... El porqué de una mosca encerrada en un bote: Pensamientos animados por un cruasán. ¿Sueñan las señoras con Tejeros electrónicos?

18 de octubre de 2009

Pensamientos animados por un cruasán. ¿Sueñan las señoras con Tejeros electrónicos?

18 de octubre de 2009
Esta mañana, vista la dominguez mañanera y soleada, he salido por la mañana a leerme el periódico, tomarme un café, esas cosas.
–¡Hola! –le digo al camarero de mi bar de confianza con alegría mañanera–. Me puedes poner, por favor, un zumo de naranja recién exprimido, un café con leche y una napolitana de chocolate.
El camarero me mira como si hubiera pedido la cabeza de su madre, la madre del propio camarero, en una bandeja. Ya les he dicho en alguna ocasión que en mi bar de confianza me odian porque leo El País y el Público y otros panfletos de propaganda comunista.
–No tengo zumo exprimido. Sólo de bote –me replica él–.

Porque como todo el mundo sabe, para obtener zumo de bote las naranjas no se exprimen: se destilan.
–Vale. Pues de bote –soluciono, aún presa de la alegría mañanera–.
–No me quedan botes de naranja –replica nuevamente el camarero–. Sólo de melocotón con uva.
Se me disipa levemente la alegría mañanera. A mí melocotón con uva no me parece un zumo; me parece una extravagancia. Preferiría desayunarme un tetrabrick de orina de mono.
–Vale, bueno, pues sin zumo.
El camarero me lanza una mirada de mira el señorito, que no quiere melocotones con uvas. Le replico con otra mirada de métete tus cocktails bizarros de melocotones y uvas por donde te quepan, camarero de los cojones. El camarero sortea magistralmente esta mirada fulminante, lo que no sorprende dado el hecho de que esperé a que estuviera de espaldas para lanzársela. Soy un virtuoso de la retórica de las miradas, pero misteriosamente me salen mejor cuando las lanzo a las nucas de la gente en lugar de a sus ojos. Instinto de supervivencia.
Me aposento en una mesa y abro mi periódico pero, oh cielos, algo me atrae irrefrenablemente a la conversación de la mesa de al lado. Una pulsión incontenible. Pongo discretamente el radar, clic, y escucho a las cuatro señoras –señoras del subgénero señorona– que allí cacarean, presumiblemente recién salidas de misa, por la hora y por los broches que me llevan las amigas lo digo, que ya sabemos que es el galón distintivo que se ponen las señoras cuando van a misa, unos broches de medio kilo que hace escasos doscientos años hubieran sido justificación enough para quemarte en la hoguera por iconoclasta y por disfrazarte de árbol de Navidad. Esto –ponerle el radar a los grupúsculos que recién salen de misa– presenta interesantes posibilidades al sociólogo de campo y también un poco maleducado que pega la oreja –yo–, porque no es la primera vez que acudo a ese lugar en esas mismas coordenadas espacio-temporales –ese bar en frente de la Iglesia a la hora de la salida de la misa de los domingos, en plena calle Arturo Soria de Madrid, para más centripetez del fervor cristiano– y me entero, así como quien no quiere la cosa, de lo que se cuece en los púlpitos. Que a los descreídos que no creemos y no vamos a misa y que además posiblemente adoramos al Demoño, pues es algo que nos da así como morbo.
En ese momento en el que pego la oreja una señora, concretamente una señora de avanzada edad, comentaba a las otras señoras de edad igualmente avanzada que lo que quiere Zapatero es, cito literalmente, ‘abortarlos [a los bebés] para que no voten [los propios bebés] al Pepé y así quedarse él [Zapatero] toda la vida… [gesto de robar]’. Las demás señoras asintieron muy rotundas. Qué gran verdad, concedieron remojando el cruasán en el café. Y yo, que en estado normal me entran arrebatos de imaginación pero si estoy sin desayunar me entran los mismos arrebatos, se me descarrilan y paso a tener directamente fantasías patológicas, me imaginé en ese momento un batallón de bebés naciendo ya vestidos de votantes del Pepé –mini polo Lacoste, mini pantalones de pinza, mini tupé a la mini remanguillé– y acudiendo de la maternidad directamente a los colegios electorales, ristras y ristras de bebés peperos votando compulsivamente. Para descontento de los ministros socialistas –que en mi fantasía estaban todos celebrando el consejo de ministros en lo alto de una torre medieval con relámpagos de fondo y llevaban todos chándal de táctel, no me pregunten el por qué de este último detalle–. Vaya mierda, decía Rubalcaba cruzando los brazos en gesto enfurruñado. Así no hay quien desmiembre el país, exclamaba la vicepresidenta De la Vega. A la mierda nuestros planes de fusionar España con Marruecos y con el grupo PRISA y con Al-Qaeda, se lamentaba Moratinos. Zetapé se había dejado de carcajear malignamente, ac ac ac, en su trono con calaveras en los reposabrazos y observaba atónito el fin de su imperio. Teníamos que haberlos abortado a todos cuando aún estábamos a tiempo, le decía a la ministra Aído –la ministra Aído también llevaba chándal de táctel y además se encontraba en ese momento casando a dos maricones que pasaban por allí–. Y la ministra Aído respondía si, si, mein führer, le decía a uno de los maricones yo os declaro marido y marido; puedes besar al marica. Y gritaba acto seguido ¡gora ETA askatasuna! Y todos los ministros elevaban el puño y gritaban: ¡gora! Y ahí acabó la fantasía, porque un plato volante con una napolitana de chocolate encima alunizó en su conjunto, plato y napolitana, sin previo aviso sobre mi mesa con la contundencia de un frisbi –si ustedes lo saben escribir mejor me gustaría verlo–, un frisbi, decía, providencialmente lanzado por el camarero desde la barra.
