Linkeo, pero no les recomiendo que pinchen aquí para ver un vídeo harto ameno sobre cómo en Tordesillas matan a un toro atravesándolo salvajemente con lanzas de tres metros. Es un documento único, les comento, porque los defensores de esta fiesta no permiten su registro en soporte testimonial alguno, ni vídeo, ni audio, ni crónica escrita. Ya se deducía de este hecho el alto calado de civilización que debía respirarse en el magno evento, pero creo que no alcanzan a imaginarse, ahora que se ha conseguido grabar en vídeo y lo tienen a un clic de distancia, en qué espantosa medida los seres humanos en general y los seres españoles en particular –dígase esto bien alto, sin complejos– conseguimos que utilizar incluso la palabra incivilizado constituya a veces un desafío a las más elementales normas de la frivolidad. Cómo crueldad suena cursi, visto lo que le hacen a ese animal. Dado que por lo visto saben leer, las personas defensoras de esta fiesta, llámense personas, llámese fiesta, se han rasgado las vestiduras porque activistas de Igualdad Animal se infiltraron en el evento con una cámara oculta y porque el periódico Público lo cuelga hoy en su edición on-line. Lo dicho, no les recomiendo verlo. Yo no he llegado ni a la mitad. Pero ahí lo tienen, si se notan con estómago suficiente.
Nunca he sido capaz, fíjense ustedes, de encontrarle el quid lúdico al hecho de matar a un animal. Y eso que basta un rápido vistazo al panorama socio-coyunto-cultural del país para deducir, estadística obliga, que debe ser una cosa harto divertida. Eso y meterse en una hipoteca a treinta y cinco años, oye, paradigmas del regocijo.
Una cosa les digo; ni lo respeto, ni lo comparto. Me permito utilizar este gran clásico de las frases hechas porque, en un giro innovador de sus valores literarios, niego a la mayor ambos extremos de la gilipollosa frase, y repito: ni respeto, ni comparto. Por hacer la gracia, más que nada. Les ruego me practiquen la eutanasia si un día empiezan a salir de mi boca este género de frases y además las diga en serio. Cosas del tipo lo respeto, pero no lo comparto; perdono, pero no olvido; no quiero venganza, si no justicia y otras grandes máximas del pensamiento abstruso.
No lo comparto, porque lo que les digo, no le encuentro yo maldita la gracia a engrasar un pato y que acto seguido se le tiren encima en plancha, chof, los veinte mozos más lozanos del pueblo. Llámenme excéntrico. Y no lo respeto porque no me da la gana, ea. Evidentemente no digo que haya que colgar al que engrasa al pato en las fiestas del pueblo, o al que empuja la cabra, o peor, al que le asesta la puntilla al toro. Ni al que lo defiende, por Dios. Respeto otras ideologías políticas, otras filiaciones religiosas, otras opciones sexuales, otras genealogías étnicas, lo que ustedes me pidan. Incluso, metiéndonos en la harina étnica, enfangándonos hasta las cejas de folclore, si me ponen ustedes en medio de una guerra de tomates porque resulta que constituye la risión definitiva el hecho de darse de tomatazos los unos a los otros; o si me embuten en el más centrípeto conglomerado humano que llora rabioso y se propina de codazos en el hígado no porque haya otra gente que se muere de hambre o por los niños de Gaza, estaríamos buenos, si no porque resulta que la Blanca Paloma es lo más grande; incluso vestido de genuino celtíbero del siglo III antes de Cristo con genuino zurrón de polypiel, lanza en mano, volátil taparrabos y genuinas chirucas recubiertas de pelo que confieren al conjunto el acabado de gilipollas profundo que exige por cojones el hecho de estar celebrando en folclórica mandanga la gloriosa expulsión de los romanos de Cantabria o del País Vasco –que ya no es que me parezca una cosa como poco digna de celebrarse: es que directamente no ocurrió nunca. Otro día hablamos del revisionismo histórico–, incluso si me llevan a los más esperpénticos modos que en el país tenemos de celebrar nuestra auténtica autenticidad, incluso ahí, fíjense, me agarro a la goma de la enagua, si, rabio y pataleo y reniego y se me llena la boca diciendo que Suecia es un país y no esto, que es un puesto de melones, también, pero fíjense lo que les digo: respeto. Allá cual que haga lo que le dé la gana, faltaría plus. Pero no me pidan que respete a quien mata un animal para divertirse, por Thor. Que hasta la tolerancia tiene sus límites.
