... El porqué de una mosca encerrada en un bote: 1/08/09

29 de agosto de 2009

La güelita hiperbólica (I)

29 de agosto de 2009
El otro día me vine para Madrid y antes pasé por casa de mi abuela, que es una cosa que tengo que hacer siempre que me vengo a Madrid porque si no mi abuela se enfada terriblemente, monta en cólera y te pone en su lista negra. Y que mi abuela te ponga en su lista negra es tan peligroso como que Black Mamba te ponga en la suya: ya estás muerto en la bañera, amigo.
Total que paso a ver a mi abuela, le doy un beso y le digo lo de siempre, que me voy ya para Madrid, y ella me dice lo de siempre, que si tengo ganas y yo le digo lo que le digo siempre, que no, que ninguna, porque si te vas a algún sitio a las personas de Cantabria no les gusta que les digas que tienes ganas de irte a un destino que no sea, a lo sumo, otra parte de la propia Cantabria. Máxime si ya te estás yendo, y no digamos ya si a dónde te estás yendo es Madrid. A las personas de Cantabria les gusta oír que no tienes ganas de irte y que estás deseando volver a esta tierruca de tu corazón en dónde no puedes hacer nada, ni ir a la Fnac ni al Ocho y Medio ni al cine 3D, y te aburres como el hongo más silencioso del más silencioso bosque y te crece moho en los sobacos de lo que llueve, pero que aún así estás deseando volver. Y yo ahí, miren, cumplo, porque ya saben ustedes que la sinceridad no es mi fuerte.

