... El porqué de una mosca encerrada en un bote: El Circo Complutense ha llegado a la ciudad

21 de septiembre de 2009

El Circo Complutense ha llegado a la ciudad

21 de septiembre de 2009
¡Pasen, pasen! ¡No se lo pierdan! ¡El espectáculo está a punto de comenzar! ¡No sean tímidos! ¡Ni no-ni-no ni-no-ni-no-nino! (música de circo).
 
¡¿Universitario?! ¡¿Acaso no está harto de soporíferas compulsaciones de fotocopias?! ¡¿Convalidar asignaturas de forma aburrida?! ¡¿Consultar de resumen de créditos monótonamente?! ¡¿No desearía un poco de acción en sus trámites burocráticos?!¡Pase y entre en Ciencias de la Información, oiga! ¡Sólo el Gran Circo Complutense le ofrece los papeleos más delirantes, los más desquiciantes números de compulsación, los más descacharrantes sketches de malabarismo burocrático! ¡Ni no-ni-no ni-no-ni-no-nino!

¡Y cómo no, por tiempo limitado y en riguroso orden de apellido empezando este año por la uve doble, si usted se apellida Wolframio está de enhorabuena, el más esperado, el genuino, el irrepetible, el clásico entre los clásicos: nuestro desquiciante show de matriculación académica! ¡La descojonación, señora! ¡Rechace imitaciones! ¡Ni no-ni-no ni-no-ni-no-nino!
¡Pase y conozca a la más aclamada trupé de secretarias-payasas del mundo! ¡Las Secreyasas! ¡Con célebre número de la secreyasa que extravía un papel es de mearse de la risa, la secreyasa-domadora, la secreyasa-funambulista sobre el cable de su propio teléfono, todo con tal de no cogerlo, la secreyasa malabarista con créditos de libre configuración, y por supuesto, la más querida de chicos y mayores: la genuina secreyasa escapista que un mago la ata con cadenas de barcos y aún así a las once se escapa a tomarse un café! ¡Ni no-ni-no ni-no-ni-no-nino!
Esto que acabo de hacer es lo que cualquier licenciado en Lengua y Literatura y por ende muy presumiblemente también camarero del Starbucks les confirmaría como ‘una ironía muy gorda’. Si aún así dudan porque creen ustedes que he estado muy sutil, pregúntele a otro camarero del Starbucks a dónde vaya usted a consultar sus dudas sobre figuras retóricas: a buen seguro este camarero será actor, y me consta que los actores también entienden de figuras literarias. Los de Audiovisuales no podríamos confirmárselo porque es lo que tiene que nuestro plan de estudios lo diseñase un mono al que le había enseñado a utilizar el Excel, que igual de inútiles somos para un roto que de incompetentes para un descosido. Además, no somos muy de trabajar en el Starbucks: apuntamos más alto. Somos más de tiendas de fotos.
La ironía muy gorda se debe, amén de a que tengo los chakras negros como el tizón, a que hoy les contaré la increíble peripecia recientemente experimentada en mis propias carnes en la secretaría de Ciencias de la Información, provincia de la Universidad Complutense. A esta secretaría acudí yo hace poco con una duda a consultar, no sin antes llorar por el camino como un niño de seis años, persignarme con fruición al entrar en la Facultad, encomendarme a San Atanasio y pedir en la cafetería un croasán y un gin-tonic a las nueve de la mañana. Porque ya son seis años, porque la experiencia es un grado y porque el sexto sentido arácnido que he desarrollado en mi condición senior dentro de este valle de lágrimas me dice que los caminos del señor son impepinables.
Accedo a la secretaría y tras pasar veinte minutos en la cola porque cada vez que me tocaba el turno me flaqueaban las fuerzas y salía corriendo y porque repetí esto tres veces, me toca el turno por cuarta vez, reúno fuerzas, el mundo es de los valientes, me digo, y emprendo firme rumbo a la mesa de la secretaria que atendía a los inconscientes que allí nos internábamos sin Conocimiento del Medio alguno, no sin antes maravillarme ante el impoluto orden del lugar, un prodigio de higiene, racional ordenación y armónico feng-shui que sería la envidia de cualquier revolcadero de monos.