Recuperado del shock, habiendo recogido en el aire napolitana y plato –son años de experiencia– y no sin antes blasfemar a gritos –gritos mentales– por los modales de metre de recepción de embajada francesa del camarero, decido que la mañana no es bonita en absoluto pero que bueno, al menos me comeré la napolitana con la satisfacción de haberla cazado al vuelo yo mismo en su propio hábitat natural, el aire. Me siento como un escopetero de caza menor. La próxima vez me traeré un perro de caza a desayunar. Quién sabe cuándo puede a uno atacarle una bandada de churros.
Sacudo el azucarillo, abro el periódico en maniobra de despiste y vuelvo a mis señoras de la mesa de al lado, que seguían cacareando la certeza de que Zetapé abortaba a los bebés –quien sabe si con sus propias manos– para que no votasen al Pepé. Otra de las señoras, se conoce que animada por el alto nivel en glucosa del cruasán en ingesta, fue más allá y añadió, con la facilidad que tienen algunas personas para añadir estas cosas, que lo que tendría que hacer el Pepé es, cómo se llama, esto que se hace para quitar a alguien del gobierno. Votar a otro, pensé yo. Votar a otro, exclamó una señora, se conoce que leyéndome el pensamiento. No no, replicó la señora con gran aspaviento, como diciendo, ni mucho menos, hija, no seas antigua. Bueno, pues moción de censura, pensé yo. Golpe de Estado, se me adelantó otra señora –ésta no me leía el pensamiento, o me lo leyó pero decidió darle su toque personal–. Eso, terció la responsable de la propuesta. Un golpe de Estado. Y añadió para asegurarse, aunque bajando un poco la voz: ¿eso fue lo del Alzamiento, no? ¿Un golpe de Estado? Si, confirmaron categóricas las restantes, acercando las cabezas y hablando también un poco para el alzacuellos. No me pregunten cómo una señora que seguramente estuvo allí para verlo duda si el Alzamiento Nacional fue un golpe de Estado o un Plan 15 Días Special K, pero les juro que así fue. Pues eso, concluyó la mujer, recuperando su tono habitual: un golpe de Estado. Pero no se atreven [a dar el golpe], porque ya se sabe que el Rajoy –el Rajoy– no se atreve. Todas confirmaron con la cabeza. Si si si. Qué gran verdad. No se atreve. Y mojaron nuevamente sus cruasanes.
Abandono ya toda estrategia de despiste por mi parte por incapacidad manifiesta y porque me encontraba mirando al infinito, la boca abierta y el café a medio camino entre la mesa y mi boca desde hacía tres minutos, presa de una nueva ensoñación en la que los dirigentes del Pepé moderado no aznarista no se atrevían a dar un Golpe de Estado y entonces Esperanza Aguirre daba un golpe en la mesa, les llamaba, cobardes, cagaos, pocamierdas, se alzaba en armas ella sola, declaraba el cantón, la independencia y la puta que lo parió y se internaba corriendo en pleno pleno del Congreso, válgame la refanfinfla, ella sola con una katana en una mano, una bandera nacional en la otra, la falda remangada, dos cojones y gritando se sienten coño, a mí la legión, por Dios y por España. Y cosas así. Bueno, pues abandono toda estrategia de despiste, les decía, y me pregunto yo a mi mismo, ¿estas señoras están urdiendo un golpe de Estado en la mesa del lado o es que yo estoy necesitando ya empezar a desayunar? Retiro el radar, me centro en mi periódico y le pego un trago al café con la resolución de quien se lo pega a un whisky doble después de entrar en un bar de los suburbios de Detroit donde se escucha jazz de fondo y el camarero te pregunta ¿un mal día, amigo? y tú no le respondes y le dices: un whisky. Doble. Tomo el café. Slurp, me relamo acto seguido. Esto es otra cosa. Ya estoy debidamente azucarado. Voy a leer el periódico y a intentar no escuchar más proclamas fascistas, ni más infundios, ni más chuminadas. Coño ya.
Y descubro en la portada, hete aquí, resolución del misterio de porqué unas señoras cuya fertilidad acabó con el siglo XIX le dan tanta mandanga a la cosa abortiva, que ayer se celebró en la urbe matritensi una manifa súper multitudinaria contra la reforma de la ley del aborto. Acabáramos. Y que seguramente de eso fuera el sermón dominical del párroco de la misa de la iglesia del barrio del que proceden estas cuatro adalides del pensamiento de gallina clueca y notablemente chocha. Veo la foto de portada. Veo que Dolores de Cospedal, en su vacuidad, ha apoyado la protesta con su presencia a título personal, que no de Partido. Veo una foto en la que el ex presidente Aznar –golpe de violines, entiéndase, chan chaaaan– se da un baño de multitudes, saluda a la afición y dice que a él lo que le mola es proteger la vida y que por eso está ahí. Decido que no sé si reírme o tirarme el café por la cabeza. O las dos cosas a la vez. Me reprimo, en embargo, y no hago ninguna. No está el horno para bollos.
Decido que mejor me voy a mi casa a ver si se me disipa la alegría mañanera. Y decido no tomarme la napolitana. Decido que a fin de cuentas soy más feliz cuando no desayuno.
Tengan un bonito domingo y procuren no abortar.