27 de agosto de 2009

Sex and the Village

27 de agosto de 2009


Sirva la absurdah Sarah Jessicah solamente para ilustrarnos; no pretendemos parodia alguna con Sex & The City.
Hoy me llama mi amigo Álvaro por teléfono y me dice que si le hago un favor. Le respondo que faltaría más.
–Cómprame condones de sabores –pide–. Es que me da cosa ir a la farmacia.
–Álvaro, que tienes veintinueve años.
Desde que entré en la edad adúltera (me maravillo con mis propios dobles sentidos), he sido el único de todos mis amigos capaz de entrar a una farmacia y decir hola, quiero condones. Esto lo recalco yo no porque diga mucho de mí, si no porque dice muy poco de mis amigos.
La cosa empezó hace bastantes años, un día que otro amigo cuyo nombre no pienso citar me llamó al móvil y me anunció, presa del entusiasmo:
Lucía reventó como el Machichaco. Necesito condones de sabores.
Lucía era su novia de la época. Y el Cabo Machichaco, no sé si lo saben, fue un buque que explotó en la bahía de Santander a principios de siglo. Y, silogismo elemental, yo me imaginé a la tal Lucía explotando espontáneamente, ¡bum! Casi me da un infarto. Y luego me pregunté que, dado este reventamiento espontáneo de Lucía, uno, a qué venía tanto entusiasmo, y dos, para qué necesitaba condones de sabores. El susto y las dudas se me pasaron cuando supe que lo del Machichaco no era un silogismo, si no un símil.
–Quiero decir que le ha venido la regla –aclaró–.
Nuestros símiles tienen un grado de sofisticación que ya ven, ni Moncho Borrajo en sus más picantes retruécanos.
El amigo en cuestión arguyó que pensaba invitar a su novia a un fin de semana en una casa retirada –en Cantabria no utilizamos la acepción casa rural porque todas las casas ya son, en sí mismas, rurales, nos parece una acepción un poco redundante– y que, en estando ella en este estado tan pintoresco (canastos, hoy estoy sembrado), y al no poder practicar el sexo tradicional por razones igualmente pintorescas, se decidiera por fin –ella– a catar las mieles del sexo oral (¡repámpanos, es que no puedo parar de crear!). El chico pensaba llevar los condones de sabores como aliciente.
–Porque no tiene el paladar educado –explicó– y tampoco quiero ser yo aquí un tirano.
–¿Qué concepto tienes tú de lo que es un fin de semana romántico? –le pregunté yo cuando logré salir del estado de estupefacción–.
–Tú vete a la farmacia y cómpramelos–.
Y lo que les digo, que al principio eran condones de sabores, como mucho, y muy bien. Pero poco a poco, conforme estos amigos y otros amigos crecían, y todos ellos e iban ahondando más en las posibilidades que ofrece la vida adúltera, los encargos farmacéuticos empezaron a ser más exóticos. Y yo, que creo en la libertad y también creo en el libertinaje y no le doy al asunto mayor funfún, no me he dado cuenta del crescendo dramático que estaban adquiriendo mis compras farmacéuticas habituales hasta que hace poco la señora farmacéutica, que siempre ha tolerado bastante bien que vaya allí y le empiece a preguntar por toda clase de chismes extravagantes, se puso un poco pálida cuando llegué y le pregunté si tenía lubricante pero no del normal, si no del efecto-frescor. La señora farmacéutica pestañeó, tragó saliva, pestañeó otra vez y me dijo finalmente así como en voz baja que no, que no tenía de eso. Digo yo que ya después de haber ido allí preguntando por condones de todos los sabores del espectro gustativo y de todas las texturas del espectro táctil y de todos los materiales incluyendo en poliuretano –que haberlos, haylos–, y por gel estimulante de no me pregunten qué zona concreta del cuerpo, e incluso por un anillo vibrador extra-powerful, pues no sé de qué se extraña esta señora. A estas alturas debe pensar que tengo la vida sexual de, precisamente, Rocco Siffredi. Y hasta arriba de crack. Rocco, digo. No yo. Yo no tomo crack.
Por esto mismo ha habido un momento en que he decidido acudir a manos profesionales, esto es, a los sex-shops. Las navidades pasadas acudí con mi amiga Eva a uno a comprar un genuino pene de goma. Mi amiga Eva es psicopedagoga diplomada, el pene de goma lo necesita para impartir clases de sexualidad a los adolescentes de los institutos públicos de Cantabria, que es a lo que se dedica mayormente. A ver si se van a pensar que mi amiga Eva lo quiere para ella sola, pedazo de ordinarios.
–Es que estoy harta de ponerle condones a un plátano –me explicó cuando ya estábamos allí intentando decidirnos entre tantos modelos–. Los chicos necesitan un modelo más realista.
–Ya. ¿Por eso te lo compras tres días antes de que vengan los Reyes?
–Lo compro cuando tengo tiempo libre –me espeta, y alzando en el aire un inmenso mamotreto de látex, pregunta: –¿Qué te parece éste?