–¿Quién osa interrumpir mi descanso? –exclama la secretaria entre vapores de azufre mientras por detrás de ella aparecen furiosas llamaradas–.
Bueno, esto no ocurrió así. Dijo hola, qué tal, y yo dije hola, y ya está. Lo de las llamas y el azufre era otra figura retórica que se llama hipérbole y que es característica de la poesía del Siglo de Oro y de los blogs regentados por cabrones que mienten más que hablan.
–Hola señora –le digo con las piernas temblando: esto si que no es una figura–. Venía a preguntar qué documentos tengo que presentar para solicitar la exención de tasas de matrícula por participación en la Ruta Quetzal.
La señora tuerce el gesto un poco, me mira, tuerce más el gesto, se quita las gafas, tuerce el gesto más aún si cabe y finalmente responde:
–¿Por la Ruta Quéeeeeee?
Ya está, pienso, me voy, lo he intentado, es absurdo intentar otra cosa, aquí no hay más que rascar. Pero como la cosa está chunga y no me vendría pero que nada mal que me reduzcan el precio de la matrícula, pienso seguidamente, por eso y porque me va la marcha, decido insistir.
–La Ruta Quetzal –le digo–.
–¿La ruta.. que…ca…cachal? –repite ella, como quien intenta decir un trabalenguas tradicional bere-bere–.
–Quetzal, señora. Quet-zal. La de Miguel de la Quadra.
–¿La de quién?
Suspiro, y empiezo a sintetizar.
–Es un programa académico organizado por la Universidad Complutense, señora, dejémoslo ahí, que si asistes te hacen exención del pago de la matrícula. Así que me exente, por favor, y me diga qué documentos hay que presentar.
–Eso no existe –afirma, todo convencida, y poniéndose las gafas muy resueltamente como diciendo aire, que me estás formando cola–.
Noto que la mandíbula de abajo se me descuelga cinco centímetros.
–¿No existe la Ruta Quetzal, señora? –consigo articular–. Explíqueme entonces a que fui yo a Perú durante mes y medio. ¿A la fiesta de la quebrada?
Sopeso la posibilidad de ejecutar unos breves pasos de baile tradicional peruano para implementar la ironía, pero decido que no es el momento ni el lugar, y que además siempre me trabo cuando hay que decir huamua.. huamaua…humamau…queñito.
–Ah, yo no sé si existe o no existe la Ruta Cachal esa –contesta–, vamos, a mí particularmente no me suena de nada, pero existir existirá, oye, seguro que hay muchas cosas en el mundo que yo no sé que existen y existen, mira tú…
No me cabe la menor duda, pienso mientras la mandíbula inferior se me va cayendo en parábola.
–Pero lo que si sé –continúa–, te lo digo porque llevo trabajando aquí quince años, ¡quince años! –recalca–, es que no hay exención de matrícula por haber hecho una ruta por ahí, vamos, es que ni la Ruta Cachal ni el París-Dakar.
–Ya, o el Camel-Trophy. Señora, vamos a ver. Que lo pone en sus propias normas de matrícula. En el apartado de condiciones especiales, te pregunta, ¿ha participado usted en la Ruta Quetzal?, y tú le das clic en ‘si’, y entonces te dice vale, pues presenta en secretaría la documentación acreditativa, y tú te vienes a secretaría y bueno, pues aquí estamos, echando la mañana. ¿Quiere que le saque el resguardo de matrícula donde lo pone con letras en negrita?
–Saca lo que quieras –dice con aire despreocupado–, te digo que eso no existe.
Pese a la amplitud de la invitación y no sin gran esfuerzo me contuve en mis ansias de sacarme cosas en ese momento y saqué solo el resguardo.
–¿Lo vé? –le señalo en el papel con fruición–. Ahí. Ru-ta-Quet-zal. Sale impreso ello solito. En arial narrow negrita.
La señora lo ojea, pone cara de extrañeza y me dice por encima de las gafas.
­–¿Esto no lo habrás hecho tú con el fotochop ese?
Busco con la mirada una pared para estrellarme la cabeza contra ella reiteradas veces. Pumba, pumba. Lamentablemente, todas tienen gotelé y sé por experiencia que se te queda marcado en la frente.
–No, señora –replico finalmente–.
–¡Cosme! –grita de repente, y a mí casi me da un infarto–.
