... El porqué de una mosca encerrada en un bote: La importancia de ser Tauro (I)

6 de noviembre de 2009

La importancia de ser Tauro (I)

6 de noviembre de 2009
Dedicado, montera al viento, a ustedes, lectores. Y no por dorar la píldora, ojo, que también; sobre todo, porque hoy cumplimos ciento cincuenta entradas, y es gracias a ustedes. Por eso y porque son muy majos. Qué coño.
Anteayer volvía yo a Madrid por esa A-1 que quita el sentido cantando a pulmón tendido tú eres como el sol de la mañana que entra por mi ventana, que entra por mi ventaaanaaa. Featured, por cierto, by Palito Ortega. La canción, digo. Porque –apunto sucintamente– la versión original es de él. Por mucho que la más recordada sea la de Marisol.
Venía yo cantando a grito pelado, les decía, éste y otros grandes hitos de la mamarrachada máxima –o mamarrachérrima–, hitos que por otra parte negaré ante un tribunal y hasta ante la bandera de Estados Unidos tener grabados en un CD para este tipo de situaciones en las que nadie me ve, ¿Palito Ortega yo?, exclamaré indignado, te confundes de moderna, aseguraré, yo sólo escucho a Antony and the Johnsons, a Franz Ferdinand, a Mika cuando estoy en plan comercial y como sumo ejercicio de vintage, apuntaré esgrimiendo el dedo índice en el aire, a David Bowie. Y me iré indignado previa media vuelta a golpe de foulard. ¡Ja!, espetaré. Habrase visto tamaña ofensa.

