Vaya por delante que yo soy poco aficionado a los videojuegos. Para empezar porque los videojuegos propios de mi generación son de simulación, del tipo Doom o Resident Evil, en los que eres un figurín que va tranquilamente andando por la calle sin hacerle daño a nadie para que de repente te aparezca un monstruo horrendo detrás de la esquina y te descuartice allí mismo. De poco me vale que el figurín vaya armado hasta los dientes y aprovisionado con una ametralladora cósmica de repetición a cuatro tiempos, con la que puedes matar diecisiete monstruos de una ráfaga: particularmente no puedo con estos juegos tan sorpresivos y con tan mala baba. Mi concepto de pasar el rato no incluye jugar a un juego en el que cada dos minutos sufra un conato de embolia porque un monstruo zombi horrendo mutante me salga de detrás de una esquina pegado alaridos.
Precisamente por esto siempre he sido más aficionado al videojuego ligero, también llamado por algunas personas a las que no quiero mencionar porque esas personas son unas mamonas, videojuego para niñas o para mariquitas. Entre estos incluyo, por ejemplo, a Los Sims. Mi idilio con Los Sims fue breve porque la dinámica siempre era la misma; me construía un palacete estilo colonial de diecisiete plantas, me ponía a vivir allí, venía el vecino, me lo ligaba, fundábamos una familia burguesa homosexual interracial del siglo XXI –mi vecino siempre era hombre, homosexual y negro, no me pregunten por qué–, adoptábamos un bebé y hasta ahí, porque nunca descubrí cómo coño se daba de comer al bebé. Al final venían los servicios sociales diciendo que qué vergüenza, tener un bebé en ese estado, que mi marido y yo éramos unos sims perversos y descastados, un asco de sims, en resumen, y me quitaban al bebé. Una vez creí encontrar la solución a sus llantos –a los del bebé, no a los del negro: es que cada vez que nos arrebataban al bebé, no vean qué pechadas que se cogía el tío– la solución a sus llantos, les decía; agarré un cacharro con forma de biberón que encontré en la cocina de mi palacete colonial y se lo puse al bebé en la boca, con tan buena suerte que el biberón resultó ser un jarrón y que resultó que no se lo puse en la boca, si no que se lo estampé en la cabeza. El bebé se calló de inmediato, eso sí, pero no vean cómo me puso la brigada policial que se plantó en mi casa. Infanticida, me dijo un sim-policía. Asesino de bebés. Tontolculo.
Mi fracaso con los juegos de simulación propició mi recaída en el arcade –que había abandonado a la edad de siete años, como la mayoría de los seres humanos–, del género Súper Mario o Sonic. También jugué una temporada al Puzzle Bubble, un juguecito cuyo principio lúdico es disparar unas bolitas e ir reuniéndolas según sus colores para que, cuando juntes más de tres iguales ¡pop!, exploten: pueden imaginarse que los cimientos de mi casa han retumbado al son de mis terribles blasfemias intentando dilucidar no sólo qué bolitas eran las verdes y cuales rojas, si no también, y más importante, porqué un juego para niños incluye un abanico cromático imposible de abarcar para cualquiera que no sea un pintor postimpresionista del siglo XIX –incluyendo, en sus fases avanzadas, aberraciones de la naturaleza tales como el cian, el salmón, el perla y mi archienemigo: el beige–. Hubo incluso un día de intenso Puzzle Bubble en el que mi madre, alarmada por el característico olor a carne a la parrilla que desprende mi daltónico cerebro en este tipo de ocasiones en las que me afano en discernir colores sin más argumento que por mis cojones que esto es verde, un día, les decía, en el que mi madre llamó apresuradamente a la ONCE para preguntar si podían enviar un intérprete cromático a mi casa urgentemente para que su hijo pudiera pasarse el jueguecito de las bolitas de los cojones –ya ven que el cojón es una poderosa fuente de argumento en mi casa– sin caer presa de la epilepsia, la crisis de pánico o la muerte fulminante por reventón del tallo cerebral. En la ONCE le dijeron que esos conceptos clínicos no existían en sí mismos pero que sin embargo tenían un programa de educación social para familias desestructuradas o estructuradas pero con hijos mongólicos profundos que a los mejor nos interesaba. Mi madre dijo que se lo pensaría.
