... El porqué de una mosca encerrada en un bote: Sangre de gato

23 de agosto de 2009

Sangre de gato

23 de agosto de 2009
Esta mañana estaba yo tomándome un café en una terraza veraniega y leyéndome la entrevista que le han hecho a Paulo Coelho en el XL Semanal. A mí Paulo Coelho no me gusta como escritor pero sí como personaje de la intelectualidad contemporánea, en este aspecto le tengo bastante admiración porque va por la vida de escritor multimillonario yuppie y a mí me parece que ser un escritor multimillonario y yuppie es el no-va-más de la pose. Ya saben que a mí la pose es una cosa que me gusta mucho, como objeto de reflexión, y además me estoy documentando para construirme una pose propia, necesito influencias. Paulo Coelho se desgañita en la entrevista explicando que pese a ser un yuppie forrado y a calzar playeras Nike con el traje de Armani porque él los convencionalismos de la moda se los pasa por el arco de Trajano, también es un yuppie espiritual y místico y que lleva una chapa con la virgen del nosequé, que él, personalmente, es muy devoto de ella. Tomo un sorbo de café y leo la pregunta del periodista, que se conoce que era el clásico periodista tocacojones, que le dice que sí sí, Paulo, muy espiritual y muy de tu virgencita, pero ¿no es cierto acaso, Paulo Coelho, eh, que cuando eras joven mataste un día a tu gato para pintar las paredes con su sangre? Escupo el café. Y Paulo Coelho que dice que sí sí, completamente cierto, que le había explicado un brujo-chamánico-amazónico que era una manera estupenda de mantener a las parcas alejadas, y entre que él personalmente le tiene mucho respeto a los brujos chamánicos amazónicos y que en ese momento iba hasta el culo de sustancias prohibidas por la legislación vigente en Brasil en aquel momento histórico, le pareció que pintar su casa con sangre de gato era una manera fantástica de mantener alejadas a las parcas y a la postre de rebelarse ya no sólo contra la tiranía del imperio del amarillo pálido como opción para tu salón-comedor y otros infundados dogmas estéticos de la revista DecoGarden, si no contra la sociedad entera y contra todo el Sistema en sí mismo. Así, como abstracción. Y añade que es que los jóvenes tienen que experimentar este tipo de cosas, si no ni se es joven ni se es nada.