11 comentarios en el bote:

Luc dijo...

Señores:
fíjese usted que yo también he tenido hoy mi roce con la manifestación antiaborto. Estaba yo en la playa (que será Octubre pero eso a Málaga le da igual) y me puse mis casquitos en plan relax. Héte aquí que topo con la COPE y como me va la marcha me pongo a escuchar. Tras los pitidos de hora en punto, comienza el parte "informativo": la manifestación más grande de cuantas se hayan visto, las hordas, más gente que en la guerra, minolles y minolles de personas... y en un alarde de periodismo del bueno el locutor dice algo así como que "a ver si ZP es capaz de no hacer nada ante el clamor popular". Recordé entonces las manifestaciones (a nivel nacional) del No a la guerra, para que no murieran los que ya estaban nacidos, y recordé también como el mismo señor de bigotes que se calza la pancarta para evitar la ampliación de un derecho que ya existía cuando él gobernaba, se pasaba la otra por el arco del triunfo con toda la desfachatez del que miente a voluntad. Faltó un tris para que el móvil amerizase de mala manera en la orilla, pero me contuve por la cuenta que me traía.
Muy buena la entrada; se ve que ese tipo de señoras son fauna ibérica bien extendida y no exclusivas de la meseta.
Un saludo!

El Señor de las Moscas dijo...

Luc:

Yo soy tu padre. No, es broma. Es que siempre quise decirlo, jeje.

¿Y yo que ni me enteré de que hubo tan manifestación, oiga? Qué cuajo el mío. Y sí, qué determinada fauna se la puede encontrar uno everywhere you look around, en eso estamos surtidos en todas las autonomías del territorio nacional. Lo que me fascina es que se oiga usted la COPE, que es ya directamente como tirarse a la piscina. Y más estando en la playa. La próxima vez sintonice usted los 40 Latino, que pocas que sean (más bien ninguna) le darán más satisfacciones.

El Perro Lunar dijo...

Ambientazo que hay en su bar, oiga. Lo de los bebés peperos votando compulsivamente me ha encantado, aunque me ha dado un poco de miedo a la vez. Yo llegué a París pensando que con tantos años de experiencia democrática y Cinquième République y toda la ostia serían más civilizados que nosotros y resulta que el tema aquí en la zona es que el hijo de Sarkozy está a punto de hacerse con un cargo público de gran relevancia que no detallo por no aburrir. El hijo, preciso, tiene 23 años y no ha sido capaz de aprobar segundo de Derecho.

En otro orden de cosas, le comento que por fin he subsanado un error imperdonable y este blog ha entrado con honores en el blogroll de El Perro Lunar. Sin embargo, algo falla porque nosotros no subimos en el suyo a pesar de haber actualizado ayer. Intuyo que es culpa de ZP.

loquemeahorro dijo...

Qué pesadilla más rara tuviste! Y con una manifestación y todo, vaya sueños, de verdad...¡¡hasta la retransmitiría en directo una televisión pública, verdad!!

Pero después te despertaste y todo era mentira, menos mal!

Porque todo ha sido un mal sueño, verdad? Y Esperanza Aguirre
también, que lo sé yo, lo de esa mujer nunca ha pasado. Todo un mal sueño.

El Señor de las Moscas dijo...