–Pues hombre, es rosa. Así a ojo diría que mide veinticinco centímetros. Y tiene más diámetro que un bote de mermelada. Realista realista, no es.
–Y encima tiene un botón.
Eva pulsa el botón, y el pene de goma empieza a vibrar, girar y cabecear en todas las direcciones, todo a la vez. Parecía un besugo recién sacado del agua. Eva y yo nos quedamos mirándolo fijamente.
–Insisto en que esto no es realista –consigo articular finalmente, con los ojos clavados en el chisme–.
–Y tiene distintas velocidades. Mira.
Eva le da a la palanca de las velocidades y lo pone al máximo. Tuve que ayudarla a sujetarlo, porque es que se le iba de las manos. Entre sus vigorosas maniobras a todo trapo –las del chisme–, conseguí leerle el nombre.
–Eva, ¿quieres saber cómo se llama?
–¿Cómo? –dijo Eva, que seguía sin ser capaz de apartar la mirada del aparato–.
–Perforator 2000. ¿Tú crees que es edificante hacerles creer a las niños adolescentes que éste instrumento de Satanás representa la realidad?
–Vamos a ver, Rubén. ¿Quién es aquí la psicopedagoga?
–Tú.
–Pues eso. Me lo llevo.
Pagó y le dijo a la dependienta que no se lo envolviera para regalo, que se lo llevaba puesto, y acto seguido estalló en tremendas carcajadas. Yo sigo pensando que no es un ejemplo edificante. Y el pene enorme, tampoco. Pero allá ella.
Estaba yo contándole hace trescientos cincuenta párrafos que mi amigo Álvaro me había llamado una vez más para que le comprara condones de sabores en la farmacia y que yo, que estoy un poco harto de ser aquí la Lorena Verdún de todo el mundo, le decía que si no le daba vergüenza venirme con ésas a sus veintinueve años.
Pero es que la de la farmacia me conoce –arguyó–, y conoce a mi madre.
Y es verdad: a su madre, a su padre, a sus abuelos y a sus antepasados remotos. Así hasta remontarse a los visigodos. En este pueblo no hay secretos para nadie. Así se lo dije:
–En este pueblo no hay secretos para nadie. Y si no, puedes comprarlos en el súper.
–Es que en el súper no hay de sabores.
–¿Y para qué quieres tú condones de sabores? –pregunto yo, no por enterarme, si no porque con mi historial farmacéutico y sex-shópico lo mismo una tarde me conozco todas las prestaciones sexuales de cuanto objeto fálico haya en la Tierra y a la tarde siguiente me entran razonamientos de catequista y me pregunto con genuina ingenuidad para qué sirve un condón sabor grosella silvestre: estoy de psiquiatra–.
–¿Tú para que crees que los quiero?
Total, que le digo que sí, como siempre, y que esta noche se me invite a cenar y se los llevo a su casa. Algo bueno tendré que sacar yo de todo esto.
Entro a la farmacia y le digo a ese fistro de farmacéutica:
–Hola señora. Lo de siempre.
No, no le dije esto, porque lo de siempre últimamente son mis antihistamínicos. Estaba de broma. Le dije hola señora, quiero preservativos de sabores. Porque decirle condón a una farmacéutica es como decirle caca a un médico; está feo. Y ya no digamos decirle mierda, o boñigo, o peor, zurullo. Doctor, me he observado molestias abdominales en el momento de plantar el zurullo. Quieras que no, queda ordinario. Se le dice deposición. Al médico. Y a la farmacéutica, preservativo. Vamos, depende de las necesidades comunicativas específicas del momento, pero suele ser así.
La señora se agacha hacia el muestrario de condones y me pregunta que de qué sabor. Y con toda la naturalidad del mundo y sin maldad ninguna, le digo:
–Pues ni idea, porque yo no me lo voy a meter en la boca. ¿Usted cuál me recomienda?
Silencio en aquella farmacia. La farmacéutica se me queda mirando, muy quieta, con los ojos muy abiertos, en la misma posición agachada. Yo la mira con igual estupefacción. Así nos quedamos, mirándonos súper-estupefactos, por lo menos, y no exagero, como diez interminables segundos de máxima-tensión-ambiental. Yo esperaba que pasara la clásica planta rodadora de las películas del Far West, pero las farmacias no suelen ser su nicho ecológico. Así que no pasó ninguna. Y yo, para salir de aquella situación tan tensa, miro al estante de los condones y elijo el primer sabor que veo.
–Tuttifrutti.
La señora, sin dejar de mirarme, agarra la caja de condones tuttifrutti y la planta en el mostrador.
–Nueve noventa. ¿Algo más? –espeta–.
–No señora.
Esto se lo dije como agachando la cabeza un poco. No me pregunten por qué.
Esta noche he quedado a cenar y haré solemne entrega de los condones tuttifrutti. Más te vale, Álvaro, desde aquí te lo digo, que los disfrutes con salud. Me han costado convertirme en persona non grata en la farmacia que, como bien sabes, es la única del pueblo. Que sepas que a partir de ahora te toca ir religiosamente a comprarme los antihistamínicos.

