... El porqué de una mosca encerrada en un bote: Siempre nos quedará Dinamarca

2 de diciembre de 2009

Siempre nos quedará Dinamarca

2 de diciembre de 2009
Esta tarde un amigo de cuño reciente me comentaba que era francófilo. Yo francófilo, dijo. Francófilo confeso. Y feliz en mi francofilia. Y no francófilo por lo franco, les aclaro: francófilo por lo francés. Francófilo por lo franco es, por ejemplo, Curry Valenzuela. Y francófilo por lo francés es, por ejemplo, Rossy de Palma. Más afrancesada que francófila, poniéndonos técnicos, pero ustedes me entienden. Les explico la diferencia –entre francófilo por lo uno y francófilo por lo otro– porque una vez asistí a una conversación en la que uno de los contertulios acabó diciendo pero vamos a ver, francófilo es que te mola Franco, o cómo. Y yo pensé Señor, llévame pronto.
El caso es que este amigo me comentaba que él es feliz entre los alasanfán y yo le dije que guay y que lejos de los que pudiera parecer –y aquí mento yo hábilmente a PerroLunar y a mi amigo Ángel, entre otros afrancesados ilustres– a mí todo lo que huela a Francia me parece bien o, al menos, mejor que lo que huela a patrio. O que promete más, si ustedes me entienden. Y que afrancesarse es siempre una gran idea. Y luego le conté la historia ésta del rey sueco que era francés de nacimiento que cuando agonizaba inconsciente en la cama le descubrieron el pecho para auscultarle y encontraron ahí un tatuaje que decía muerte a los reyes, porque resulta que antes que rey fue general de Napoleón. Porque soltar una anécdota nunca viene mal, cultura de Trivial, y para enlazar con la cosa sueca, que ahí iba yo: porque, continué explicando, por declararse confeso de un país, soy más de… de… Y me quedé en blanco.

Y es que, vamos a ver, ¿cómo se llama un fan de Suecia? ¿Suecófilo? Me suena mal. ¿Escandinavófilo? Me suena peor, no jodas; suena a filia de las chungas. Y bastante tengo con que últimamente todo el mundo me diga que tengo una personalidad claramente oral –es que ahora todo el mundo se ha vuelto psicoanalista barato de la noche a la mañana. O eso, o yo me he vuelto gilipollas– y con que el otro día mi amiga Vero, psicóloga profesional y vocacional –no psicoanalista–, me pillase arrancándome unas pestañitas ignotas –otro día les hablaré de mis tics; en mis tardes más toreras tengo ratos de gloria en los que le haría sombra al mismísimo Millán Salcedo hasta el culo de redbulles–, bastante tengo, les decía, con que el otro día me pillase arrancándome unas pestañitas y me llamase, atiende, tricotilómano. Huy huy, eres un tricotilómano, me dijo. ¿Esos son los que meten una bola en un cubilete y lo mezclan con dos cubiletes más y te hacen la picha un lío y al final te estafan?, pregunté yo. Esos son trileros, Rubén. Tricotilómano es el que se arranca las cutículas y las ingiere. Oye, yo cutículas ninguna, perdona que te diga: solamente las pestañas. Y no me las como, que además de una marranada es una ridiculez; yo sólo me las arranco.
Les cuento esto, amén de por hincharme de rajar, porque hoy ha salido la noticia de que Suecia ha levantado el veto legal que prohibía donar sangre a los homosexuales. Y a mí, lo anuncio desde aquí, se me ha caído el mito, porque no tenía ni idea de que en Suecia estuviese prohibido a los homosexuales donar sangre. Yo no soy donante de sangre pese a provenir de una familia con larga tradición donativa desde que me enteré que en este país perlado de autonomías hay dos –Cantabria y Murica– en las que se recomienda –se recomendaba–sucintamente, como quien no quiere la cosa, que los homosexuales no donen sangre. No vaya a pegársele algo a los receptores. Qué te diría yo, una hepatitis, una sínfilis, un sidazo o un mariconismo galopante, mismamente. No va a estar uno toda la vida observando un estilo de vida ordenado y leyendo el ABC y votando al Pepé para que luego te metan en el hospital y te peguen una guarrería de maricones. Ese día proferí voto a bríos que no veréis ni una gota de mi sangre, manga de fascistas, cabrones, francófilos, que eso es lo que sois, unos francófilos. Y me he mantenido estoico en mi promesa absurdo-reivindicativa pese a que hubo una época en la que en Ciudad Universitaria te amanecían todos los días cinco voluntarios exigiéndote sangre con un ahínco que ríete de Lestat cuando se ponía josco de la sed de sangre que tenía. Yo les decía primero que no educadamente y luego que no de nuevo con más educación y luego que no otra vez y les decía señora, soy donante de órganos, tengo mi carnet para que cuando me arrolle el trolebús los del SAMUR me registren la cartera y me saquen los higadillos allí mismo con mi autorización post morten, ¿no le vale? Y no les valía porque ellos de casquería no entienden, lo que querían era sangre, sangre, sangre. Y al final les tenía que decir señora, que no, que no dono, ea, que tengo prejuicios contra la donación. Y una vez uno me dijo, pero eres testigo de Jehová. Y yo le dije, por ejemplo. Porque no me voy a poner a explicarle mi vida ahí a cualquier desconocido que me asalte por la calle, vamos, sólo faltaba. Que ponga un poco de su parte y que lea este blog.
Y ahora me entero de que en Suecia, esa utopía futurista, el canon en ajuste al cual se mide el nivel de civilización de un país –dicho de otro modo; la civilización es la carrera de todas las culturas por intentar parecerse a la sueca: esta máxima la solté yo hace unas actualizaciones, para que vean con qué fruición me sale a mí la fe a la res escandinava–, Suecia, les decía, alhelí de mi ramillo, pitiminí de mi rosal, petisuis de mis mollejas, ha caído en la gilipollez esta que lo equipara, en materia, a Murcia y Cantabria. Y no a las Murcia y Cantabria de ahora, no: a las de los noventa, que es cuando todo esto ocurría. Y piensas cojona. Hay que ver lo listos que son para unas cosas y lo lerdos para otras.
Desde la trilogía Millenium, que el Diablo la lleve, está muy de moda que Suecia no mole tanto, porque en Millenium vienen a decir que los civitas suecos, tan altos ellos y tan rubios y tan educados, en realidad son todos unos psicópatas infestos de traumas infantiles. Como está de moda que Nueva York ya no lo pete y lo peten más Los Angeles, o hasta Boston, fíjense lo que les tell you. Yo hoy aquí me quiero sumar al carro por lo que les comento –antes muerto que darle la razón en algo a Stig Larson, que en paz descanse–, y me declaro ya por fin apátrida en mis tópicos escandinavos, esto es, que ya no me oirán joder más la marrana con Suecia. Ni con Finlandia ni Noruega, por cierto, que nunca me han hecho más funfún que el que me hace, por ponerles un ejemplo, Portugal.
Pero siempre nos quedará Dinamarca.