Digo lo de divertirse como eufemismo, ojo. Tiro de eufemismo para no mentar el hecho cultural. Hay quien dice que matar animales es cultura. Porque exige arte, técnica, tronío. Yo pienso que matar un animal o presenciar cómo lo matan, a secas, exige únicamente un concepto muy relativo de la ética y una dosis variable de estómago. Lo del tronío no sé, porque es una cosa abstracta y además yo soy del norte, que el diablo me lleve si sé lo que es el tronío. Lo de la técnica concedo, cierto, exige técnica, claro que más técnica exige la fusión del núcleo del átomo de helio y ahí están los científicos, dándose de tortazos por una subvención y sin que nadie les jalee las manoletinas. Y lo del arte, en fin, prefiero no pronunciarme. Tengo una regla de oro por la cual intento evitar construir frases en las que poder incluir en una misma categoría del pensamiento a, pongamos por ejemplo, Dostoievski y, pongamos otro ejemplo, al Cordobés. Porque perdonen que les diga.
Me perdonen los lectores fans del mundo toro, que me consta que hay alguno, y los fans, si los hubiera –que hay gente para todo y cosas más raras me he encontrado en el post– del submundo pato-engrasado o el submundo cabra-al-bies. Ahí tienen el post, desháganse en argumentos si quieren. O vean el vídeo, ustedes que tienen más estómago. No me cuenten como acaba, eso sí. No vayan a reventarme el final.





Publicado por
El Señor de las Moscas



9 comentarios en el bote:
No hay mucho más que decir al respecto. Si unos niños matan a un perro en la calle es vandalismo, pero si todo un pueblo persigue a un toro el mismo día de cada año durante décadas para hacer lo mismo es tradición. Qué maravillosa es la mente del ser humano y su capacidad para ponerle la zancadilla una y otra vez a la conciencia y el sentimiento de culpa.
Me gusta mucho tu estilo, ¿escribes en algún periódico, revista o web? Añado tu blog a la lista de los que sigo ;)
Fíjate lo que son las cosas, lako. llevo días meditando sobre este tema y estoy segura de que si consiguiéramos respetar a los animales, no podríamos dejar de hacer lo mismo con otros seres humanos y seras humanas. El "poblema" es que el Hombre, con mayúscula, establece jerarquías de base, por las que al sentirse superior respecto a otros animales, se siente también con el derecho de tortura y crueldad sobre ellos, y que por lo general, son este tipo de " personas" los que curiosamente establecen también jerarquías entre los seres humanos. No falla, lo tienen todo: machismo, xenofobia, homofobia..... suele darse eso y que no sepan hacer la o con un canuto, siempre hay algún complejo por ahí. Freud tendría mucho que decir.
Señores,
el corazón encogido viendo el link del Señor de las Moscas. Da miedo que semejante tribu ande suelta por ahí y tenga derecho a voto.
En las corridas, según aprendí de mi padre, la puntilla se pone una vez y si hay que ponerla más veces es porque no se está haciendo bien. A este toro no lo han apuntillado, lo han apuñalado 15 veces en la base del cráneo.
Vale que nadie está exento de ser violento, pero esto es violencia de la ancestral, tribal perdida, como si nunca hubiéramos inventado la rueda.Y lo mismo se ceban con bichos que con vecinos, que de lo uno a lo otro hay un paso.
