... El porqué de una mosca encerrada en un bote: Crítica a Molina Foix (o Mierda pa él)

22 de septiembre de 2009

Crítica a Molina Foix (o Mierda pa él)

22 de septiembre de 2009
Una actualización dedicada a Javier Marías, que hace poco escribió un artículo diciendo que los blogs son ‘una inmensa taberna’. Va por usted, maestro.
He leído vía Facebook un artículo de grande enjundia intelectual perpetrado por Vicente Molina Foix hace unos días en Tiempo, en el que se critica la existencia del cómic con ahínco, fruición y dos cojones. El responsable de su publicación en Facebook y de la primera echada de manos a la cabeza es Matías, que es de lo más interesante que uno puede encontrarse entre sus contactos de red social y además me compadrea apuntes en el centro universitario en donde cumplo condena. Si ustedes no tienen a Matías en el Facebook, pues ah, se siente.

Pueden leer el artículo en riguroso diferido pinchando aquí. Se lo recomiendo; es breve, conciso y garantiza los espumarajos por la boca. Muy purgante. Me disculpen, porque aún no disponemos de la versión HTML y es un escaneo del original en papel, gajes de la rabiosa actualidad.
Analicemos la mandanga sin dejarnos llevar por las bajas pasiones. ¿Por qué Vicente Molina Foix, un señor muy leído y con mucho mundo, licenciado en Historia del Arte para más pelusa, se nos descubre ahora en su verdadera esencia con este acceso de troglodismo intelectual? ¿Por qué llama a los autores de cómics ‘dibujantes de monigotes’? ¿Porqué dice del tebeo que es ‘un placer primario’ de ‘escaso aprovechamiento’, ‘un entretenimiento no sé si para menores, pero desde luego muy menor’? ¿Por qué habla del cómic y el tebeo como si fueran la misma cosa? ¿Por qué compara el manga con Mortadelo y Filemón? Y lo que resulta más inquietante viniendo de un señor experto en Historia del Arte; ¿por qué da por sentado que el cómic y el cine de animación son la misma cosa? Vamos a ver, ¿qué especie de razonamiento gilipollas es éste? ¿Es una propuesta intelectual, acaso? ¿Responde a una taxonomía premeditada? ¿Rasa ignorancia? ¿Chocheo? Pregunto yo, vamos, pregunto brazos al cielo sin más intención inquisitiva que la retórica, porque, les comento: con la fina maestría con la que los hijos de la ESO hacemos un análisis de texto he emprendido el mío particular sobre esta perla y oigan, por más que busco, no encuentro razonamiento implícito más allá del siempre recurrido esto es así porque si.
No me resulta fácil aventurar teorías porque, si ya resulta complicado lidiar con quien exhibe su ignorancia con impudicia, no les quiero ni contar con los de este género, que tan alegremente confunden culo con témporas y trasuntan la ignorancia en pensamiento intelectual profundo y oigan, se quedan tan anchos. Los de este género tienen la idea ya no de que sus pensamientos no son sólo un dechado de fundamento; es que sus pensamientos son canon, directamente. Créanme, los tengo muy calados. Tras seis años en la facultad que ayer les mencionaba, es que los veo venir. Los huelo. Los intuyo.
No es fácil aventurar visto el percal, como les comentaba. Pero yo aventuro. Será por aventurar.
Aventuro que esto me huele a lo de siempre. El detalle de Up –la película de Pixar a la que llama ‘chorrada de plastilina’– resulta esclarecedor. Y más viniendo de este señor, que en su dilatado haber intelectual cuenta con alguna película –películas que son adaptaciones de cuentos de su propia autoría; ya ven que no le hace falta salir de su minimundo–. Me suena a lo de toda la vida. A que si en la novela los personajes no llevan enaguas, entonces es una novela mala. A que si la película no va sobre las miserias de la posguerra española, entonces es una mierda de película. Me suena al pensamiento centrípeto tan incrustadamente característico de su generación. Al es que yo, en mi infinita sapiencia. Al hay que ver lo chungo que era Franco, pero resulta que cuando me da por emitir juicios, soy peor que él. Al qué buena que es mi película que no la ve ni Perry y tiene un guión que parece una broma, de mear y no echar gota, pero como habla de la tragedia de la inmigración, ya es una película buena, buenísima, buena de cojones, y me la tiene que pagar la