Y pienso ya está, se le ha ido la cabeza, ahora se sube a la mesa y baila el kalinka-kalinka. En momentos de desesperación la cabeza es que se me descarrilla y empiezo a tener estas fantasías.
La señora dirige el grito a un compañero suyo que está tranquilamente sentado en su mesa tan sólo a veinte metros de distancia.
–¡Cosme! –repite la señora–.
Cosme pasa.
–¡¡Cosmeeeeee!!
Cosme está sordo.
–¡¡Cosmeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!
Y Cosme, nada. La secretaria en cuestión decide llamar su atención mediante métodos no-verbales. Salta, brinca, mueve los brazos como bailando Saturday Night pero en plan arrítmico. Y Cosme como si nada. Empiezo a pensar que Cosme se está haciendo el sueco, porque la señora entra en una especie de trance, gesticula violentamente en todas direcciones y a punto está de sacar dos conos luminosos como los que ayudan a aparcar los aviones. Nada. La señora suspira, mira a su mesa, agarra lo primero que ve –una grapadora– y se lo tira. Deduzco que no es la primera vez porque la señora es una virtuosa del tiro con grapadora y le atina a Cosme entre las dos cejas. Cojona, pienso. Cosme mira primero con cara de furia y luego con cara de resignación. Cosme se agarra a la silla y yo pienso, ya está, ahora le tira la silla, pero no: Cosme simplemente mueve la silla para incorporarse y Cosme se acerca. Cosme es un soso, pienso yo, que ya me estaba imaginando inmerso en una guerra de tirarse cosas, mi oportunidad de oro para empotrarle a la señora la CPU del ordenador en la cabeza.
–¿Qué quieres? –le pregunta Cosme a la secretaria–.
–Que si hay una exención de tasas por haber participado en la Ruta Cachal.
–Si –responde Cosme, con cara de querer añadir algo más, como por ejemplo, tontalosgüevos. Cosme no añade nada y se marcha frotándose la frente. Lo que yo digo, que Cosme es muy soso, Cosme es que no tiene sangre en las venas–.
–Ah, pues si –me dice la secretaria mirándome a mí, como diciendo ale, humo, que chispea–.
–Ya, señora. Lo que venía yo a preguntarle, no sé si se acuerda, es qué documentos acreditativos tengo que presentar.
–Ah, pues eso no lo sé.
Busco una grapadora para tirársela a Cosme y que me atienda él, pero no encuentro ninguna.
–Pero vamos, bastará con documentos que demuestren que has ido a la ruta esa–sentencia finalmente–.
–Ya, eso me lo imaginaba, por increíble que le resulte no era mi intención compulsar un sobre de jamón de york y traérselo para que me ponga el sello. ¡Señora, qué documentos acreditativos necesito en concreto!
–¡Que no lo sé, te estoy diciendo!
Vuelvo a buscar desesperadamente una grapadora porque no sé porque, pero ahora me están entrando unas ganas irrefrenables de graparme los huevos a la mesa. A mí es que después de la fase de las fantasías violentas me entra la fase de autolesionarme.
–¿No tienes una foto? –pregunta ella, sacándome de mis ensimismamientos–.
Me detengo en seco.
–¿Una foto de qué?
–De cuando fuiste a la ruta esa.
–Si, señora. Hice catorce carretes de fotos.
–Pues ya está, tráete una.
–Ah pues mire usted, qué fácil, tengo una muy bonita en una playa de Guayaquil, que un amigo mío sale haciendo un calvo a cámara con dos ojos pintados en los mofletes del culo, graciosa que no veas, si quiere le traigo esa.
–No, ésa no.
–¡O mejor, mire; me deja usted un rottring, me pinto en un momentito dos ojos ahora mismo en los mofletes del culo, dos ojos así con las cejas para abajo, como enfadados, y volvemos a mantener esta conversación de hombre a culo, debería ver qué muevo los glúteos, me queda súper-realista, no vea, y total, tampoco iba a ser mucho más surrealista que la conversación que ya estamos manteniendo, vamos ni, eso ni que aparezca una cebra por esa puerta en tres dos uno, ahora!
Me quedo señalando a una puerta, pero por la puerta no aparece nada. La señora me mira, yo miro a la señora. Pasan diez segundos de máxima tensión en el ambiente, y cuando ella finalmente va a decir algo, me adelanto y le espeto:
–¡Tontalosgüevos! –y me marcho corriendo–.