Les cuento todo esto porque resulta que me he enganchado a un nuevo juego, que salió hace un año y que se llama Spore. El Spore es un juego que lo está petando bastante en el mundo del friquismo contemporáneo, en el que al principio eres una célula flotando en la sopa primordial y te vas comiendo a otras células, luego evolucionas a pez, luego a anfibio, luego a bicho terrestre, luego evolucionas y te van saliendo partes, luego evolucionas y te cambias las partes, luego evolucionas y descubres el fuego, luego evolucionas y descubres la escritura, luego la imprenta, luego los coches de choque, los i-pods, y finalmente evolucionas y descubres los viajes interestelares, fundas un imperio espacial y te lanzas a conquistar la galaxia. Está muy bien porque te puedes evolucionar tu propio bicho en la forma que te dé la gana, de alien, de ser humano, de perro, de Paz Padilla, y luego jugar en plan juego bélico de estrategia y además interestelar, galáctico y todo en 3D, y eso es algo que a los inadaptados sociales nos da mucho funfún.
Mis hermanos Héctor –el mediano–, César –el pequeño– y yo jugamos juntos porque compartimos los mismos gustos en lo que a desperdiciar días de sol se refiere, y ya hemos llegado a la fase galaxia y jugamos la misma partida vía internet, y aunque vivimos todos en la misma galaxia el otro día hicimos un pacto de no-agresión entre nuestros imperios respectivos porque creemos en la alianza de civilizaciones y además, estuvimos todos de acuerdo, estaría feo aniquilarnos entre nosotros como perros, quieras que no es algo que uno no se espera de tres hermanos de sangre normalmente constituidos. Este acceso fraternal filantrópico nos ha entrado en la edad adulta, no se crean; en la edad infantil considerábamos que sacarnos los ojos y estamparnos las cabezas contra las paredes los unos a los otros era la forma natural, incluso bella a su manera, de dar por concluido cualquier juego, entretenimiento o actividad lúdica de cualquier tipo.
El caso es que estaba yo el otro día en mi casa de Cantabria y se produce esta bonita escena a gritos entre mis hermanos y yo, cada uno en una habitación, cada uno en su propio ordenador.
HECTOR (mi hermano mediano) – ¡¿Qué es eso que me acaba de pasar al lado de mi nave?!
RUBÉN (este soy yo, que todo hay que explicarlo) – ¡Una nave comercial Ortyx!
HÉCTOR – ¡Ya, pero de dónde es!
RUBÉN – ¡Del Planeta Ortyx, Héctor, por eso se llama nave comercial Ortyx!
HÉCTOR – ¡Ya, pero de qué sistema estelar!
RUBÉN – ¡Del sistema Qatr-45!
HÉCTOR – ¡¿Ein?!
RUBÉN – ¡Héctor, el sistema Qatr-45!
HÉCTOR – ¡¿Mande?!
RUBÉN –¡Cu-a-te-erre-guión-cuarenta y cinco! ¡Cómo ‘Qatar’, pero sin la u, y luego un cuarenta y cinco!
Se hace el silencio en la habitación de Héctor.
HÉCTOR –¡¿Y dónde coño lleva ‘catar’ la u?!
RUBÉN – ¡Héctor, ‘Qatar’ como el país, no ‘catar’ de catar!
HÉCTOR – ¡¿Hay un país que se llama ‘catar’?!
RUBÉN – ¡Héctor, el sistema estelar ese tocho que hay en tu sector, el de los planetas alrededor de la pelota roja gorda!
HÉCTOR – ¡¿Eso es Catar?!
RUBÉN – ¡No, Héctor, eso es el sistema donde está el planeta Ortyx!
HÉCTOR – ¡Ah! ¡Vale! ¡Haber empezado por ahí!
Se oye un grito procedente de la habitación de mi hermano César, mi hermano el pequeño.
CÉSAR – ¡Es una gigante roja!
RUBÉN – ¡¿Qué?!
CÉSAR – ¡Que no es una pelota gorda! ¡Es una estrella en fase de gigante roja!