Iba yo cantando, les decía, estas mierdas de canciones que negaré en redondo haber cantado jamás, en particular este título de Palito Ortega cuando, estando en pleno momento estribillo, en pleno momento éxtasis teresiano, casi sacando la cabeza por la ventanilla para gritar al universo tengo el corazón contento, corazón contento lleno de alegría –imagínense la estampa–, va y se me cruza en la carretera un gato. Un fistro de gato salido de la estepa burgalesa a la velocidad de un esputnik. Chiun. No me dio tiempo a mirar mucho, es justo decir, de modo que a la conclusión del gato –o la de la comadreja, o a la del zorro; a la del que lo que se me cruzó fue un pequeño mamífero, en resumen– llego yo habida cuenta de que hablamos de la meseta castellana a las cinco de la tarde, lo que elimina de antemano posibilidades factibles pero poco probables como la del mamífero acuático, la de la mesita de noche o la de Morgan Freeman, por ejemplo.
El caso es que se me cruzó el gato, o lo que fuera, y previa maniobra evasiva inspirada seguramente porque momentáneamente me poseyó algún espíritu guardián capaz de esas maniobras evasivas al volante –yo soy tan inútil que sería capaz de estamparme contra un gato yendo corriendo, andando o mismamente a la pata coja; no les digo nada si voy conduciendo–, momentáneamente poseído, les decía, por mi ángel de la guarda o el ángel de la guarda del propio pequeño mamífero, un ángel en todo caso capaz de hacer mortales derrapes sin salirse de la carretera, ejecuté singular maniobra evasiva cual persecutor de la furgoneta del Equipo A, chirriada de ruedas incluida, y sortee magistralmente a la alimaña. No sin caer presa en ello de dos infartos, una arritmia y tres embolias cerebrales del susto. El animalejo, por su parte, salvó el pellejo no sin ejecutar antes cara de ayvadiósporquepoco, y desapareció triscando por los secarrales burgaleses. Fin del primer acto.
A los cinco minutos estaba yo aliviando la taquicardia en Vivar del Cid, que es un pueblo cercano a Burgos D.F. mundialmente conocido porque allí vino a nacer una lluviosa mañana de 1043, ahí es nada, el celebérrimo The Campeator Cid, no por nada llamado Rodrigo Díaz de Vivar. A ver si se pensaban que Vivar era de apellido. No señor, era el pueblo que, en magistral giro lingüístico, ahora lleva el nombre del Cid. Hubiera sido curioso que el pueblo ya se llamase así en época del Cid. El Cid se llamaría Rodrigo Díaz de Vivar del Cid. Esto es una divagación gilipollesca, no me hagan caso.
El caso es que estaba yo en Vivar del Cid, en una cafetería de estas a pié de carretera, pálido perdido y agradeciendo el pellejo a San Cristóbal, patrón de los conductores, y a san Pancracio, patrón de la potra –de la buena suerte, en su nomenclatura tradicional–, presto a echarle seguidamente una novena entre dientes, como las viejas de pueblo, a jesusitodemividaeresniñocomoyo, cuando el señor que a mi lado apuraba su café avec le croissant –o cruasán, o mejor aún, siguiendo con el registro de vieja de pueblo: cu-ra-sán–, el señor que apuraba café y curasán, les decía, deja libre el periódico y a él que me lanzo con ahínco. Al periódico, no al señor. El señor no me había hecho nada. Y es que así son mis accesos de justo agradecimiento de mi vida a las potencias celestiales: fugaces. Me veo de cabeza en el infierno, se los juro.
Cojo el periódico, les decía, y a tenor de los titulares de la portada y el editorial me entero, así cómo quién no quiere la cosa, de que según avalan recientes informes, en un solo año la recesión económica ha devuelto las estadísticas que refrendan con números la escisión entre ricos y pobres a los niveles de hace treinta años. Que se han muerto el mismo día Francisco Ayala y Lévi-Strauss, el día en que se ha desbloqueado la negociación del Tratado de Lisboa y que con ello Europa tendrá el año que viene, entre otras cosas, un Presidente. Y finalmente, que acaban de cartografiar Mercurio por primera vez. Qué gran retrato del mundo contemporáneo, pienso, constituye esta portada. Deberían guardar el periódico de hoy, cuatro de noviembre, en una cápsula, y abrirla dentro de mil años. Y este pueblo, además, sería un buen lugar para enterrarla. Por la cosa simbólica, no sé si me entienden.