Yo no acabo de ver la necesidad de matar gatos para manifestar uno su rebeldía contra el sistema –siendo pulcros, tampoco le encuentro gran necesidad a la rebeldía–, pero si lo dice Paulo, será. Ahora, que conmigo no cuente. Preferiría matar antes a una persona que a un gato. Sólo espero que no lo recomiende en alguno de sus abundantes libros de autoayuda. Matar gatos, digo. No personas. Aunque, ahora que lo pienso, pueda constituir una gran autoayuda. Matar personas, digo ahora. No gatos. No creo que matar gatos autoayude de nada a nadie, fuera de yuppies multimillonarios místicos y de algunas personas de algunos pueblos de Cantabria, y no quiero dar nombres.
A lo que voy: les contaba yo el otro día que mi padre tiene grandes inquietudes ornitológicas, y les cuento yo hoy que por esto mismo ha instalado un genuino comedero de pájaros en nuestro genuino jardín. El artefacto funciona que no veas y todas las mañanas vienen bandadas de genuinos gorriones procedentes de toda la geografía cántabra a desayunar genuinas migas de pan del comedero.
Sería una estampa bucólica de no ser porque en mi familia albergamos inquietudes ornitológicas pero también albergamos un gato, y el gato también alberga inquietudes ornitológicas, pero de otro tipo. A mi padre esto le da igual porque dice que lo mejor es que la naturaleza siga su curso, y que si el gorrión se deja cazar, ah, culpa suya, haber estado más atento. El resto de los integrantes de la familia tenemos corazón, así que practicamos el intervencionismo y todas las mañanas acabamos corriendo por el jardín para quitarle al gato el gorrión que ha cazado. Al principio el gato se enfadaba, nos bufaba y luego se pasaba el resto de la mañana enfadadísimo y mirándonos como diciendo cazaos vuestros propios gorriones, no te jode. Sin embargo, ahora se ha aprendido que en el momento en el que aparece con un gorrión en la boca, los integrantes de esta familia escupen el café y se lanzan a por él profiriendo alaridos, algo que debe encontrar altamente lúdico, si no, no me lo explico. Y además luego le ceban a wiskas para que no tenga hambre y no se dedique a matar gorrioncillos indefensos. Todo ventajas, no me digan. Ahora lo que hace es: salir al jardín, cazar un gorrión pero sin matarlo, y asomarse a la ventana con él en la boca, consciente de que saldremos gritándole suelta eso, gato cabrón, tirando las sillas volcando mesas y atropellándonos los unos a los otros. En ese momento se sitúa en medio del jardín, nos mira, le miramos, corre de un lado a otro con el gorrión en la boca y si no conseguimos quitárselo, acaba soltándolo por sí solo. Y luego, mientras nosotros resollamos exhaustos con los cachos de croissants campurrianas aún atragantados en el garjuelo y diciendo puto gato, bicho cabrón, la madre que le parió y cosas peores, y el gorrión vuela libre por los cielos de Cantabria a tanta velocidad le den las alas, él entra tranquilamente a la cocina y se sienta delante de la nevera como diciendo: el wiskas. Que no tenemos toda la mañana. Esta es la dinámica de grupo que se repite día si día también en el hogar de los Díaz Caviedes porque los Díaz Caviedes somos esclavos de nuestro propio gato. Es triste, pero es así.
Mi gato, lo que necesita para quitarse estas costumbres extravagantes que ha adquirido sin que sepamos dónde las ha aprendido, es compañía. No humana, que ya tiene bastante. Felina. Siempre me quedé con ganas de haberle presentado a Zeus, un gato que tuve en mi casa de Madrid durante una temporada. Zeus –no me invento el nombre, el gato se llamaba Zeus como que yo me llamo Rubén– llegó a mi casa porque una amiga de mi compañero de piso nos lo dejó una temporada, mientras ellas hacía la mudanza de su casa. De poco sirvió que yo le dijera a mi compañero de piso que ah no, lo que me faltaba, aquí bichos no me metas ninguno, que luego se va meando por las esquinas y soltando pelo, primero un italiano, luego un gato, qué va a ser lo siguiente. Digo que sirvió de poco porque a los dos minutos de entrar Zeus por la puerta ya estaba yo persiguiéndole por toda la casa para cogerle en brazos y demostrarle mi amor incondicional y para darle de comer el Wiskas Plus Excel Forte que le había comprado expresamente.
Me gustaba Zeus porque era medio siamés medio persa, de brillante pelo color perla y enormes ojos azules. El gato más bonito que he visto nunca. Un gato de libro de gatos. Un gato que daban ganas de darle besos de ventosa. Un gato que te miraba y te daban ganas de ponerle un bebé al lado y liarte a hacerles fotos, como Anne Geedes. Sin embargo, por el mismo principio de la naturaleza que afecta igualmente a la especie humana, les diré que los gatos especialmente bellos parecen ser inexorablemente tontos del culo. Zeus batía marcas en ambos sentidos. El culmen de las costumbres bizarras que adquirió en mi casa lo constituyó un día que me lo encontré metido en un cajón. Un cajón de mi armario. Un cajón cerrado. Cómo Zeus había entrado en el cajón y conseguido cerrarlo consigo mismo dentro es aún un misterio no resuelto por la ciencia. Y cómo yo mismo no morí de infarto fulminante aquel día que abrí el cajón de mi armario y me saltó a la cara un gato bufándome también constituye un misterio no menos enigmático. Claro que, cuando me estaba recuperando de la arritmia y sopesando las posibles explicaciones racionales del fenómeno –empeño que abandoné cuando me di cuenta que el poltergeist constituía, a todas luces, la explicación más científica–, Zeus se me acercó en plan reconciliador porque los gatos son así, primero te bufan y luego te quieren con locura, son de un inestable emocional que quita el hipo. Y yo también le perdoné porque los gatos están sujetos a la ley zoológica universal de que a más guapos son más lerdos, pero en el fondo yo también estoy sujeto a la ley también zoológica y también universal que reza que a los guapos acabas perdonándoles todo.
Siempre quise juntar a mi gato y al gato Zeus porque mi gato, tengo la sospecha, es un gato homosexual perdido. Nunca se lo he preguntado, porque está feo preguntar esas cosas, pero es un gato afeminado. Cierto que todos los gatos son amanerados, no hay más que ver cómo se mueven. Pero el mío lo es más. Créanme. Deberían verle cómo les pone el culo en pompa a los demás gatos que pasan delante de mi puerta. Eleva el espinazo, sube el rabo y les mira como diciendo, qué pasa. A mí, particularmente, se me cae la cara de vergüenza. Pero qué ordinario eres, le digo cuando entra en casa. Y que maleducado. Y él me mira como diciendo a mí me dejas en paz, que mi cuerpo es mío. Porque los gatos son todos unos invertidos y unos afeminados, pero también son muy independientes, las cosas como son, y muy desinhibidos, pasan de qué dirán que ya quisiera Ortega Cano.
También quise juntar a mi gato con el gato de mi compañero de piso, que es un ruso azul y a mí los rusos azules me dan especial funfún. No por lo ruso, que me da igual, si no por lo azul, no me digan que no mola tener un gato azul. Pero por lo visto el ruso azul de mi compañero de piso es ruso y es azul pero también es el clásico gato ruso azul pachorra, el clásico gato con costumbres de cojín y sin más inquietudes intelectuales que mimetizarse con los restantes elementos del sofá y pasarse el día durmiendo.
Ahora tengo mis esperanzas puestas en Arturo, un gato de reciente adquisición de unos amigos. De momento es un gato infantil muy pequeño, pero conociendo la atmósfera que se respira en casa de estos amigos y sabiendo que todo se pega menos la hermosura, con suerte será un gato muy homosexual. Esto no va con Chino porque, no nos llevemos a engaño, a un verdadero afeminado lo que verdaderamente le gusta es el tema macarra. A Chino los que le gustan son los gatos callejeros y bien machotes que hay por mi barrio, que a la mínima que te descuidas acaba yéndose por ahí pidiendo guerra y más contento que unas pascuas. Y cada día con uno diferente, oye, no le hace ascos a ninguno, el tío, que cuando vuelve a casa por la mañana todo despeinado y hecho unos zorros yo le digo anda que, a saber qué has estado haciendo, putardo, que eso es lo que eres, la vergüenza de esta familia. Tengo mis esperanzas puestas en que Arturo me lo enderece un poco, porque a mí esta relajación de costumbres no me gusta un pelo.

