Hoy, segunda parte de Apología de la Biodiversidad II. Nos hemos sentido muy tentados a abandonar la égloga a la vista de los masivos picos de audiencia registrados por nuestra entrega de ayer; cero lectores, oiga, cero que nos hemos marcado en veinticuatro horas, nuestro más absoluto récord. Pero la égloga resulta estar ya escrita o casi, de modo que aquí resistimos el envite con estoicismo y persistimos con su segunda entrega, la de hoy, nudo o desarrollo del meollo dramático. Y mañana, el desenlace. La persistencia es la clave del éxito. Y si Juan Manuel de la Prada no tiene miedo a dar el coñazo, nosotros tampoco.
Estábamos en ese momento siempre duro en la vida de un hombre, un hombre no especialmente preparado para la guerra, en la que se ve en la obligación de urdir el asesinato de una araña muy gorda.
Estábamos en ese momento siempre duro en la vida de un hombre, un hombre no especialmente preparado para la guerra, en la que se ve en la obligación de urdir el asesinato de una araña muy gorda.
Y es que, ¿cómo acaba uno con una araña cuando esa araña es muy gorda? ¿Una araña que tiene las dimensiones de una bombona de camping-gas y el peso también de una bombona de camping-gas cuando la bombona de camping-gas va por la mitad y que además, a juzgar por su ambivalencia y su éxito en todo lo que se propone, que es que es una araña que fascina a algunos seres humanos con la perfección de su tela y la eficiencia de su sistema alimenticio, una araña que es por lo visto una araña superdotada que tiene una vida intelectual interior que ni Leonardo Da Vinci, vamos, la araña politécnica, que parece la araña del Renacimiento, en resumen? No es una pregunta sencilla. Me devano los sesos intentando urdir una estratagema para acabar con ella, consciente de que es muy posible que en estos momentos ella esté haciendo lo mismo para acabar conmigo.
Antes de que me lo digan, que les estoy viendo venir, pandilla de listos, antes de que me lo digan ustedes se lo digo yo: no pienso pisarla. Me da igual cómo se pongan. Yo no piso arañas porque las arañas, cuando las pisas, suenan. ‘Crac’, suena. Y eso en el mejor de los casos. En casos de arañas pequeñitas. En casos de arañas más gordas, arañas de éstas que hay por ahí, arañas hijas de puta que tienen el abdomen que parecen Falete pero en araña, en esos casos de araña gorda, les anuncio, no es que suene ‘crac’. Que va. Ojalá sonase ‘crac’. Suena ‘cracjgl’, que es peor. Es como ‘crac’ pero en superlativo. En superlativo y con tripas. Tripas de araña. Que no se a ustedes, pero a mí me dan un asco que me muero. Y no me quiero ni imaginar lo que suena cuando matas a una araña del pelo de la que nos ocupa. Cuarto y mitad de araña. La arañérrima. No me lo quiero ni imaginar, les digo, pero desde ya les aproximo que tiene que tener un sonido parecido al de pisar un petituis sin quitarle la tapa. Y me conozco. No podría. O podría, pero no debería. El sonido de petisuis chafado se me incrustaría en el cerebro y me retumbaría en la cabeza durante meses, me obsesionaría y acabaría despertándome por las noches entre pesadillas, con la frente perlada de sudor, mientras el cracjgl resuena en mi cabeza con efecto rever. Cracjgl-gl-gl… Para evitarlo tendría que ir a pisar a la araña con el MP3 puesto. Y a lo que ya sí que me niego en redondo es a hacer semejante ridículo, vamos, no sólo ante mí mismo, y eso que me tengo perdido ya el respeto; también ante la araña.
Otra solución convencional sería fulminarla con un genuino producto mata-arañas o aracnicida. El problema es que en mi casa no hay ningún bote de ningún producto que acabe en ‘icida’ porque lo que les digo, amamos la vida. Y lo que sí que no voy a hacer es lo que hace un amigo que tengo y que firma en este blog con el nombre de ‘Princesa Consuela Banana’, para mas señas, y que desde aquí le mando un saludo, hola, Víctor, mira lo bien que hablo de ti por ahí, tienes que estar súper contento. El método consiste en que no se compra nunca el aracnicida porque le da pereza bajar al Mercadona y luego acaba matando siempre sus bichos soltándoles encima medio frasco de Le Male, de Jean Paul Gaultier. Y no porque les estampe encima el frasco, sugerencia que le hice una vez pero que dijo que no porque asegura que no le gustaría customizar su bote de Le Male adheriendo una araña chafada a sus superficie. Que es un bote de diseño, me espetó. Él los mata con el Le Male propiamente, el Le Male en su sustancia. Con el perfume en sí, vamos. Arrincona al bicho en una esquina y le sulfata la fragancia encima enfurecidamente, fus fus fus, hasta que el bicho se muere, no sabemos si por las propiedades tóxicas del perfume en cuestión, por el efecto éxtasis-oloroso o directamente de vergüenza ajena. Pero se muere, asegura mi amigo muy orgulloso por su propia técnica. Y por lo menos deja un bonito cadáver, apunto yo, un cadáver que no huele a muerto: huele a Jean Paul Gaultier. Que es el no-va-más del estupendismo, no me digas que no.
