá que hacer caca…–responde, y Kala me mira como diciendo es verdad, también tendré que hacer caca.
–La perra esa no hace caca, señor mío… ¡Caga! ¡Caga como si no hubiera mañana! ¡¿Pero tú has visto los increíbles boñigos que hay por todas partes! ¡Mira! ¡Mira!
Me pongo a señalar mierdas como un descosido.
–¡Otra! –grito. ¡Y otra! ¡Siete! ¡Ocho! ¡Nueve!
Entro en una especie de trance en el que no puedo dejar de señalar mierdas. Sin querer, entre mierda y mierda, acabo señalando de nuevo a la señora petrificada de antes, que había emprendido silenciosa huída pero que, de nuevo señalada con mi dedo acusador, vuelve a petrificarse y me mira de reojo. Pienso si no tendré poderes petrificadores en el dedo índice. Retiro el dedo. Vuelvo a extenderlo contra la señora. La señora me mira y no se mueve. Yo miro a la señora. Otra señora nos mira a ambos. Señalo a la segunda señora. La segunda señora sale corriendo.
Salgo de mis ensimismamientos y me doy cuenta de que el señor de pis-Kala-pis y la propia Kala también están emprendiendo silenciosa huída.
–¡Y otra cosa te voy a decir! –le grito señalándole con el dedo. El señor se detiene. Kala se detiene. Definitivamente, tengo poderes petrificadores, pero esto no me desvía de mi propósito. ¡Como me despiertes un día, sólo un día más, con el pis-kala-pis de los cojones, te juro que bajo y el que se mea en el jardín eres tú!
El señor me mira, y farfulla entre dientes:
–Vale…
–¡Pues eso espero! –puntualizo, y remato: –¡Que todos los tontos de Madrid me tengan que tocar a mí!
Me vuelvo hacia mi habitación con andares de John Wayne, que es una cosa que hacemos todos los hombres después de ponernos chulos. ¡Hay que joderse con el tontolaba!, exclamo para mí mismo mientras recojo el edredón del suelo. Y mientras voy al baño a hacer pis –otra reacción primaria de los hombres cuando nos sentimos macho alfa: marcar el territorio–, pienso: esta misma tarde me pongo y cuento esto en el blog. Vamos hombre. Para una vez que soy el gallo del corral y no lo presencia nada más que el tontolculo de los huevos ese.
Y mientras decido que quizás debería omitir el detalle del estampe contra la pared y mis dos viajes al suelo, para no cargarme antes de empezar mi recién inaugurada identidad como macho castigador con aires de portero de discoteca rumano, oigo un cuchicheo que proviene tímidamente de la ventana de mi habitación:
–…pis… Kala… pis... pis, Kala, haz pis…






Publicado por
El Señor de las Moscas



11 comentarios en el bote:
te dije que fui al concierto de Franz Ferdinand?? Es para darte envidia.
Tengo suerte de vivir en un barrio donde apenas hay perros y los que hay pues como que no hace falta gritarles para que hagan sus necesidades básicas-.
Pobre tontolaba, me ha dao hasta pena; si te sirve de consuelo: Willow pone telediarios de emisiones en horario imposible a las 6 de la mañana y a todo volumen, la tienda en casa o lo que echen, el jodío, luego cuando yo me levanto a las 7, está roque.
Lako
Sir Di: eres la mierda.
Leocadia: fucking willow. ¿Éste es el que apestaba a Varon Dandy, o me estoy yo confundiendo de personaje?
Yo recién levantado soy la peor persona que conozco, pero desde luego, carezco de su locuacidad. Por grande que fuera mi ira, me veo incapaz de decir "La perra caga como si no hubiera mañana" a los dos minutos de levantarme.
No obstante, teniendo en cuenta que su enemigo parece un poco falto, me atrevo a decir que ni la fuerza de las palabras ni el poder del dedo petrificador van a solucionar el problema. Considero ineludible recurrir al lanzamiento de objetos.