Se hace el silencio. Mi hermano César es que se pone a jugar al Spore, se emociona, le parece que está en la NASA o en la ESA y te pega unas charlas sin venir a cuento que se debe creer que es Stephen Hawking.
CÉSAR – ¡Y ‘Qatar’ ya se escribe sin la ‘u’ después de la ‘q’! ¡Así que no hace falta quitársela!
Lo cual no es óbice para que simultáneamente se crea que es académico de la Real Academia y te pegue también unas charlas ortográficas que yo, se lo juro, hay días que he llegado a marearme. Para eso no le hace falta ponerse a jugar al Spore; eso lo hace a todas horas por amor a la lengua de Cervantes.
RUBÉN – ¡Gracias por el apunte, César, que haríamos sin tu sapiencia!
CÉSAR – ¡Permanecer en la ignorancia, eso es lo que haríais!
No se corta. El tío no se corta.
HÉCTOR – ¡¿Pero entonces es en el de la pelota gorda roja o no?! ¡A ver si me voy a cargar el sistema que no es por vuestra culpa!
Decido escribirle a Héctor a través del chat del juego, para comunicarme con él sin que se entere César. Ya ven que es un juego muy completo.
CARL SAGAN escribe:
Bueno, lo primero es que mi nombre en clave es Carl Sagan. Si César se cree Stephen Hawking, yo me creo Carl Sagan: en el fondo, son dos modos de ver la vida no muy diferentes. Escribo:
CARL SAGAN escribe: Héctor, soy Rubén, no digas nada, te escribo por aquí para que no se entere César.
Mi hermano Héctor me responde.
PEDO ESPACIAL escribe: vale.
Son tres modos diferentes de ver la vida, en el fondo muy diferentes.
CARL SAGAN escribe: No estás harto de la enana marrón pedante esa???
La enana marrón es mi hermano César. Le llamo así porque es el más pequeño de los tres. Son bromas que hago yo.
PEDO ESPACIAL escribe: de kien???
Es lo que tienen mis bromas, que no las entiende nadie.
CARL SAGAN escribe: Héctor, de César. Que si quieres que le fulminemos y nos quedemos con sus planetas.
PEDO ESPACIAL escribe: No sé. él me está diciendo por la otra línea que si me alío con él para eliminarte horrendamente y quedarnos con tus planetas. así que aún estoy indeciso.
RUBÉN (esto ya es gritando, sin chats ni hostias) – ¡¡César!! ¡Rata traicionera, petulante absurdo, cara de culo, cómo se te ocurra acercarte a mi sector, te fulmino!
No se oye nada.
RUBÉN – ¡¿Me estás oyendo!?
Silencio. Qué sangre fría tiene, el muy cabrón, todos los traidores son iguales.
RUBÉN – ¡¡Bueno, estás avisado!!
Se me abre una ventana nueva en el chat del juego.
ANAKIN SKYWALKER escribe: Y tú estás muerto.
Considero absurdo ponerme a escribir mensajes secretos por el chat éste, así que emprendo comunicación directa según el método verdulero tradicional.
RUBÉN – ¡Ja! ¡Tontolculo! ¡Inténtalo si tienes huevos! ¡Mamón! ¡Tengo un blaster-láser de repetición del cojón que me acabo de comprar en el planeta Esparán! ¡No puedes hacer nada contra esa arma!
Me aparece un mensaje del el juego.
ANAKIN SKYWALTER y PEDO ESPACIAL se han aliado.
No me lo puedo creer. Decido expresar mi indignación.
RUBÉN – ¡Cabrones! ¡Hijos de puta!
Me aparece otro mensaje:
ANAKYN SKYWALTER y PEDO ESPACIAL le han declarado la guerra a CARL SAGAN.
Flipante, vamos. No hay palabras.
RUBÉN – ¡Eso! ¡Eso! ¡Venir para acá, que os estoy esperando!
Me pongo a reunir mi naves espaciales, porque entre que lo de que tengo un bláster-láser es un farol, y que lo de que es de repetición me lo he inventado yo directamente, resulta que estoy en bragas. Cuando estoy en ello, me aparece un mensaje de Héctor.