26 de agosto de 2009

Así en Suecia como en la Tierra.

26 de agosto de 2009
Ustedes no lo sabrán, porque son el tipo de lectores que sólo abandonan la lectura de lo último de Murakami para revisar la nueva traducción comentada de la Eneida y para leer el Le Monde Diplomatique o el Financial Times mientras juegan al backgammon, no digan que no. Pero yo, que me gusta purgarme espiritualmente y a tal efecto me leo religiosamente el ABC todos los días, les cuento: ya ha sido elegida la nueva Miss Universo.
Les adjunto a continuación una foto en la que asistimos al momento en el que la chica se dirige a una conferencia sobre la influencia de Kierkegaard en el pensamiento francés pero se detiene para posar coqueta y juguetona sobre una pasarela que casualmente estaba allí instalada en ese momento.

La importancia de una puerta

Esta tarde llegué a mi casa y intenté acceder a mi habitación por el procedimiento tradicional, esto es, por la puerta. Giro el pomo y observo con gran asombro que la puerta no se abre. Vuelvo a girar el pomo y observo con gran asombro que me lo cargo.
Me ordeno tranquilidad mentalmente, me remango las mangas de la camisa y decido aplicarle al pomo el protocolo de actuación que todo hombre normalmente constituido aplicaría en estos casos; me agarro a él con ambas manos y empiezo a forcejear salvajemente mientras mascullo terribles amenazas con los dientes apretados. Misteriosamente, no se abre. Elevo el tono de mis demandas, tanto en el fondo como en la forma. No se abre. Decido acompañar el protocolo de actuación con una leve patada al pomo. Nada. Decido aplicarle una patada salvaje. Tampoco. Decido aplicar todas las técnicas a la vez, así que forcejeo, doy patadas y grito terribles blasfemias mientras echo espumarajos por la boca. No se abre.

23 de agosto de 2009

Sangre de gato

23 de agosto de 2009
Esta mañana estaba yo tomándome un café en una terraza veraniega y leyéndome la entrevista que le han hecho a Paulo Coelho en el XL Semanal. A mí Paulo Coelho no me gusta como escritor pero sí como personaje de la intelectualidad contemporánea, en este aspecto le tengo bastante admiración porque va por la vida de escritor multimillonario yuppie y a mí me parece que ser un escritor multimillonario y yuppie es el no-va-más de la pose. Ya saben que a mí la pose es una cosa que me gusta mucho, como objeto de reflexión, y además me estoy documentando para construirme una pose propia, necesito influencias. Paulo Coelho se desgañita en la entrevista explicando que pese a ser un yuppie forrado y a calzar playeras Nike con el traje de Armani porque él los convencionalismos de la moda se los pasa por el arco de Trajano, también es un yuppie espiritual y místico y que lleva una chapa con la virgen del nosequé, que él, personalmente, es muy devoto de ella. Tomo un sorbo de café y leo la pregunta del periodista, que se conoce que era el clásico periodista tocacojones, que le dice que sí sí, Paulo, muy espiritual y muy de tu virgencita, pero ¿no es cierto acaso, Paulo Coelho, eh, que cuando eras joven mataste un día a tu gato para pintar las paredes con su sangre? Escupo el café. Y Paulo Coelho que dice que sí sí, completamente cierto, que le había explicado un brujo-chamánico-amazónico que era una manera estupenda de mantener a las parcas alejadas, y entre que él personalmente le tiene mucho respeto a los brujos chamánicos amazónicos y que en ese momento iba hasta el culo de sustancias prohibidas por la legislación vigente en Brasil en aquel momento histórico, le pareció que pintar su casa con sangre de gato era una manera fantástica de mantener alejadas a las parcas y a la postre de rebelarse ya no sólo contra la tiranía del imperio del amarillo pálido como opción para tu salón-comedor y otros infundados dogmas estéticos de la revista DecoGarden, si no contra la sociedad entera y contra todo el Sistema en sí mismo. Así, como abstracción. Y añade que es que los jóvenes tienen que experimentar este tipo de cosas, si no ni se es joven ni se es nada.

All you need is blog.

Como ven, la mandanga visual de este blog ha cambiado one-more-time. Incluyendo la opción, conseguida previa sudada en sangre, de que disfruten ustedes de la debida interactividad que se le presupone a un blog –que para eso es un blog y no una charcutería–. Gracias a los dioses tengo línea directa con un amigo informático –y quién no– que me ha ayudado con la enjundia informática del pastel.
Carlos, necesito que me digas qué tengo que hacer para que cuando le des a un botón del blog te mande a otra página.
–¿Un hipervínculo?
–No. Que te mande a otra página.
Oigo un suspiro al otro lado del auricular.

19 de agosto de 2009

Las comparaciones son odiosas

19 de agosto de 2009
En mi vida me he tenido que enfrentar a muchas y en ocasiones muy duras comparaciones. Todas ellas, incluyendo las más absurdas, se han ido automáticamente a la porra ayer, en el momento que me dijeron, y con ‘fundamento de causa’ –añadieron– que hay que ver lo que me parezco a Xena, la Princesa Guerrera.