Motivado, lo que les digo, por un resumen tan sintético de en lo que el mundo se ha convertido en 2009, como si me acabara de enterar, me lanzo a las noticias. Muertos, lo que les decía, Ayala y Lévi-Strauss. A las ciento tres castañas de edad, el uno, y a las cien clavadas, el otro. Me pasmo de la longevidad de sendos genios y la enjuicio muy justa. Bien merecieran vivir cien años más, pienso. Ayala, por lo visto, se levantó, desayunó y anunció aún sentado en la mesa de la cocina, desde una lucidez que quita el hipo, que se iba a morir. Cuándo, le preguntó su asistenta. Ahora, ya. Me voy a morir ahora mismo, respondió él. Le pidió a ella y a su mujer perdón por todo, se despidió y se murió el hombre como un pajarito. Qué gran manera de morirse, concluyo. Ole y ole la gente que hasta para finar tiene tronío. Leo después que según pronostica no sé qué manga internacional de expertos en economía, finanzas y demás actividades de rapiña, en España hay ahora y habrá a medio plazo menos ricos y más pobres. Y que los sin techo de Madrid han aumentado su número, sólo en lo que llevamos de año, en casi un veinte por ciento. Que por lo visto hay medio millón de jóvenes y jóvenas, ahí es nada, que ni trabaja, ni estudia ni busca trabajo. Y también que un satélite acaba de cartografiar Mercurio. Lo cual me da funfún, fíjense, porque uno de los detalles de mi personalidad que evidencia la frágil línea que separa la rasa excentricidad por pose del trastorno clínico de empezar a preocuparse directamente es que siempre he sentido una especial predilección por Mercurio frente al resto de los planetas. Ya ves tú. Y leo después que además acaban de descubrir el cúmulo de galaxias más antiguo de cuantos se conocen. Trece mil seiscientos millones de años de cúmulo de galaxias.
Y de repente, fíjense que la rapidez para cambiar de registro no sólo me afecta en lo religioso sino también en lo trascendente, me doy cuenta de la absoluta intrascendencia de la portada que alababa hace escasos diez minutos. De la nada que ciento tres años suponen frente a trece mil seiscientos millones. De hasta qué punto la muerte de Lévi-Strauss y Ayala supone no más que una cagada de mosca en la historia de nuestra civilización, a su vez cagada de mosca de la historia del planeta, a su vez cagada de mosca en el conjunto de la galaxia que se integra en un grupo de galaxias que, además, ni es el más grande, ni el más antiguo, ni el más importante. Un grupo no más que una cagadita de mosca más en el conjunto del Universo. Ahí te las den todas, Rubencito, me dije a mí mismo. Coge el coche y tira millas. Y esperemos que con suerte te encuentres otro gato, y que esta vez no falles el tiro. Fin del segundo acto.
Y cuando voy a pagar, poso el periódico y me doy cuenta, al ver su reverso, de que no me he leído el horóscopo. Cosa que hago siempre, no se crean. No me pregunten por qué, pero me lo leo, avalando con mi costumbre claramente estúpida el porqué de que existan en los piriódicos una sección dedicada a esa moto pintada de verde que constituye la astrología; porque todo el mundo lo lee, así se declare detractor firme del asunto. Como yo me declaro. Despliego el periódico y leo. Cito todo lo textual que me permite la memoria, dos puntos:
Tauro. 21 abr.-21 may. Has tenido un susto muy recientemente y esto te hace revalorar el sentido de la vida. Aprovecha esta ocasión que te brinda el paso de Mercurio, tu planeta predilecto, por tu casa no para achicarte sino para encauzar tus relaciones con los demás, muy descuidadas últimamente. Tendrás una satisfacción de tipo afectivo: descubrirás que una persona te está echando de menos aunque la tienes al lado. No cejes en tu empeño laboral: la ocasión está cerca.
Me quedo, literalmente, con el culo torcido. En lo primero –lo del susto– ha acertado de pleno; en lo segundo –la revisión de la vida así, como concepto abstracto– a raíz de lo primero, también; y también en lo de muy reciente. No digamos en lo de Mercurio. Lo de que mis relaciones con los demás están casi vistas para sentencia es totalmente cierto, si bien no constituye una novedad –así que me impresiona, pero menos–. Lo de la persona que me echa de menos pues hija, no sé; desde aquí lanzo un llamamiento público. Manifiéstate, y nos tomamos un café, aunque sea. Y lo de que la ocasión laboral esté cerca, la verdad, no me lo creo mucho, pero casa con mis últimos movimientos tácticos –con éstos y con un poco de suerte–. De modo que en fin, que Dios te oiga.
Me quedo, en todo caso, como les decía, con el culo torcido. Qué tino, oiga. Qué puntería. Ni Esperanza Gracia en su programa este de madrugada en Telecinco. Y eso que Esperanza Gracia es tan ambigua que siempre acierta. Pago el café con la clara sensación de que soy Truman, el de El Show del Ídem, y me marcho del bar vigilando mi espalda, no sea que alguien me esté siguiendo.
Fin del tercer acto.
(Y en breves, la segunda entrega)