PEDO ESPACIAL escribe: que dice mamá que a cenar.
Y eso que estamos en guerra.
CARL SAGAN escribe: ¡Ja! No me hagas reír, no se te ocurre…
Recapacito. Decido comunicarme verbalmente para ir más rápido, y concretamente a gritos, para impresionar más.
RUBÉN – ¡Ja! ¡No me hagas reír! ¡¿No se te ocurre nada mejor para desviar mi atención?!
Porque era claramente lo que estaba intentando hacer.
Aparece un nuevo mensaje en mi pantalla.
PEDO ESPACIAL escribe: que es verdad!! dice que a cenar y que dejemos de gritar…
RUBÉN – ¡Héctor, que no he nacido ayer, te debes pensar que me chupo…!
MI MADRE, a gritos: – ¡¿OS ESTOY DICIENDO QUE DEJÉIS DE PEGAR GRITOS Y QUE BAJÉIS A CENAR, COÑO, QUE ESTO PARECE UNA CASA DE LOCOS!!
Pues era verdad. En el fondo, Héctor es un buenazo, no tiene picardía para estas cosas. El que le lía es la otra rata traicionera.
Le doy al pause y me dirijo a la cocina, mientras coordino mentalmente mis estrategias de aniquilación para después de la cena. Se van a cagar, pienso.
Llego a la cocina y me encuentro a mi madre con cara de circunstancias. Lo de la falta de picardía le viene a Héctor por parte de madre.
–¿Mmmmh, no estaba ya la cena? –pregunto, entrando repentinamente en estado de máxima alerta–.
Mi madre no responde.
–Mamá, mírame a los ojos y dime que la cena está hecha…
Mi madre se derrumba y confiesa.
–¡No, no está la cena, tu hermano César me ha comprado con malas artes para que grite que bajéis a cenar, pero la cena no está!
Mi hermano Héctor y mi propia madre, ambos en el ajo. Untados por César. Qué familia de traidores. Parecemos los Borgia. O los Thyssen.
–¡Mamá, a ti lo de querer por igual a todos tus hijos es que no te suena, o qué coño te pasa!
–¡Ay, yo que sé, es que me mira con esos ojos, y como es el pequeño, digo, pues hombre, a ver si así gana, Rubén, que siempre le ganáis a todo, que sois un poco abusones!
–¡Mira, mamá, punto uno, no tienes memoria histórica ninguna, lleva diez años ganándonos a todo lo que juguemos, por cosas como ésta, precisamente, mamá, que te lía te lía y siempre acabas cayendo! ¡Y punto dos! ¡¿Qué va a haber de cenar?!
–¡Empanadillas! ¡Pero no ahora, dentro de un rato!
–¡Eso me ha quedado claro!
Se oye un grito procedente de la habitación de mi hermano César.
– ¡Ja! –
Voy corriendo a mi ordenador, pero cuando llego es demasiado tarde. Un mensaje dice:
CARL SAGAN ha sido destruido.
Y luego sale otro que dice.
El jugador CARL SAGAN ha sido eliminado.
Y luego otro que dice.
ANAKYN SKYWALKER y PEDO ESPACIAL se han repartido los planetas de CARL SAGAN.
Y luego una ristra de mensajes que dice:
ANAKYN SKYWALKER y PEDO ESPACIAL han roto su alianza.
ANAKYN SKYWALKER le ha declarado la guerra a PEDO ESPACIAL.
PEDO ESPACIAL ha declarado la rendición.
ANAKIN SKYWALKER no ha aceptado la rendición de PEDO ESPACIAL.
ANAKYN SKYWALKER ha destruido a PEDO ESPACIAL.
PEDO ESPACIAL ha sido eliminado.
ANAKYN SKYWALKER se ha apropiado de los planetas de PEDO ESPACIAL.
ANAKYN SKYWALKER es ahora el dueño de la galaxia.
Oigo las risotadas de César, que se carcajea en su habitación como la hiena que es. Y cuando el Pedo Espacial, o sea mi hermano Héctor, baja por las escaleras, me dice:
–¡Ya lo sé, ya lo sé! ¡No me digas nada! ¡La próxima vez me aliaré contigo!