13 comentarios en el bote:

PRINCESA CONSUELA BANANA dijo...

Resulta tan triste que los gatos de los que te rodeas tengan una vida social más interesante que la mía... Creo que deberías presentarme a Arturo o a Chino o al ruso azul ese... a lo mejor me podrían dar unos consejos sobre cómo socializar y, sobre todo, sobre cómo cazar, ya sean gorriones o palomos cojos, lo mismo me da que me da lo mismo.

El Señor de las Moscas dijo...

Jajajajaajaja. Ay, Princesa Consuela Banana Hammock... Pues yo te los presento, y ya tú te soluciones el problema comunicativo con ellos...

S. dijo...

coño con los gatos.
A mi no me gustan los gatos es más tengo alergia a sus pelos,así que no me extrañaría que Paulo lo haya matado,son muy traicioneros.
Yo personalmente no soy capaz de matar ni a una mosca,ni a una hormiga,todo me da pena,soy asi de tonta o llamame sensiblona.
La verdad y por otro lado,siempre he querido tener un gato para llamarlo Whisky o güiski que queda más chulo.
En fin,ten cuidado con esas historias gatales y con el pipi que dejan los gatos,que huele tela marinera y atrae a otros gatos.
Por cierto en tu tierra se come estupendamente,lo malo es que llueve así como un poco no?jajaja se está de agusto...

El Señor de las Moscas dijo...

Amiga S.:
Wecolme back.

Si, llueve mucho. Para qué decirle otra cosa.

