... El porqué de una mosca encerrada en un bote: En Orihuela, su pueblo y el mío.

9 de julio de 2010

En Orihuela, su pueblo y el mío.

9 de julio de 2010

Dice así.
En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
[…]
Y bueno, etcétera. Sigue bastante más. Elegía a Ramón Sijé, se titula, y es de lo más conocido de Miguel Hernández. Pueden leerla completa pinchando aquí. Pone bastante los pelos de punta pero, claro,  ahí está el tema. Dice poco después, por ejemplo, que No perdono a la muerte enamorada / no perdono a la vida desatenta, / no perdono a la tierra ni a la nada. Que a mí son tres versos que siempre me han impresionado bastante, no sé a ustedes. Poco sabía este hombre que pocos meses después de escribir esto empezaría la Guerra Civil, y que poco después de la Guerra Civil le iban a picar el billete a él mismo a sus tristes treinta y un escasos años.
Ahora resulta que, por lo visto, a Miguel Hernández no lo mataron. Lo condenaron a muerte, que es diferente. En 1940 y luego, tras la intercesión de un grupo de intelectuales –y especialmente Rafael Sánchez Mazas, el padre de Sánchez Ferlosio, José María Cossío y Pablo Neruda, el de los versos más tristes esta noche y también el que fletó el Winnipeg para llevarse exiliados republicanos a Valparaíso, y tan paraíso– gracias a la intercesión de esos, les decía, le conmutaron la pena de muerte por la perpetua. Uh. Qué suerte. Tanta que se murió dos años después, de tifus, bronquitis y tuberculosis, todo a la vez, en la cárcel de Alicante, a los treinta y un años. Lo dicho, que por lo visto, eso no es matar a alguien.
Esto también viene porque su familia, la de Miguel Hernández, está pleiteando para que el Tribunal Supremo anule ahora la condena. Tontería, porque el Tribunal Supremo de España, en su infinita sapiencia, rechaza sistemáticamente estas anulaciones y en este país Miguel Hernández, Federico García Lorca o Salvador Puig Antich –por ponerles el top-three de represaliados ilustres, pero háganse a la idea de que como ellos, los miles de asesinados represaliados del Franquismo– siguen siendo, oficialmente, delincuentes. En el informe del sumario de Hernández, por ejemplo, figura aún la lista pormenorizada de delitos que lo hicieron merecedor de la pena de muerte. Que empieza por ser ‘un elemento de izquierdas […], peligrosísimo y despreciable por todos los buenos españoles’. Horrendos cargos, ya ven. Y lo dicho, a la familia de Miguel Hernández, nada, que les ha dado porque le revisen la condena otra vez, a ver si a la tercera va la vencida y en fin, le restituyan un poco la memoria a este pobre hombre, aunque sólo sea porque en su vida mató una mosca. Gracias a que, según la nueva Ley de Memoria Histórica, los juicios sumarios, sumarísimos y militares del Franquismo han dejado de tener vigencia legal en este país –en el que, redundo yo, a ver si la cosa queda clara, la tenían hasta 2007–.
A la familia de Miguel Hernández, se conoce, le ocurre lo mismo que a los que aprobaron la ley en el Congreso y a los que la apoyaron con manifestaciones y a los ancianos degenerados esos que están por ahí dedicándose al siempre ameno y gratificante ejercicio de exhumar los cadáveres de sus padres, y lo mismo que al juez Baltasar Garzón, ese peligroso criminal internacional;  que son unos resentidos. Y unos rencorosos. Y que ‘no saben ni quieren perdonar’, como dijo aquel del Pepé cuyo nombre, gracias a Dios, no recuerdo. Que lo de la amnistía de la Transición por un oído les entra y por otro les sale, oye, y lo de la Reconciliación nacional. Y se dedican a abrir viejas heridas que, dicen algunos, ya estaban cerradas. Entre los que están en las puertas de las iglesias caídos por Dios y por España y los que están tirados por las cunetas como perros, si. Pero cerradas.  Ah, y sólo esos. Porque, como todo el mundo sabe, o así al menos lo he oído yo ya un par de veces, no hubo mucho muerto mucho más allá de la Guerra. Represaliados, vamos. No hubo. No muchos. Bueno, a ver. Dos, tres. Cuatro. Unos cuántos. Pero nada más. Y por ende la Ley de Memoria Histórica, aparte de falaz y parcial y un instrumento de acoso a la derecha, es una ley, en la práctica, inútil.
En Orihuela, su pueblo y el mío, la mayoría del pleno del Ayuntamiento, del Pepé, ha rechazado la semana pasada, y por tercera vez, una moción de todo el conjunto de la oposición para retirar los símbolos franquistas de la vía pública, la nomenclatura de las calles y, sobre todo y más significativo; retirarle la medalla de la ciudad y de Caballero Cubierto de Orihuela a Francisco Franco. Alega el alcalde que ‘quién no cumple la ley es el Gobierno de España’ y luego ilumina a quién lo dude, otro con la sapiencia infinita, y explica que las medallas a Franco son ‘simbólicas’. El secretario general del Pepé alicantino, José Joaquín Ripoll, alabó la decisión.