–No sólo te dejas liar por tu hermano pequeño –le digo yo, que jamás he sabido ser magnánimo en la derrota, de hecho soy bastante machacón y bastante para querer perderme de vista–, si no que encima perviertes a tu propia madre. Qué vergüenza.
–Me engañó, Rubén, me engañó…
–Como siempre…
Eso si; mi madre me puso las empanadillas más gordas. El sentimiento de culpa, que le pudo.





Publicado por
El Señor de las Moscas



20 comentarios en el bote:
¡Jajajajaja, he disfrutado de lo lindo! Yo siempre fui de juegos de rol (así ando ahora, descuartizando a vecinos y enterrándolos en el sótano, junto a Azote que por más que quiera no vuelve... estoy por tenderle alguna trampa con un cartel de dudosa ortografía en el blog), pero no desprecié los mareos psicotrópicos de tardes de contemplación de las maravillas 3D del castillo de Wolfenstein mientras un amigo manejaba al inquieto protagonista.
Ahora bien, con lo que me he sentido identificado (llamadme friqui) es con el alias (no, nick, nick... XD) de Carl Sagan. En fin, espero que al menos las empanadillas fueran bien, bien ricas.
Hummmm... ¿soy el primero? ¡Bien! :D
Saludotes.
Hombre de los Libros:
Es usted el primero, en efecto. Aunque no se crea que esto constituye un gran mérito en un post con una media de diez réplicas. Leáse con toda la inquina y rechinamiento de dientes que quiera.
Yo no jugué al rol, fíjese usted, porque en mi casa, en los tiempos del rol, el rol y la palabra 'rol' en sí misma estaban prohibidos. Eran los tiempos en los que unos simpáticos jóvenes, en una actitud claramente esquizo ante la vida, decidieron matar a alguien porque estaban jugando al rol con personas de verdad. Y ya se sabe que todo el monte el orgasmo y que tema que tocaba Nieves Herrero, tema que se constituía en dogma inapelable en los hogares de España.
Y lo de Carl Sagan: yo al principio pensé en ponerme 'Darth Vader'. Si usted se considera un freak es que yo directamente debería desintegrarme.
¡Qué bueno! jajaja
Me recuerda a cuando juego al Risk con mi hermana...
Qué buenísimo! Yo soy de tu generación y tampoco se me daban los juegos esos de matar por matar, demasiada violencia. Los de coches, demasiados derrapes. Los de mesa, joder con los dados!
Pero mi sonic... ay mi Sonic (y su zorrito Tails)... ese sí que era apto para mí!
Luego vino mi vicio absolutamente supremo: Age of Empires. Qué de horas tiradas por la borda, tardes, noches, fines de semana, ¡todo! con mis ejércitos contra todo quisqui...
Y cuando me conseguí desenganchar, ví el anuncio del Spore (hará un año y medio) y casi me da un soponcio, estuve a punto de recaer, y hoy al leer el post he vuelto a estar a punto. Y digo NO!! pero en mi interior quiero decir SI...
Me he muerto de risa con la entrada, qué capullo tu hermano pequeño!
La parte de los Sims me ha encantado, sobre todo lo relativo al (pobre) niño y a los servicios sociales.
Comprar a una madre... eso no se hace, la pobre habrá estado como en La Decisión de Sofie.
Solo que con empanadillas.
ja,ja, yo sólo jugué un par de veces a los sims, y jugaba a dejarlos sin comer, sin beber, sin limpiar la casa y sin ir al baño.... salían moscas de la fregadera, se lo hacían todo encíma.... divertidísimo!!
Ana.
Yo dejé de jugar al Sims cuando mi hermana me robó a mi propio personaje, casándolo con el suyo y llevándoselo a su casa... no pude superar semejante traición.
El mejor nick de los que teniáis en el Spore era Pedo Espacial, sin duda, aunque Carl Sagan es muy grande.
Vaya, que vengo desde Loquemeahorro y vuelvo a morir de risa con este post...
Ya me detendré a explorar un buen rato.