Conserjería de Cultura porque lo contrario es venderse, vamos, escuela americana, puro Hollywood, yankismo del malo. Al qué buena es mi novela, que novelón que he escrito, oiga, ambientada en Salamanca a finales del treinta y nueve, original que no veas, y qué descripciones que hago de objetos inanimados, trepidante, el ritmo que imprimen mis descripciones es trepidante, te cagas, eso sí, en la novela ‘llamada nueva’ –cito textualmente– se cultiva el ‘infantilismo expresivo’, y fíjese usted que dudo incluso de llamarla ‘nueva’ porque está por ver que haya vida intelectual más allá de mí. O de yo, si usted prefiere. Yo prefiere decir yo.
En fin. Hace tiempo acudí a una alocución que pasará a los anales –con una sola ene– en la que se dijo, entre otras grandes conclusiones brillantes dignas de cincelarlas en mármol, que García Márquez era mal escritor. Cosa que se le perdona a un perturbado que vaya por la calle hablando sólo, por ejemplo, o a un alcohólico que a las tres de la mañana decida anunciar en pleno delirium y por el balcón de su casa los juicios que le merece el realismo mágico sudamericano. Pero no a Alejandro Gándara, ganador del Premio Nacional de Literatura y no me pregunten por qué, y responsable, oh sorpresa, de la alocución y de todas las alocuciones del curso de seis meses durante el que tuve que escuchar ésta y otras reflexiones dignas de echar la pota allí mismo. Algunas, por cierto, centradas en mi persona. Quiero decir que entre esto, los seis años en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, la vez aquella que tuve que oír de boca de otra vaca sagrada del pensamiento profundo que David Bowie era mal músico y aún me tiemblan las piernas, y en síntesis, la naturalidad con la que el tradicional intelectual español se lanza a proferir gilipolleces, pues tampoco esto me pilla de sorpresa. Me voy haciendo callo.
Tengo por principio –iba a decir irrenunciable, pero mejor no– no hablar, mucho menos escribir, sobre gente empeñada en reivindicar su propia guaycidad –toma infantilismo expresivo, toma neologismo, ¡chúpate esa mandarina!– a costa de ponerse en evidencia de forma tan evidente. Particularmente pienso, poniéndonos un poco obvios para ir cerrando la transmisión, que cualquier película de Pixar, hasta el más olvidado corto de la más remota época de Pixar, es mejor que la mejor de las películas de Vicente Molina Foix, llámense películas, llámense españoladas de las gordas. Que cualquier libro de los que este señor a buen seguro encuadraría dentro del cacareado infantilismo expresivo literario –aquí aventuro, por ejemplo, a Agustín Fernández Mallo, a Ray Loriga, a Espido Freire o a Lucía Etxebarría, audaz que es uno en su aventurar– tienen más que decir del mundo en el que vivimos que lo que tenga que decir Molina Foix, teniendo en cuenta que los citados autores me repatean todos el hígado, literariamente hablando, pero que por lo menos son jóvenes, y que eso es un valor le joda a quien le joda. Y por meternos en la cuestión del cómic y enharinarnos definitivamente en la evidencia, pienso yo, sólo lo pienso, que hay en Mafalda silencios enmascarados en puntos suspensivos que aportan más a la historia del Arte que la obra poética completa, llámese obra, llámese poética, de muchos y muy respetados vendemierdas; que vale más Forges tirándose pedos que Molina Foix emitiendo juicios; que encontrarán en Superlópez, en Tintín o en Astérix más cultivo artístico y mandanga estética que lo que a buen seguro este señor considera Arte en términos puristas y por ende, Mayúsculos; en resumen, que no veo la necesidad, sinceramente es que no la veo, de dar razones de porqué relegar a Alan Moore, a Frank Miller o a Stan Lee a la condición de meros ‘dibujantes de monigotes’es una necedad, una sinvergonzonería y una gilipollez sencillamente atroz tanto si lo evaluamos en términos de proporción como de mala baba.
En fin. Reivindicaciones que hace uno. Tampoco hace falta que las compartan. Es que nos mentan al arte y se nos llena la boca, somos así de horteras. De todos modos, lean menos artículos y disfruten más del comic. Y ya no hace falta que vayan por la sombra, que parece que refresca. Tengan feliz miércoles. Y feliz otoño.