El día que estos se levanten con ganas de bronca se van al bar con la navaja abierta en el bolsillo y los cuellos de la camisa levantaos. Si es que ya te digo, hace falta una virus letal como el comer.
perdón por la bordería que voy a decir:
Las corridas para el chocho de las vacas.
No pienso ver esa tortura del torito.
Respondemos sin dilación ni dilatación:
Nando; sea bienvenido a nuestra humilde morada. No, no escribimos en ningún otro sitio, principalmente porque en los sitios en los que me lo han ofrecido esgrimían raros argumentos que iban de la filantropía al bolchevismo para concluir que, en resumen, no pagaban. Incluyendo revistas. Y de momento, no vivo de la fotosíntesis, así que escribo aquí, que tampoco da dinero por lo menos digo lo que da la gana. Apunte usted. Nos hemos pasado por su blog y nos ha gustado, en breves momentos lo añadimos a nuestro blogroll. Reciba un cordial choque de manos estilo negro del Bronx y nuestra invitación a que se pase por aquí tantas veces quiera.
Lako Parda de la Pradera; y usted que lo oiga. Además le coge a usted cerca, mire. Y lo que nos comenta, en efecto, son todos atributos del ser humano que suelen venir en pack. Pack Perfecto Imbécil, pudiera llamarse. Deberían venderlo en la teletienda.
Luc.: como el comer, usted lo ha dicho. Un virus, un búnker en el interior del cual pasar el periodo de cuarentena -lo más gordo, dicho en términología clínica- y unos mortadelos -para no aburrirse en el búnker-. Y hala, a empezar de nuevo. Lo malo es que volveríamos a hacer lo mismo, oiga. El ser humano es el único animal capaz de tropezar 987908974973478740 veces con la misma piedra.
S.; se le perdona la ordinariez porque el tema bien merece una epitetología contundente. Y no, no vean el vídeo. Hay quien lo ha hecho y se ha arrepentido -y eso que venían advertidos...-.
Aaaaaaaay hijo, qué te voy a decir que no hayas dicho tú, que lo has expresado muy bien, pero que es un tema que me produce tal rechazo que no puedo ni comentarlo.
Sencillamente es aberrante, y no, no se merece ninguna clase de respeto.
pd. No vería el video, ni aunque mi vida dependiera de ello
Amiga Loquemeahorro: nada que añadior, pues, que el silencio es muy elocuente.
Perdonen ustedes la expresión. Sus madres serán unas santas, pero esos malnacidos son unos hijos de puta. Hay que ver lo que relaja decir algo así.
Vivimos en un país en que llaman cultura a la violencia colectiva en homenaje a no sé qué patrón, en el que la fiesta es cebarse en la muerte de un animal cuyo destino estuvo predestinado desde que nació. En el que se fundamentan las corridas de toros y "festejos" como el enlazado mediante argumentos de peso como el que el toro de lidia dejaría de existir si no existieran las corridas.
No oigo que nadie ponga el grito en el cielo cuando cientos de razas autóctonas están desapareciendo porque compramos melones de Brasil, carne de vacuno argentino, huevos de gallinas francesas... y las razas adaptadas a nuestro medio rural dejan de existir. Tampoco les oigo quejarse de las decenas de especies animales que se extinguen a diario, y que nunca llegaremos a conocer.
Pero sí, decimos que el bicho este de los cuernos, que tanto nos divierte y que aguanta el embate de los mozos del pueblo va a desaparecer si dejan de llevarse a cabo "fiestas" como la presenciada. Pues déjenme decirles en nombre del noble astado que mejor desaparecido que doliente. Y que si algún día desean recuperar la fiesta, que no se preocupen. Que seguro que en el pueblo encuentran a alguno que otro, entre los mozos, que ostente el par de dignos apéndices que caracterizan al amigo toro.
Ole!
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