Desde La Habana, claro, que cualquiera tiene un amigo habanero, eh?
AD.
Yo estaba enganchadísimo a los Sims, pero a mi sólo me gustaba construir casas. Que si una estilo Bauhaus, que si una estilo Andaluz, que si una casa castellana, etc. Y al Theme Hospital, que a la menor te empezaban a potar en el pasillo.
Aún guardo mi SuperNintendo, y de vez en cuando juego a Kirby, SuperMario o Donkey Kong
Respondemos debidamente:
F. Gordon; fíjese que yo al Risk jugaba así: tirabas el dado, salía un tres, por ejemplo, cogías una miniaturita y avanzabas tres países. Uno dos y tres. No me diga que no nos matábamos con la complejidad.
Isi; diga usted que sí. Le recomiendo el Spore, pues, encaricidely, si bien deberá usted disponer de tiempo et paciencia, porque es de los de echarle horas. A mí el Age of Empires nunca me hizo especial funfún, fíjese, demasiado realista para mis gustos bizarros.
Loque: no se crea que se lo pensó mucho, oiga. Lo que yo le diga: como los Thyssen. O peor.
Ana: amiga sádica de la vida: yo creo que a eso hemos jugado todos alguna vez. ¿Ha probado usted a que se peguen de tortazos a mano abierta entre ellos? Harto divertido, también.
F. Gordon; veo que en su familia tmbién son ustedes como los Thyssen-Borzemsichrrtgfajhjagajklsha. Y Carl Sagan era grande, el hombre, sin necesidad de que nadie le pusiera como nick.
Milibrería; bienvenida sea pues usted a éste nuestro humilde y gilipollas púlpito. Considere ésta su casa. ¿Es usted la de los libros, by the way? ¿Cómo es que es usted tanmaja que anda enviando libros a diestro y siniestro?
Sir Di: Yo, le confieso entre rubores, he llegado a construir un puticlub de los Sims. No le digo más. Y también jugaba al Theme Hospial. Portento de juego, oiga. Cómo se iban vomitando y cagando y meando por todas las esquinas. ¿Habrá existido alguien en toda la historia de ese juego que no jugase a ver cuántos señorines conseguía que se vomitasen al unísono?
NOTA EDITORIAL:
Por si las moscas (encerradas en botes):
Los hechos aquí relatados están, eeeh... lejanamente inspirados en la realidad. Todo parecido con ella no sólo es mera casualidad sino directo embuste.
Hola, me voy a chivar, y sí, "MiLibrería" o Ade, es "la de la libros".
http://milibreria.wordpress.com/
Qué risas me he echado, madre mía. Si lo relatado es real, es una historia graciosísima. Si es ficción, no entiendo cómo no está usted triunfando ya en el mundo del guionismo.
Loquemeahorro: habíamos ido atando cabos, ya ve que la suspicacia no tiene misterios para nosotros.
Perro Lunar: en contra de lo que debería decir, le comentaré que es todo una gorda y flagrante patraña. No triunfo en el mundo del guionismo porque la menestra Sinde me tiene vetado. Que si no...
¡Ah como me he reído! es bueno saber que en la vida real, no son como los Borgia y su madre les quiere a los tres por igual
¿No será que en la vida real usted engatuzó a su madre para su beneficio? ¿será que hizo esta aclaración -de no ser tomado de la vida real- porque sus dos hermanos amenazaron con delatarlo aquí frente a sus fans???
A mí, mientras me dejes ganar...
A mí, mientras me dejes ganar...
(César)
A mí, mientras me dejes ganar...
(César)
Dios! Voy a tener que dejar de leerte en el trabajo, tengo a todo el mundo mirándome porque me estoy descojonando sin poder parar ... ES BUENÍSISISISISIMO!!!!!!!
Te enlazo ya pispo en el blogroll ¡figura!
Fan nomber uan
Joder, estoy llorando ...
@Salamadra:
Me alegro que le guste, señora mía. Un placer. Y sí, absténgase de partirse pertinazmente el ojo durante su jornada laboral, oiga. Que está la cosa como para sustos.
(Les enlazo también a ustedes en mi blogroll, by the way)
Un abrazo
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