El razonamiento "Si la perra mea aquí, soy golpeado por objetos contundentes, ergo, voy a llevarla a mear a otro lugar" es el único que le veo capaz de realizar con seguridad.
Suerte y ánimo.
PD: Observo muy honrado que he sido incluido en su lista de enlaces. Es muy adecuado que los blogs se ubiquen según su última actualización, ya que así me aseguro un puesto permanente en el vagón de cola.
Amigo Perro Lunar:
Gracias por sus consejos. En primer lugar, el lanzamiento de objetos inanimados es una posibilidad sopesada pero reservada para cuando agote la vía del diálogo; en ése momento no descarto la posibilidad de lanzarle al sujeto una mesita de noche o a mí mismo, mismamente, que no sabe usted lo bien que me sale el ángel con tirabuzón. Me apunto la sugerencia que me hace de que el sujeto aprenda por ensayo error, si bien creo, y a Paulov me remito, que la perra Kala acabaría aprendiendose la asociación mucho antes que su lerdo propietario. Quizás, de hecho, ya la haya aprendido, y de ahí su negativa a hacer pis-kala-pis...
En segundo lugar, mi locuacidad mañanera no es tal hombre, pura fachada, una engañifa retórica para impresionar a este tipo de cachos de carne con ojos; nótese, usted que es sabido y entendido en el fino arte de la subordinada, con qué saña y recurrencia en incurrido la grave falta de mencionar mis propios genitales como fuerte de mi argumento. También es cierto que esto es una mezcla de incapacidad expresiva vespertina con la manifiesta imposibilidad del sujeto receptor de mis gritos de digerir mucho más allá del sujeto, el verbo y el predicado.
Y no se preocupe porque su blog figure el último; creo en la meritocracia y cuando usted postee, cosa que debería pensar en volver a hacer, ascenderá al primer lugar cual el éxito de los calamares en salsa americana.
Que la fuerza sea contigo, y a ver cuando nos tomamos unos jugos on the rocks...
Hola Rubén,
Te escribo porque sigo siempre tu blog, y me encanta, y nunca te lo había dicho. He retomado el mio después de una largaa pausa, por si te apetece pasarte por allí.
Espero que te esté yendo todo bien. Se te echa de menos.
Un beso
ey rub! te pondría en mi blog roll, pero no tengo, no sé ni como conseguí poner el video jaja.
Estoy por tenerife ahora, el otro dia estube en Madrid pero estaba echa polvo. Oye, a ver si hablamos! Enviame tu movil por email y te llamo, que perdi todos los telefonos.
un besoo
Amigo sufridor de los cánidos, sepa que le comprendo y le apoyo en lo moral. Sufro la variante de perro psicópata que tiene a bien ladrarle al aire ayudado y educado, eso sí, por su dueño tonto(n+1), que tiene a bien aplicarle correctivos a base de patadas de cuando en cuando, realizando estos recitales en horas variables que comprenden desde la aurora vespertina a lo profundo de la nocturnidad.
Vivir en sociedad y estar lo suficientemente cuerdo para no bajar a la calle a liarse a mandobles es maravilloso, ¿no cree?
El mundo, amigo Incógnito, es una inmensa y perpetua granja-escuela. Yo, ya ve, prefiero hacer con el civismo pedagogía, aunque sea a gritos por la ventana: la violencia al descubierto no me gusta, soy de natural enclenque, y no empezaré a aplicar soluciones drásticas hasta que no adquiera una genuina recortada de repetición. Seguiré haciendo pedagogía desde la misma ventana, pero con un estilo más contundente. Lo sabrá cuando llegue el momento: esté atento a este blog o a España Directo.
Me parece que yo hubiera reaccionado igual. La gente no tiene respeto ninguno al descanso del personal y no tiene reparos en vociferar lo que más les convenga debajo de ventanas ajenas.
Te apoyo totalmente.
Saludos :D
Lástima, o suerte, de no haberme encontrado ahí ya que esos puntuales derroches de testosterona pueden causarme de desenfrenados arranques de líbido, o dicho llánamente, ponerme to'cerda.
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