15 comentarios en el bote:

Sir Di dijo...

Cuando habitaba en la capital de las Españas y era becario precario, nos juntábamos unos 8 o 10 y nos leíamos el horóscopo del 20 minutos unos a otros. Llegó a ser tal nuestra rutina, que un día cogimos el 20Min y le leímos el horóscopo a la gente que iba en el metro con nosotros.

Para recordar esos futuribles hoy me han dejado en el Facebook, la predicción de Virgo. ¿Coincidencia?

Luc dijo...

Señores:
Felicidades por la centésima quinq... centicuan... la entrada nº 150! no me extraña que sea tan prolífico si cuando menos se lo espera se le cruzan bichos y periódicos y planetas que le ponen a pensar en lo más grande. Entre lo que le pasa y lo que se le ocurre (por fortuna) vamos a tener para rato.
Reciba usted un afectuoso choque de cuernos de una capricornio. Mañana se lee usted mi horóscopo y me cuenta, porque yo nunca lo leo. Tampoco.
Saludos

bibliobulimica dijo...

¡cómo me he reído imaginando la cara de ayvadiósporquepoco del gato!

dos infartos, una arritmia y tres embolias cerebrales y al final el culo torcido ¡vaya nochecita que tuvo usted ehhh!

El Señor de las Moscas dijo...

Comentamos con mediana presteza:

Sir Di: hay que ver en qué entretenimientor tan bizarros ocupa usted su tiempo, oiga. Leyéndole el horóscopo a los trranseuntes del metro. ¿Le pedían a cambio unos peniques o era más por al amor al arte?

Luc: Gracias por la felicitación. Choquemos nuestros cuernos en regocijo. Placa. Prometo leerle el horóscopo -tampoco- y mentirle si lo que dijera no fuese bueno.

Bibliobulímica: ya ve usted, qué cosas. Y eso que hay gente que me llama aprensivo y enfermo imaginario de Moliere y cosas peores que no me atrevo a repetir en este post tan fino.

F. Gordon dijo...

Me ha encantado que parecía la típica desvariación multitemática aleatoria pero al final todo resultaba estar perfectamente conectado, la verdad es que es para quedarse con el culo torcido.

El Señor de las Moscas dijo...

F. Gordon; ya ve usted que a mí las anécdotas me ocurren con planteamiento, nudo y desenlace directamente ya en la vida directa.

El Perro Lunar dijo...

Este post es un ensayo para esa novela en la que empiezan muchas tramas que luego tienen dificultades para encontrarse y que el mundo entero espera con ansiedad.

Por lo demás habla usted de tantas cosas que necesitaría media hora para comentarlas todas y, vaya, no la tengo ahora.

Enhorabuena por las 150 entradas y que sean muchas más, que aquí estaremos para disfrutarlas.

Anónimo dijo...

Siete vidas tiene un gato

loquemeahorro dijo...

¡¡Felicidades!! y gracias por salvar ese gato, yo estaba sufriendo mucho por él, según lo leía.

De las noticias como ese 20% más de indigentes, casi mejor no comento nada. Suspaqué.

Lo del horóscopo, no sé porqué te sorprende, los escribe Juan XXIII, por medio de Iker Jiménez o Tony Kamo (te acuerdas de ese hombre), que son sus representantes en el mundo de los vivos.

El Señor de las Moscas dijo...

Perro Lunar; de hecho, pienso empezarla con este mismo episodio de mi vida. Qué gran inicio, no sí lo ve usted. Desde Cien Años de Soledad no se recuerna nada igual.

PD. El bussiness marcha viento en popa.

Anónimo: su estilo le delata, petisuis. Y eso que es usted breve. O por eso precisamente.


Loquemeahorro: el gato se salvó él solito, sepa usted que en su muerte futurible yo participé para intento de precisamente lo contrario. Manque me pese. Genial su teoría conspiratoria sobre la autoría del hosróscopo y magistral la aparición final de Toni Kamo. ¿Cómo olvidar a este prodigio del mentalismo, lo más grande parido por Sevilla en el fino arte del un dos tres dormi, lo más interesante, pero dónde va a parar, del espacio ¡Hola Rafaela!, de cuando Rafaela lo petaba y hasta tenía un espacio?

Ibán dijo...

Yo te soy de Escorpio -y muy orgulloso, pero también lo que me jode a veces- porque otra cosa no, pero Escorpio de manual... sí, sí, sí.

El Señor de las Moscas dijo...

Ibán; desconozco los atributos de escorpio, oiga. ¿No será por el veneno? Con lo amor que es usted.

Neuroscopetrix dijo...

Te leo y me quedo, literalmente, con el culo torcido.

El Señor de las Moscas dijo...

Neuroscopetrix; pues míreselo, oiga. Para mí que no puede ser bueno.

Mr.Incógnito dijo...

Vaya arrebato metafisico ha sufrido usted, oiga. Una Road Movie con gato ex machina, un edificio perdido con información del futuro...como entre aquí el señor Lynch va a tener material para tres pinículas y una carta de ajuste.

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