9 comentarios en el bote:

S. dijo...

No tenía yo ni idea de esto...pero si en suecia son todos muy modernos,liberales y demás...que lo prohiban en valencia...mira,pero suecia?y porqué?se pega el mariconismo a través de la sangre?porque si es por el sida con hacer una pruebas antes....jo
Se me ha caido el mito sueco.

loquemeahorro dijo...

Yo diría que menos mal que nos queda Portugal, pero supongo que ya nadie se acuerda de eso

¿Si te haces Loquesea-filo desde la embajada te mandan una cesta de navidad con productos de la tierra?

Hombre, los daneses tienen buenas galletas, pero lo de Francia mucho mejor!

Sir Di dijo...

Viva la Gran Bretaña!!!

En fin, Suecia no es el único país donde ocurre eso, también pasa en Reino Unido. Cuando vivía allí me dio por preguntar dónde podría donar sangre y me saltaron que no podía. La razón: ser gay. Pero lo curioso es que muchos de los britimaricones apoyaban esta idea.

Flipante.

El Señor de las Moscas dijo...

Respondemos prestamente:

S.; pues ya ves usted que ahora resulta que la abuela fuma y no queda otra que escandalizarse. Únase a mí y pásese a Dinamarca, oiga.

Loquemeahorro: pues no lo sé, mire, no sé si eso lo llevan en un registro o algo así. Porque todo es mirarlo. No voy aquí a estar aquí yo idealizando abnegadamente a Dinamarca y sin llevarme la caja de pastas, si correspondiese. Le mantendré informada.

Sir Di: ¡Viva también! Y no les eche usted cuentas a los britmaricones, como usted dice: son gente muy rara, y muy suyos. Dicen muchas tontadas.

loquemeahorro dijo...

Yo sigo flipada

¿Pero de verdad de verdad de verdad no te dejan/ban donar sangre si eres gay? ¿En Suecia, en Inglaterra y en España?

No era una broma? Y un mal sueño???

Y que hacen, te piden el carnet de hetero? Y si dices que te lo has dejado en casa?

Voy a volver a pensar en si me merecen más la pena los quesos franceses o el vino italiano, prefiero vivir en mi mágico mundo de coloreeeeeees...

F. Gordon dijo...

Yo siempre he sido más de Dinamarca que de Suecia.

El Señor de las Moscas dijo...

Loquemeahorro: como lo oye. Yo que usted me iba empadronando directamente en el mundo ese del que habla usted (el mágico de los colores).

F. Gordon.: pues es lo que me tiene usted aventajado, oiga: esperemos que al final tampoco tengamos que apearnos del prejuicio. No, si al final resultará que el país que más mola es Italia.

Luc dijo...

Señores:
Yo me apunto con Loque al país de la abeja maya, que aunque no es real, es mucho más agradecido.
A ese o a Suiza, que es más rollo, pero es rato tranquilo.
Pero he de dejar patente mi francofobia (en las dos vertientes del término anteriormente citadas) y la culpa la tiene una profesora particular de francés que despertó en mí todos los odios psicopáticos que sufro ahora en silencio.
En cuanto a la hemo/homofobia, me maravillo y no me dejo de maravillar de las cosas que se debanten en los parlamentos.

El Perro Lunar dijo...

Desde la noche parisina lanzo unas dudas que me asaltan: ¿cómo saben la orientación sexual del donante? ¿Le exhiben fotos impúdicas de varones y hembras y observan su reacción ante los distintos estímulos? ¿Si eres homosexual y virgen puedes donar? ¿Y si eres hetero pero tuviste una etapa de experimentación con gente de tu propio sexo?

No sé, a lo mejor hay una respuesta muy simple a estas preguntas, pero a mí no se me ocurre.

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