Comentamos:

Perro Lunar: amos por partes. La ristra de bebés peperos es una figura retórica y estética que llevaba bastante tiempo intentando colar -y no vea lo difícil que es-. La imagen está a medio camino entre la obra fotográfica de Anne Geedes y la literaria de Orwell. Lo del hijo de Sarko en efecto, clama al cielo: aunque sólo sea por la cara, que ya sólo con el pelazo se le ve venir más que a Lawrence de Arabia (que se le veía venir desde bien lejos). Y lo de del blogroll, tiene toda la razón: no se mueve. Le agradezco sentidamente que nos incluya en el suyo e intentaremos poner solución a lo nuestro a la mayor brevedad -y con esto me refiero a que le desapuntaremos y apuntaremos compulsivamente hasta que se mueva usted por el ranking debidamente; nuestros conocimientos en HTML no alcanzan para más-. Reciba un cordial saludo.

Loquemeahorro; ya ve. Yo creo que es por la amoxicilina, que me hace tener pensamientos extraños y al rato dudar de si los tuve. Estamos mejor de lo que os. ¿Lo retransmitió TelePepé? No lo sabía, pero mi indignación con este tema empieza a no conocer límites.

Sir Di dijo...

Yp tuve mi encontronazo con la manifa. Salía yo del Caixa Forum, cuando las sobras de la manifa me empiezan a acorralar. Todos bajaban con unas camisetas, en la que el símbolo eran 2 píes con los colores olímpicos (¿?¿?¿?¿?¿?), y yo subía. Y va mi madre y dice: Esto de ir a contracorriente es muy estresante!!!! Pero no por
ir en plan kamikaze, sino porque ver chapitas que decían: LA COPE CON LA VIDA, hacen dañito a los ojos.
Las pijas de Moncloa (esto es, mis vecinas) tb fueron a la manifa, pero a las 23:00 ya estaban con su Kalimotxo enseñando teta y retozando con el novio en el intercambiador del barrio, seguramente acabaron follando con condón (para no tener que abortar, ni tomarse la píldora),pero... hostia!! Follar con condón es pecado. Creo que mis vecinas van a ir al infierno.

Incongruencias varias...

S. dijo...

menos mal que no vivo en madrid y no tuve que toparme con la manifestación de zombies clamando sed de venganza.
Y creo que estos zombies follisquean mucho pues eran un montón.
Claro está que ellos no irán al infierno,son tan guenos todos...
Por cierto,cuánta patilla junta amor de dios!

F. Gordon dijo...

Esas señoronas me dan mieeeeeeedo...

Yo tengo la sospecha de que Esperanza Aguirre es un Terminator biónico, o eso o es inmortal de los inmortales de toda la vida, no es normal que sobreviva a tres catástrofes distintas sin un rasguño (a saber el célebre helicóptero, el atentado en la India y el terremoto en Italia)

bibliobulimica dijo...

Hizo usted bien en lanzar su mirada a la nuca del mesero, que si se la lanza de frente le habría escupido a su napolitana..."señoras del subgénero señorronas" hizo que se me saliera el café que estaba tomando por la nariz (asquito, lo se, disculpe usted).
En fin, que desayunado o sin desayunar siempre es un placer leerle. Yo que usted, me lanzaba a escribir ese libro y me olvidaba de seguir enviando CV a diestra y siniestra.
Quizá encuentre ud. tiempo para hacerlo si deja de escuchar conversaciones ajenas...jajaja

El Señor de las Moscas dijo...

Comentamos, segunda ronda:

Sir Di: es que si se fija usted, a lo tonto a lo tonto, la mitad de las cosas de este mundo son pecados. Haga suyo el gran dicho que exclamó Martirio (¿era Martirio? Siempre dudo...) en una tarde torera que ni Confucio: 'Todo lo que me gusta es inmoral, ilegal o engorda'.

S.: para zombies follando los de 'Tu madre se ha comido a mi perro', película de Peter Jackson que le recomiendo a usted si antes se abstiene de cenar, eso si, o con el estómago bien reposado. No es por establecer paralelismos, yo lo dejo ahí como referencia frikintelectual. Que luego hay quien se ofende...

F.Gordon; yo ya expuse en este mismo blog mi teoría de que el día que nació Esperanza Aguirre hubo una lluvia de sangre, rollo plaga de Egipto. Lo de la inmortalidad de toda la vida es un hecho contrastado.

Bibliobulímica; cuánta razón tiene. Más que un santo (que una santa). Si algún día publico mi celebérrima novela apócrifa, prometo dedicársela apócrifamente, por tan impagable encouraging.

bibliobulimica dijo...

atenta estaré de que cumpla usted cabalmente su palabra o también le echaré miradas fulminantes (que le harán lo que el viento a Juárez...lo se...)
;-)

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