En mi vida me he tenido que enfrentar a muchas y en ocasiones muy duras comparaciones. Todas ellas, incluyendo las más absurdas, se han ido automáticamente a la porra ayer, en el momento que me dijeron, y con ‘fundamento de causa’ –añadieron– que hay que ver lo que me parezco a Xena, la Princesa Guerrera.
El ‘fundamento de causa’ –por cierto que la ‘causa’, digo yo, no tiene ‘fundamento’, de la causa suele ser el conocimiento, ‘conocimiento de causa’, eso si, pero no fundamento, ‘fundamento de causa’ no sólo es un neologismo y una redundancia, es que es una gilipollez gordísima: esto son críticas constructivas que me permito yo pero vamos, que tampoco tienen porqué leer todas mis subordinadas–, el fundamento de causa, les decía, no era la pulsera de cuero con remaches metálicos que me acababa de comprar en el clásico puesto hippie que vende ese tipo de pulseras, dijo el sujeto comparante. La pulsera de reminiscencias greco-televisivas, por lo visto, sólo trajo a colación lo que el sujeto comparante llamó ‘una gran evidencia’ que ‘se le había pasado inadvertida hasta ese momento’: no otra que el hecho de que en mi carácter subyace, ahí es nada, un claro paralelismo con el de la célebre Princesa Guerrera.
–Amén de que Xena, como tal, no existe, y yo sí –anuncié dignamente–, y pasando por alto el hecho de que ella fuera una mujer y yo de momento aún tenga pito –de momento; ya saben que últimamente le tengo algo de miedo a la castración–, otra cosa te voy a decir: es que ni siquiera soy lesbiana.
–Bueno, Xena tampoco –replicó la persona en cuestión que, en fin, que se puede esperar de una persona que dice fundamento de causa–.
Dice esta persona que la comparación viene traída por la cuestión del carácter porque, asegura esta persona, ambos tenemos un carácter indómito, salvaje, no nos casamos con nadie. Bueno, tú si quieres casarte con algunas personas, pero esas personas no quieren –añade esta persona, una persona que además de hacer unas comparaciones malísimas, tiene mala baba–. Hago caso omiso de la impertinencia.
–Xena si se quería casar. Con Gabriel –anuncio–.
–¿Qué Gabriel?
–La que iba con ella siempre, en plan Sancho Panza, pero en mujer. La del palo.
–Que Xena no era lesbiana.
–Lo que tú digas.
Lo que les digo, una de las comparaciones más bizarras a las que se ha visto rebajado este humilde bloguista. Y miren que las he sufrido. En el extremo amable del absurdo está la vez que me compararon con Keanu Reeves. Que me parezco a él, dijeron. Silencio en la parroquia. ¿Fisicamente?, inquiero yo, presa del pasmo. Físicamente, confirma. Nuevo silencio en la parroquia. De hecho, la comparación de tipo conceptual, del género te pareces a Keanu Reeves en la forma de ser, estaba descartada de antemano porque exigiría ya no sólo que yo, como sujeto comparado, también fuese un afamado actor de genealogía dispersa y más dispersa filmografía, como Keanu, si no también y más importante, que mi amigo –el sujeto comparante– fuera amigo a su vez de Keanu, ergo conociera la forma de ser de Keanu, espiritualmente hablando, ergo así pudiera concluir la comparación. De momento, no tengo amigos ni tan interesantes ni tan bien relacionados –esto no es una afirmación, es una denuncia pública–, de modo que la única explicación posible era que la comparación era en sentido físico. Y yo, que tengo un parecido con Keanu Reeves sólo comparable al que une a la china de Anatomía de Grey con Marianico el Corto, pestañeo y soy nuevamente presa del pasmo. Silencio en la parroquia, seguido de descojone generalizado en la parroquia, pataleos por el suelo, saltamiento de lagrimones y ataques de flato.
Otra comparación moderadamente amable es cuando me sacan el parecido con Ángel Martín, el verborreico y altamente cachondo presentador de Sé Lo Qué Hicísteis. Y digo ‘moderadamente’ porque el sujeto comparante –en potencia cualquier persona, porque ésta es una comparación recurrente– suele darse prisa en aclararle al sujeto comparado –en potencia, yo– que no en el sentido físico, sino que se está refiriendo más bien al carácter y al tono cachondo de su espíritu –el espíritu de Ángel Martín–. Esto me molesta porque aunque Ángel Martín es un tío bien majo, sabemos todos que también está para llevárselo a la era, y viviría más feliz creyéndome la comparación integral que incluye ambos factores, carácter y físico. Aprovecho la ocasión para satisfacer la petición que me hicieron mis primas Esme y Ana hace tiempo, que solicitaban que reivindicara vía blog la urgente necesidad de que Ángel Martín deje de tomar proteínas y de adquirir el aspecto de tortuga boba que está adquiriendo, y yo la satisfago; Ángel Martín, desde aquí te digo: basta. Enough is enough.