12 comentarios en el bote:

S. dijo...

hecho de menos a una bedel de mi facul cabrona toda ella(perdón por el taco)y a esas zonas donde hacer fotocopias era un caos...
Ni de coña los hecho de menos!

Mr.Incógnito dijo...

Caballero, entre esta experiencia circense lisérgico-absurda y a la postre administrativa y su maravilloso carrusel de imágenes en el que establece con firmeza los principios fácticos de este, su blog, me ha alegrado la mañana.

Ruta Quetzal, De la Cuadra Salcedo, inteligencia...son términos del extraradio para esta señora, al parecer. Eso sí, se agradece el tratamiento dramatizado y sus bellas parábolas visuales.

El Señor de las Moscas dijo...

Respondemos debidamente:

S.; la copistería o reprografía, comúnmente llamada 'donde las fotocopias' también daría para actualizaciones varias. En mi facultad los llamábamos 'los orcos de las fotocopias', creo que con esto le tell you everything.

Mr. Incógnito; nos honra usted con su presencia. Dramatizar, amigo, es siempre una buena idea. Y el carrusel de imágenes está aún por retocar, oiga, hay quien ha dicho que le faltan tildes y quien ha dcho que a dónde voy con semejante esperpento. Anyway, viniendo de usted, me se alegra el corazón cual en tonada de Palito Ortega, ya sabe que soy su mayor fans sobre el planeta azul.

loquemeahorro dijo...

Me has recordado a mi facultad, y su secretaría (esto debe estar pasando en todas partes, desde el siglo XVII, supongo) y me has recordado que ser joven tampoco era tan bueno...
Gracias.

Esto ¿puedo contar yo una? es rapidita, de verdad!

El Señor de las Moscas dijo...

Cuente usted, parece mentira que pregunte, con ese arte y ese duende que usted tine.

loquemeahorro dijo...

Me siento como Estrellita Castro, pero bueno.

Recogíamos unas notas, que nos daban, no sé por qué, los bedeles.

Bedel: Mengano de Benito, pues no, tu nota no está.

Mengano: Es que han salido ya todas. ¿Está buscando por Benito o por "de"?

Bedel: Que no hombre, que no, que en la "V" de Venito no hay nada.

El Señor de las Moscas dijo...

¿Y por qué en sus facultades de todos ustedes, por lo visto, todas las gestiones se las hacían los bedeles? En la mía los bedeles abrían, vamos, cerraban, barrían la conserjería, esas cosas.

Luc dijo...

Señores:
Yo a mí bedel no lo llegué a conocer, no debí prestar mucha atención. Pero a los camareros a todos.
Aah... la secretaría... entrañable nido de víboras. Cuando vi Asterix y las doce pruebas, the movie, en el momento en que los galos corrían escaleras abajo y arriba, de ventanilla en ventanilla, lo primero que pensé fue en la Secretaría de la facultad. Pero en fin, el tiempo todo lo cura y una se acuerda con odio pero sin rencor, pero qué me dicen de Cosme?
Alguien ha pensado en ese hombre, ese pobre funcionario que se dejó los cuernos preparando una oposición, que sacó plaza con nota (se ve que sabía hasta lo de la ruta quetzal, hay que ser bueno)y que ahora se tiene que resignar a recibir grapadorazos en la frente de una tontalosgüevos cualquiera hasta el día de su jubilación? Se puede imaginar una vida más triste?
Bueno, tal vez la del interino al que mandan buscar un clip cuando se tercia gritando: Manoooooliiiii!

M dijo...

Yo me acuerdo aquella vez que fui a secretaría a pedir que me imprimieran un resguardo de matrícula y me lo sellaran, y la señora hijadeputa me dijo que ella no tenía autoridad para hacer eso.

Claro, que yo en consecuencia le dije, y casi me echan a patadas de allí.

Trabajas en secretaría, ¿y no tienes autoridad para imprimir un resguardo de matrícula y sellarlo? ¿Y para qué tienes autoridad, para ser una inútil y aprovechar muy bien los ratos del café?

El Señor de las Moscas dijo...

Respondemos:

Luc; completamente cierto lo de Astérix, oiga. 'La Casa que Enloquece', se llamaba el lugar, y tenían que buscar la 'Forma A-38' (por Dios, ¿cómo puedo ser tan freak?). Creo que todos hemos tenido esa experiencia subconsciente al llegar a nuestras respectivas secretarías.

M de Mendetta; no sé quién es, pero deduzco que hablamos de la misma secretaría infernal. Hizo usted muy bien en ciscarse allí en todo, y debió incluso sopesar la posibilidad de encabalgar violencia verbal con física, no hay nada que dos tortazos a tiempo no solucionen.

loquemeahorro dijo...

La verdad verdadera es que en mi facultad los bedeles de funciones administrativas, solo hacían lo de las notas (y pedían propina los colegas), pero de mi mente he borrado las lúgubres historias de la secretaría porque me daban demasiado mal rollo y solo recuerdo esta de la "V" de Vendetta, por que es mucho más light.

pd. Volví a ver hace un par de semanas la peli de Astérix y esa parte es genial, además de aplicable a cualquier burocracia.

Lo confieso.

Anónimo dijo...

Llego con unos meses de retraso pero no puedo evitar escribir lo que me ocurrio a mi "donde las fotocopias". Fui con una amiga a hacernos fotocopias de nuestros DNI, y la señora inteligente nos hizo los dos DNI en el mismo folio, y encima nos cobro dos, aunque eso es lo de menos. Fue tal shock para nosotras que no nos dio tiempo a reaccionar y lo pagamos y recortamos la fotocopia.

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