Aún así, no estoy dispuesto a aplicarle este protocolo a mi araña-perro. Para empezar, porque lo mismo que en mi casa no hay botes de cosas acabadas en ‘icida’ tampoco hay nada que acabe ‘Gaultier’. Y segundo, porque no estoy dispuesto a sulfatarle a la amiga mi medio bote de Acqua de Gio, vamos, no jodas, sesenta lebros que cuesta el bote, y eso que me lo compro en el duty-free, no estoy yo racionándomelo gota a gota para luego dedicarme a perfumar arañas con él. Y además, me conozco, acabaría asociando su olor con el momento-aracnicidio, para estas cosas soy peor que el perro de Pavlov, y luego cada vez que me lo echase me vendrían ráfagas mentales con la imagen de la araña pataleando bajo el furor de mi mortal colonia. Que no hombre que no.
En un arranque de no intervencionismo he pensado en dejar que la naturaleza siga su curso. Les contaba ayer que mi casa está empezando a perecer un zoo hasta extremos de que cualquier día entraré en el salón y me encontraré un ciervo comiéndose un cojín, o una gacela de Thompson o un gorila albino y me parecerá tan normal. Mi esperanza siempre ha sido que los animales que integran el claro de selva tropical africana que es mi casa hagan lo propio de los animales, estos es, comerse los unos a los otros, y que mediante esta sencilla técnica al final los seres humanos acabaríamos de forma natural siendo el subgrupo mamífero dominante en mi casa. El problema es que la cadena trófica de mi casa empieza en mi gato, que como ya les he contado también en otras ocasiones, es un gato amariconado y desconectado de su dimensión salvaje que la única comida que cazaría sería los botes de wiskas si los botes de wiskas se movieran y vivieran madrigueras. Y ni aún así las tengo todas conmigo.
Esto se debe a que, me explico, mi gato es un gato que como le hemos metido en casa ratones, pájaros, cobayas, peces, en resumen, animales todos por debajo de él en la cadena alimenticia, hemos tenido que enseñarle a que no se coma todo lo que se mueve. Cuando llegaron los ratones se pasó un fin de semana entero sentado delante de la jaula como diciendo no, si en algún momento tendréis que salir y yo tengo toda la tarde, vosotros veréis. Pero a fuerza de perseguirle e insultarle –no creemos en la violencia más allá la verbal, y así nos va– hemos conseguido que no intente cazar, con notable éxito. Así que no yo no confiaba mucho en que tras años y años de pedagogía antibelicista fuera a darle por cazar a la araña por inspiración propia, vamos, le hemos lavado el cerebro con demasiado ahínco.
Cogí al gato en brazos y lo llevé frente a la araña, que estaba tomando el sol en su tela como diciendo, a mi plin, yo duermo en Pikolín. Puse al gato muy cerca de la araña y le dije:
–¡Ataca, Chino!
Y Chino, nada. Miró a la araña, me miró a mí, volvió a mirar a la araña y finalmente a mí con una mirada que parecía decir amos no jodas. Luego se dedicó a mirar para todos lados con evidente desinterés y escurriéndose como se escurren los gatos cuando les coges por debajo de las patas delanteras. Qué mierda de animal, de verdad.
–¡Chino, que ataca, te digo! –le repito, acercándole más a la araña–.
La araña, se conoce que sintiéndose intimidada por la presencia tan cercana de dos grandes mamíferos a cada cual más gilipollas, elevó dos de sus patas hacia nosotros como diciendo cuidado conmigo, que estoy muy loca. Chino, se conoce que sintiéndose intimidado por aquellos dos brazos amenazantes y peludos, empezó a patalear en el aire y a recular como diciendo ay Dios, maricón el último.
–¡Chino, vamos, no me jodas, que es una mierda de araña! –le grito, acercándole más–.
Pero la araña, envalentonada porque nos estábamos acojonando ambos, gato y ser humano, elevó dos patas más y empezó a moverlas de modo claramente intimidatorio, y yo no tuve más remedio que recular también y soltar al gato. Lo hice porque siempre que estoy tan cerca de una araña me da miedo que me escupa uno de sus ácidos disolventes en un ojo y después intente comerme clavándome una pajita. Disolverme no creo que me disuelva, ahora que si me escupe, yo les juro que me desmayo de la impresión y allí me quedo a su merced o a la de otras bestias salvajes. Miedos subconscientes, flagrante cobardía, gilipollez profunda, llámenlo como quieran. El caso es que me fui de allí corriendo.