Y ya entrados en el extremo menos amable del abanico de comparaciones, el extremo con mucho más abultado, llegamos a la vez aquella que me dijeron alegremente Rubén, tienes el talento de Alejandro Almodóvar con el físico de Alex de la Iglesia. Y yo pensé, bueno, Rubén, calma –me razoné yo mentalmente a mí mismo–, como sea que esta persona dice Alejandro Almodóvar –no me digan que no es el híbrido más interesante jamás descrito en nuestro país, después de Lina Morgan Freeman– y sé de buena tinta que esta persona se quiere referir a Amenábar pero esta persona es un poco ignorante –yo es que, o insulto mentalmente y conservo los amigos, o lo hago verbalmente y caigo en el ostracismo social; ustedes verán–, lo mismo está diciendo Alex de la Iglesia y se está queriendo referir a, no sé, que te diría yo, a Toñi la de Azúcar Moreno. Pues no. Añadió que sólo me faltaban las gafas de pasta para parecerme al carismático director donostiarra, y acto seguido enumeró algunos de los títulos de su filmografía. Intentando yo zafarme de la comparación por la que automáticamente paso a pesar ciento cincuenta kilos, le dije yo a esta persona que Alex de la Iglesia tiene más pelo que yo, momento que aprovechó esta persona para apuntar que en efecto y que, en esta línea de la alopecia prematura, ya que lo mencionas, si me rapase el pelo quizás me pareciera –yo– a Javier Cámara. Jódete y baila.
Y es que, lo crean o no, las peores comparaciones me las perpetraron en la remota época de mi vida en la que aún conservaba el piloso elemento; una compañera de mi clase del instituto me dijo una vez, así como quien no quiere la cosa, que por mor de mi peinado especialmente despeinado esa mañana, guardaba un parecido especial –yo– con Miguel Ángel Rodríguez, vocalista de Los Mojinos Escozíos, mundialmente conocido como ‘el Sevilla’. Tal fue mi indignación, fíjense lo que les digo, que es que directamente ni intenté zafarme ni nada, alegué no conocer ni a ese grupo de nombre tan poco sofisticado ni al caballero vocalista en cuestión, yo es que mira, le dije, me sacas de Tchaikovski y es que estoy pez, so zorra –esto último lo añadí mentalmente por esto que les decía antes del insulto mental y el ostracismo social–. Por esto hay gente que se lamenta por perder el cabello, pero una cosa les voy a decir, desde que yo lo pierdo he pasado de ser comparado con el cantante de los Mojinos Escozíos a serlo con Alex de la Iglesia, Javier Cámara y finalmente Ángel Martín –me siento tentado de incluir a Keanu Reeves, pero tanto me cuesta ya creerme el de Ángel Martín que vamos a dejarlo ahí–. La progresión, por lo menos, va mejorando.
Y claro, estarán conmigo en que algo falla en este país cuando una misma persona es comparada a la vez con Keanu Reeves y ‘el Sevilla’. Y no digamos ya si a esta misma persona la comparan a su vez también con Xena, la Princesa Guerrera. No hay ni criterio, ni canon, ni método; lo que hay, me parece a mí, son muchas ganas de medrar y afán de protagonismo. Eso es lo que hay. La comparación es un arte en el que impera el amateurismo y claro, así nos luce el pelo. Luego decimos que las comparaciones son odiosas. Es que no tendrían por qué, declaro yo, si no hubiera tanto hijo de puta suelto.
En fin. Como soy tonto, tengo una tendencia severa a consolarme cuando los males son de muchos, de modo que hoy quería yo ejercitar el feedback que debiera caracterizar a cualquier blog y pedirles a ustedes un ejercicio de revival de sus más profundas vergüenzas propias y ajenas y preguntarles, amados lectores, cuáles son las comparaciones más escarniosas a las que han sido sometidos. En tres categorías: La más amable –no importa que sea increíble: véase la de Keanu Reeves–, La más bizarra –véase Xena– y La más cabrona –en donde muy duro tendrán que pugnar para desplazar del puesto ganador a mi caballo ganador, ‘el Sevilla’–.
Espero sus reflexiones. Disfruten del miércoles.





Publicado por
El Señor de las Moscas



11 comentarios en el bote:
Lina Morgan Freeman...
Ha sido el momento jocoso del día. Jocoso con risa tontuela.
Me han comparado con pocas cosas, animales o plantas...la última con Lobezno (fílmico). Y nada más que me faltan las garras. Y un par de palmos. Y una carretilla de músculos...vamos, ya me entiende.
Amigo Incógnito de mis entretelas; lamento comunicarle que no poseo los derechos de explotación pública de la expresión 'Lina Morgan Freeman', esto es algo que negaré ante la SGAE y la bandera de estados unidos, si hiciera falta, pero a usted que es de confianza, le digo: no es mía.
