Hoy, segunda parte de Apología de la Biodiversidad II. Nos hemos sentido muy tentados a abandonar la égloga a la vista de los masivos picos de audiencia registrados por nuestra entrega de ayer; cero lectores, oiga, cero que nos hemos marcado en veinticuatro horas, nuestro más absoluto récord. Pero la égloga resulta estar ya escrita o casi, de modo que aquí resistimos el envite con estoicismo y persistimos con su segunda entrega, la de hoy, nudo o desarrollo del meollo dramático. Y mañana, el desenlace. La persistencia es la clave del éxito. Y si Juan Manuel de la Prada no tiene miedo a dar el coñazo, nosotros tampoco.
Estábamos en ese momento siempre duro en la vida de un hombre, un hombre no especialmente preparado para la guerra, en la que se ve en la obligación de urdir el asesinato de una araña muy gorda.
Estábamos en ese momento siempre duro en la vida de un hombre, un hombre no especialmente preparado para la guerra, en la que se ve en la obligación de urdir el asesinato de una araña muy gorda.






Publicado por
El Señor de las Moscas