No odie usted a los gatos, no son traicioneros, sólo que hacen lo que les da la gana, pero también Madonna hace lo que le da la gana y no la llamamos traicionera, ¿verdad?

estodevivir dijo...

Me he partido de la risa con tu post, sin querer, yo también escribí uno de gatos hace un par de días.. pero es que este tuyo está tan simpático... con tu permiso te enlazo, que me encanta como escribes...

El Señor de las Moscas dijo...

Estodevivir; Muchas gracias, ahora mismito nos pasamos por su chiringuito. Y sí, enlace usted, por Dios, por enlazar que no quede.

rosasamisdedoscrecen dijo...

pues a mi me encanta el bribon de tu gato,puto y callejero y ademas dudo mucho que arturito lo enderece, quizas el tipo tiene pura sangre azul-verdosa, jajaja, mirale, esos denomenos existen

loquemeahorro dijo...

De verdad hizo eso el Pablo C. este??? Pues entonces seré breve porque tengo que ir a matarle, para protegerme del Oráculo y del Dengue.

Yo también tengo gato, en concreto ahora tengo gata, pero ella es bella e inteligente.

Bueno, eso me creo yo, lo de inteligente, pero como nunca ha dicho "las parejas de hoy en día no aguantan nada", pues ya tiene un punto a su favor, no?

Hacéis bien en proteger los pájaros de tu gato, no solo por razones altruístas, también egoístas, porque al final los cadáveres te los traen a casa muy contentos.
Y eso de que te dejen un pájaro muerto de buena mañana, y es una de las experiencias más asquerosas de este mundo (después de lo de la cabeza de caballo)

El Señor de las Moscas dijo...

Amiga Rosasamisdedoscrecen; gracias. Yo también lo dudo, pero de ilusiones también se vive. He mantenido conversaciones con el padrino y a la par guía espiritual de Arturito, quién asegura que es un gato muy macho y que no sabe porqué pongo en duda su hombría.

Amiga Loquemeahorro: como lo oye. Es que, lo que yo digo, Paulo C. se pasa a veces de la raya. Enhorabuna si su gata es bella e inteligente; otra buena manera de saberlo es si la minina en cuestión se apoltrona en el sofá a ver 'La Ruleta de la Suerte'. Si lo hace, no presuma usted tanto de gata, anda, que es más bien rasa. Y cadáveres de pájaro, créame, es lo menos asqueroso que ha traído ha casa ese gato del Demoño: no me haga entrar en detalles.

bibliobulimica dijo...

Ya veía yo en la pantalla de mi mente a la familia Díaz Caveides corriendo tras el gato para quitarle al gorrioncillo. Usted también podría, como loquemeahorro, escribir seriales de televisión con este minino como protagonista.

Paulo C. ¡quien lo viera pintando sus paredes con sangre de gato! pero ¿y no preguntó el periodista porqué lo andaban siguiendo las parcas? digo...eso le habría preguntado yo a continuación...

Saludos,
Ale.

El Señor de las Moscas dijo...

Amiga Bibliobulímica; pues no se crea que no lo he pensado. Y utilizar un gato disecado con un hilo en la boca, como el perro del Un Dos Tres. Pensamos en su sugerencia con gran interés y le prometemos su parte como ideóloga original en caso de perpetrar la serie -que tengo a la SGAE pisándome los talones-.

Salamandra dijo...

Hola, soy la fan nomberguán
Es que, como buena amante de los gatos, no me he resistido a volver a leer las aventuras de Chino.

Estoy llorando.

Lo leeré 27 veces y lloraré en todas.

Eres GRANDE nene!!!!!!!!

mandarina dijo...

Genial el post, hacía días que no me reía tanto. Las cabras son muy buenas pero con el gato ya me parto, porque me recuerda mi pequeño asesino en serie. Cuando juega a pillar y soltar el bicho antes de matarlo definitivamente me meto yo en medio con la escoba o cualquier cosa que pille intentando ayudar a la víctima (sin mucha suerte).
Todavía no he conseguido chantajearle... en ese momento, no hay ni wiskhas premium ni jamón de jabugo que valgan.

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