Lobezno, como entendido en estas materias, es una comparación bastante airosa, oiga, no se queje.
pues fijese usted que aunque me joda en los útimos tiempos(tiempos en los que también mis pelos empiezan a brillar por su ausencia y lo que empieza a brillar es el "cartón" que hay debajo)me han comparado con Roberto Begnini ¡hay que joderse! e incluso algún cabrón bloguero con una ardilla de nombre indeterminado...y repito, ¡¡hay que joderse!! estas son las comparaciones "más cabrona" y "más bizarra" , en riguroso orden de aparición. La más amable espero que esté por llegar porque a este paso...
ÁNGEL
Amigo Ángel,
Qué agradable sorpresa ver que ha salido usted de las sombras. Concedo que hay que joderse con la comparación de Roberto Benigni, muy mala baba hay que tener.
En cuanto a la de la ardilla -y creo recordar que dije 'ardillita', no escatime usted en diminutivos-, me reafirmo hasta nuevo aviso. Si pensaba que iba a retractarme aquí en pública palestra, está muy equivocado.
Y hablando de la comparación amable; anteayer mismo, en este mismo blog, le comparé a usted con Rimbaud. Si cuando yo digo que usted no pilla los piropos, es por algo.
Mis comparaciones:
Enrique Iglesias, no sé que pensar sobre esto.
Keanu Reeves: puse la misma cara de sorpresa que tú, a lo mejor es que los 3 somos algo así como las 3 mellizas.
Pedro Almodóvar: cuando tenía el pelo entre Beatle y Almodóvar.
y con el último cantante de Eurovisión (Alexander Rybak o algo así), es una comparación que me gusta porque el chico me parece mono.
Y Xena era lesbiana, y a saber para que usaban ese palo-falo ella y Gabrielle.
Sir Di, para empezar, no sea usted ordinario. Sabrá usted, que es leído y bachiller, que el lesbianismo griego era esencialmente sáfico, muy idealizado y todo eso, déjese de cavilar con los palos y los falos. Además, las lesbianas odian los falos.
Si había algo más increíble que mi parecido con Keanu Reeves, es que a su vez usted, él y yo nos parezcamos entre nosotros. ¡¿Qué coño pasa con este hombre, qué se parece a todo el mundo, o qué?!
Enrique Iglesias y Almodóvar: bueno, me quedo con la primera por principios estéticos, que no intelectuales. Dado que yo me parezco a Amenabar y a De la Iglesia y usted a Almodovar, estoy pensando que podríamos fundar una Generación, así con mayúsculas, o escribir un manifiesto y firmarlo -yo firmo dos veces- o algo así.
Con el tal señor Rybak no tengo el gusto.
Al señor Ángel le recuerdo su parecido con la dicharachera presentadora Eva H.
En cuanto a mi me han dicho desde la hermana morena de T.AT.U., Frodo Bolson o superman( ese me encanta).
Un saludo
Pd: he de recordar el morreo del último episodio entre Xena y Gabriel, eso no era ni sáfico ni idealizado.
Amigo Luis;
No se meta usted con su hermano, éste es un blog donde observamos el protocolo, así que haga el favor de comportarse.
Le sobra metro y medio para ser Frodo, siento decirle. La de Supermán la veo más acertada, fíjese.
¿Hubo morreo al final? Ay Dios, si es que no me entero de nada.
Al habla la Princesa Consuela Banana, más conocida como Princesa Consuela a secas o incluso, en pasados remotos: Pajaro_loko, Vitigudino, Viti y, más extrañamente, Víctor.
Gracias a tu petición acerca de las comparaciones mas odiosas, creo recordar una cierta analogía con Gracita Morales, casualmente a raíz de un problema capilar, que cierto compañero de piso hizo un día, y dos, y tres.
Espero que te guste y que te haga olvidarte de Xena y el Sevilla. Los hay que estamos igual o pero.
Princesa Consuela Banana Hammock, dos puntos; su nick me parece el más fantástico jamás habido en blogosfera alguna. Mis más sinceras felicitaciones a Vd. y por extensión, a los guionistas de Frieds, esos genios cuya contribución a la fragua de occidente jamás será debidamente reconocida.
Y si, su comparación con Gracita Morales ha desbancado a mi caballo ganador, 'el Sevilla'. Siempre me pareció una comparación cabrona y genial a partes iguales. Felicitaciones diversas a Vd. y por extensión, a sus compañeros de piso, esos genios cuya contribución al fino arte comparativo jamás será debidamente retribuida.
Veo, por cierto, amiga Consuelo Banana, que se ha hecho usted seguidor(a) del blog: que Alá sea con vos, querido amigo. Espero tener ocasión de agradecérselo pronto invitándole a usted a unos refrescos.
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