No se confundan. Vale que en mi fervor autopropagandístico me haya confeccionado un slide show o carrusel sensacional-amarillista tanto en lo estético como en el concepto. Vale que el autobombo nos guste más que a una ristra de tontos una camioneta de lápices. Pero de momento nuestros photoshops tienen más enjundia que el que nos precede. Y más capas. Y de momento, en nuestras campañas de márketing conservamos algo más –sólo un poco más– de sentido de la sutileza.
El motivo para colgar el JPG que nos precede es que este humilde blog ha sido distinguido con el cuarto puesto en un ránking de mejores blogs. Esto no tendría más funfún de no ser porque la última vez que este blog apareció en una lista fue en la de los premios 20 Blogs, malditos sean, en el puesto número ciento ochenta y dos, nada menos. Cosa que, no me lo nieguen, les hablo como blogmaster y como persona humana, aparecer en una lista de algo, lo que sea, en el puesto ciento ochenta y dos es como para llamar a tu madre, decirle mamá gracias por todo, bajar las persianas, ponerte música de Wagner –en un estéreo, a ser posible, o una gramola; en todo caso, algo con más empaque poético que el Spotify de los cojones–, coger una copa ancha tipo coñac, servirte en ella una buena copa de Fairy Poder-Antigrasa –no hace falta que escatimen los ahorros en una marca blanca, que se están suicidando, vamos a no ser tan miserables–, bebértela e intentar morir de la forma más poética que te permita el propio hecho de estar bebiendo Fairy. Una muerte poco romántica en si misma pero efectiva cosa mala, según dicen.