18 de agosto de 2009

La Rulot Voladora que viaja en el tiempo

18 de agosto de 2009
Mi amigo Ángel y yo nos vamos a ir a vivir a Sudamérica en una caravana-rulot voladora que viaja en el tiempo. Y ahora yo les pregunto, ¿cómo se han quedado? Muertos, dirán algunos. Con el culo torcido, exclamarán otros. 

 
Les adjunto una interpretación artística en la que asistimos al momento en el que la caravana voladora surca el tiempo a través de un agujero de gusano. Dice Ángel que si cuento la historia en el blog que cuente también que él va a ser el piloto, y como hay gente por ahí que dice que siempre cuento lo que me da la gana y que mis informaciones más veraces tienen, como poco, unos sesgos gordísimos, yo lo cuento sólo para callarles la boca: Ángel va a ser el piloto. Porque asegura que no se fía de mis aptitudes aeronáuticas, y añade que pero ni un pelo. Pues bueno, pues vale. Pide también que mande un saludo a su madre. Luisa, un saludo.

17 de agosto de 2009

Miedo a la castración.

17 de agosto de 2009
Esta tarde me he echado una siesta de vergüenza ajena de siete horas de duración, y durante esa siesta he soñado que se me caían los dientes. Los de arriba, los de abajo, molares, premolares, todos. Un cuadro. Me despierto presa de la angustia y llamo urgentemente a mi amiga Coral. Mi amiga Coral no es sólo amiga y experta intérprete de sueños –oniroscopa, diría ella, que es un poco obsesa de la pulcritud semántica y un poco petulante, las cosas como son–, también te echa las cartas por el rito zulú y el santero cubano y te hace unas cartas astrales de chuparse los dedos –a mí me hizo una y me dijo que tengo unos trígonos envidiables, y yo desde entonces vivo más tranquilo; que me aspen si sé lo que es un trígono, pero oye, ella te lo dice y tú empiezas a plantearte la importancia de tener unos buenos trígonos–.

Coral al aparato –responde–.
Ay, Coral, necesito tu ayuda.

5 de agosto de 2009

Apología de la Biodiversidad III

5 de agosto de 2009


Esa misma noche, me acerco al nido del autillo, que está en una pared enfrente de mi casa, armado con una linterna y una escalera plegable.

4 de agosto de 2009

Apología de la Biodiversidad II

4 de agosto de 2009


(Segunda entrega de la mini-serie que está arrasando en todo el mundo. ¿Por qué ver True Blood existiendo Apología de la Biodiversidad? Para enterarse del contexto que nos precede, que es una cosa que cualquier profesor de literatura de la LOGSE le dirá que es súper importante, léase la primera entrega en el post anterior.)

Hay un puto búho que vive delante de mi ventana– anuncio al sentarme a la mesa del desayuno.

No es un búho –responde mi padre, experto ornitólogo, y acto seguido sopla su café con mucha tranquilidad.

3 de agosto de 2009

Apología de la Biodiversidad I

3 de agosto de 2009


Hoy, primera entrega de Apología de la Biodiversidad, mini-serie en tres entregas y a la vez epopeya cósmica en la que tendrán ocasión de conocer a las personas que integran el paisaje humano de mi vida, con especial hincapié en mí y en un búho. Prepárense para tres días en los que haré el ridículo –literariamente– como si me fuera la vida en ello.

1 de agosto de 2009

Conmigo pan y cebolla.

1 de agosto de 2009

El otro día tomé parte en una barbacoa veraniega, y mientras le perpetraba yo a la cebolla un corte a la juliana digno de haberle echado una foto al resultado, para una ensalada de la que sólo fue ingerida la lechuga, y eso porque la lechuga fue posteriormente extraída de la ensalada e incluida en las hamburguesas, cuando estaba en la faena, les decía, se me acercó un conocido y me dijo que leía este blog. –Ah, pues muy bien, muchas gracias– le respondo yo, llorando a moco tendido.
Es por la cebolla –aclaro–.
–¿Por lo mal que la estás cortando? –pregunta muy convencido–.
No. Por la cebolla en sí. Pero gracias por la observación.
Ah. De nada.
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