Mañana, giro inesperado de los acontecimientos y final de la égloga pastoril. ¿Conseguiremos acabar consu perniciosa existencia? ¿Conseguirá ella acabar con la nuestra? ¿Conseguiremos nosotros acabar con nuestro crédito social contándoles ridículos aún más hondos que los de hoy? ¿Se desnudará la araña por exigencias del guión para remontar el share? ¿Lo haremos nosotros? Sólo por tiempo ilimitado en El porqué de una mosca.





Publicado por
El Señor de las Moscas



12 comentarios en el bote:
Bufff, qué ascazo... yo no podría ni acercarle el gato a semejante bicharraco. Además las muy perras resisten que no veas los "-icidas", no vale con un pequeño "flus-flus", tienes que pegarte un cuarto de hora sulfatando y con ésta habría que usar una bomba H.
Yo optaría por tirarle un piano encima desde el piso de arriba.
Lako dijo:
Uy, uy uy, Conde, ya sabéis de mi aragnobia congénita. Conozco perfectamente esa sensación del cracgggg, me muero del asco sólo de pensarlo. Yo os animaría a echarle " laka" que aunque no acabe en -icida, os aseguro la parálisis de las ocho patas en menos de 30 segundos y una vez paralizada, podéis hacer con ella lo que queráis: meterla en el bote junto con la mosca, por ejemplo. Claro que si es muy gorda, igual laka no es suficiente, siempre poéis riciarle con vim amoniacloro de lo de limpair el wáter o desodorante de flis flis detulipán negro que deja como eflufios irrespirables. O tirarle un pedo corrosivo muy de cerca, hay pedos muy asesinos. Espero como agua en mayo la tercera parte. besos
JAjajajaj, buenísimo.
Esperamos el desenlace.
Por mi casa merodea una gata tuerta que se come la comida de mis perros; y a este paso cualquier día duerme en mi cama, la muy hija de puta.
Che che che, que conste que yo me entero ahora de que tenemos un arañote en casa. Y preferiría no haberme enterado.
César.
Espero el desenlace con impaciencia, aunque, si se me permite una sugerencia, yo creo que el bote de Kh-7 de loquemeahorro, podría tener un efecto nocivo en la araña, digamos, tan nocivo que la mate y si no, como es un limpiador, igual queda tan reluciente que hace a la familia entera orgullosa de tener animal tan limpio en el jardín.. no sé, ideas mías..
También me he leído la primera parte pero comento aquí:
Qué mal lo estoy pasando,lo del petitsuise aplastado no sé si conseguiré superarlo alguna vez en la vida.
Francamente, veo más factible que mi gata se ponga a hacer derivadas e integrales a que ataque a una araña gigante, sobre todo porque yo se lo diga.
Oye ¿y el autillo? ¿no se comen esos bichejos repugnantes, perdón, renacentistas bichejos repugnantes?
Espera que no me había leído el comentario de EstoDeVivir!
Sí, lo de Kh-7 me parece genial, ahora que soy su máxima defensora en la red, no solo puede
a) cargársela
b) dejarla muy limpia
como sugiere ella, sino que yo añadiría
c) que la araña se ponga a limpiar como una loca y sus deje los azulejos de toda la casa como los chorros del oro.
jajajjaja
termina me gustan las arañas...
Ante la falta de respuesta y actualización del Señor de las Moscas, intuyo que ha perdido la batalla contra la araña... ¡si es que las arañas son depredadoras naturales de las moscas!
Lo dicho, ¿será que habrá caído en las redes de la araña? ¿Tendremos que acudir, KH-7 en mano a salvar a la mosca encerrada en las redes de la maligna y monstruosa araña?
Vean el próximo capítulo...
LA MOSCA CONTRAATACA..
Jo, es verdad, creo que tenéis razón, meterse con una araña, siendo parte del colectivo mosquil, no era buena idea, aunque fuera el jefe de todas ellas.
Ahora me estoy imaginando la horrible imagen esa final de "La Mosca" (versión original), atrapada en la tela de araña y pidiendo socorro con una vocecita horrible... aaaaggg
Lo dicho: que bueno que no llegué y me quedé en suspenso...hoy leí que comentó en el blog de loque así que se que
* o la araña lo atrapó, pero él está ya comentando en el mundo blogeril(no se si ileso)
* la araña ya es historia....
yo aquí diciendo tonteras, cuando lo que debo hacer es ir corriendo a leer la siguiente entrada....
allá voy....
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