7 comentarios en el bote:

Dianarrrrr dijo...

SÍ SEÑOR.

El Señor de las Moscas dijo...

Fe de erratas: Alejandro Gándara no ganó el Premio Nacional de nada: es el Premio Nadal.

S. dijo...

superlopez,tintin,asterix,el capitan trueno,mortadelo...
dí que sí buena reivindicación

sangreybesos dijo...

Ayomaquesemellevanlosdemonios!!!
¿Cómo cojones puede opinar Molina Foix de algo que no conoce? ¿Acaso ha leido a Spiegelman? ¿A Clowes? ¿A Trondheim? ¿A Tezuka? ¿O a Morrison, joder?
¿Conoce este hombre el cómic más allá de (los más que respetables) Mortadelo, Astérix y Tintín y de ese manga del que no sabe dar ningún título?
Andaporaiacagaralavía, Vicente (que diría uno que sí que entiende...)

Luc dijo...

Señores:
Ole

Anónimo dijo...

Pues yo me apunto a adivina adivinanza, y aventuro que detrás de tanta mala baba y pedantería -que de retranca nada- late algo mucho más secreto: la frustración de Molina Foix como dibujante. Que ni para pintar monigotes le da el talento. Porque -sin ánimo de generalizar ni ofender- me consta de primera mano que muchos estudiantes de Historia del Arte son gente con vocación de pintores, grafistas a los que la naturaleza no confirió grandes dotes. Envidia es lo que tiene Molina Foix, carca, asqueroso, que menudas gilipolleces dices.
Este señor no se caga en las obras imperecederas con las que se llena la boca porque no tiene imaginación, criterio ni valentía para desechar el valor consagrado e indiscutible que aporta lo clásico. Decir que Buñuel y Thomas Mann son buenos -te has lucido de original- y que los cómics son basura infantil es muy fácil. Decir que "París era una fiesta" es una mierdaca, Hemingway el fraude del siglo, y ver en Calvin & Hobbes profundidad, es mucho más arriesgado y original. Molina Foix arremete furibundo contra los que puede sin que se destape del todo ese sospechosísimo malestar y cabreo; es decir, en los que aún no revisten la autoridad que confiere el paso del tiempo. Malestar y cabreo que se hacen más sospechosos en tanto no vienen a cuento, porque vamos, el único que mezcla churras con merinas y compara a Nabokov con Mortadelo y Filemón y con el slip de caballero es el propio Molina. Y digo yo que uno tendrá derecho a recordar lo que le dé la puta gana, ya sea el nacimiento de Tintín o la primera película en color. O si no, que este intelectual proponga un calendario institucionalizado a la SGAE: "1 de abril, primera edición del Quijote", "4 de mayo, estreno de Hamlet" para dictar a las revistas de cultura lo que han de recordar, consagrándose así una misma edición año tras año que pase a los anales de la Historia, nos instale en el inmovilismo intelectual y cultural, y silencie todo lo que esté por venir, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, AMÉN.

Vicente Molina, anda y ponte vender barquillos con un organillo en la puerta del Sol.

Críspula ;P

El Señor de las Moscas dijo...

Señores y señoritas:

Muchas gracias por sus cumplidos comentarios. Diana, se le agradece la pasión de sus erres fricativas. S.; y los que se nos quedan en el bolsillo. Sangreybesos: gracias por ilustrarnos sobre cuántos figuraban en el bolsillo, y además su invitación a ir a cagaralavía nos ha parecido harto graciosa, por cierto, aún somos presas del flato, el señor Molina Foix tendrá que decidir entre su propuesta y la de vender barquillos -hecha por la nínfula Críspula-: Críspula: la amo, en primer lugar. Deberíamos retirarnos usted y yo a un parque o rosaleda dieciochesca a darnos besitos poniendo la boca pequeñita. En segundo, gracias por la implicación den sus por otra parte siempre atinados juicios. Y en tercer lugar, tenemos que quedar ya que gotta tel ya many things, y no hay quién te pille, cabrona, manifiéstate!!!

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