En Orihuela, su pueblo y el mío, el juez titular ha imputado ayer a este mismo señor Ripoll, a la postre presidente de la Diputación de Alicante, los supuestos delitos de cohecho, fraude, tráfico de influencias, revelación de secretos y actividad prohibida a funcionarios. Caso Brugal, lo han llamado. Por adjudicar cosas a dedo, forrarse, ya saben. Todo eso. Y tras esto, el comité de dirección del Pepé de la provincia de Alicante se ha apresurado a manifestar, y cito, ‘más que nunca’ su ‘plena confianza en la inocencia’ del presidente de la Diputación y del partido en Alicante. Lógico. Con ésta no queda ningún alto dirigente de ninguna de las tres provincias valencianas, todos ellos del Pepé, sin imputar en casos de corrupción.
Sobre esto también ha opinado el consejero de Economía, Hacienda y Empleo de la Comunidad Valenciana, don Gerardo Camps. Sobre esto y sobre el tema de Jaume Matas. Dos por uno, y en el mismo día. Les cuento. Jaume Matas, lo sabrán, fue ministro con Aznar y presidente de Islas Baleares. Y luego le imputaron en el caso Palma Arena por corrupción de la gorda y se enfrenta a una pena de, atiende, veinticuatro años de cárcel. Ésa no es la noticia. La noticia es que se le impuso una fianza de tres millones de euros, ahí es nada, para eludir la cárcel. Y el tío la pagó a tocateja. Y alguien en la Audiencia de Palma de Mallorca se extrañó, indagó y oh sorpresa; resulta que los tres millones son de un crédito que le dio el Banco de Valencia en la friolera de dos días, sin requerirle aval y con ‘unas condiciones absolutamente anómalas en al ámbito del negocio financiero’ –dice el auto del juez–, entre ellas un interés anual irrisorio –de ochenta y cuatro mil euros sobre tres millones; poco más del dos por ciento–.  ¿Por qué, dirán ustedes? Pues porque el presidente del Banco de Valencia fue presidente del Pepé de Valencia en tiempos. Aaamigo. Y de la Generalitat de Valencia. Y consejero de Economía. Y amigo, huelga decir, de Jaume Matas. Íntimos de toda la vida. Así que al actual consejero le han preguntado, después de lo de Orihuela –no nos amontonemos– que porqué un correligionario del Pepé le subvenciona la fianza a un presunto criminal al que se le imputan delitos bastante gordos –repito; veinticuatro años de cárcel–, desde una entidad privada tutelada por la Generalitat y que, además, está participada en un treinta y seis por cierto por el Grupo Bancaja –y esto viene a significar que el treinta y seis por ciento de los tres millones es dinero público–. Y el consejero ha tildado la coincidencia de cargos de mera ‘coincidencia’, ha dicho que el tema no le merece opinión porque, y ésta es cojonuda, ‘no corresponde que desde la esfera pública se tenga opinión sobre lo que es una actividad puramente privada de una entidad privada’, y luego ha dicho, súper picado, que el gobernador del Banco de España es un ‘acreditado socialista’. En plan me rebota y en tu culo explota.
No sé si ha quedado claro, pero estas cuatro noticias son de esta última semana. Todas. Todas hiladas, cosas de la vida, por Orihuela. Todas protagonizadas por la casta pepera. Todas podridas y repugnantes. Todas en la misma semana.
En fin. En Orihuela, su pueblo y el mío, son unos miserables. Y en todo este país. Somos todos miserables y tontos del haba. Tontos, tontos profundos. Todos, sin excepción. Siempre hemos sido tontos y siempre lo seremos. Se nos come la merienda una panda de chorizos, de iletrados y sinvergüenzas, unos desgraciados inmorales sin sentido de la ética que, para mayor tonto nuestro, son aún más tontos que nosotros. Lo mismo antes asesinaban poetas y se colgaban medallas de Caballero Cubierto que ahora presiden bancos, tribunales supremos, generalitats, palaus de la música, pepés, pesoes, peneuves, benegás, cius y errecés. Todos, erigidos por las armas en Glorioso Movimiento o vía transitiva en Modélica Transición,  constitucionalizados o sólo a medias, votados hasta la mayoría absoluta o la simple, puestos a dedo  o por concurso de méritos, en lo público o en el sector privado; ellos o nosotros, qué más da, si nosotros somos ellos y ellos son nosotros, y qué cojones importa, si ellos son siempre los mismos tontos y nosotros los mismos tontos de siempre.

6 comentarios en el bote:

El Señor de las Moscas dijo...

Fe de erratas; Sobre la palabra 'represaliados' cuando he dicho 'top-three de represaliados'. Ni Lorca ni Puig Antich fueron represaliados. Lorca fue víctima durante la guerra -y no a posteriori, lo que caracteriza la condición de represaliado- y Puig Antich acusado y ejecutado en 1974 no por revanchismo político, sino por presunta comisión de un delito común.

Sir Di dijo...

Aclarado queda.

Lo de este país y el franquismo no tiene nombre. Yo cada día me sorprendo más. Y no veas lo de la Ley de la Memoria Histórica, y su museo (sito en Salamanca), le está dando quebraderos de cabeza a mi "queridísimo" alcalde.

Vivan las cuentas transparentes (como agua cristalina) de los políticos/gobiernos de este país.

Mosquita muerta dijo...

En Orihuela, su pueblo pero no el mío, se me ha muerto como el rayo el Imperio de la Ley, al que tanto quería.

Hágame el favor de no utilizar a Miguel Hernández, nada menos, para excusar un secuestro policial de 12horas, en tanto en cuanto no había, ni autorización ni mandato judicial para un interrogatorio de un cuartito de hora a primerita hora de la mañana.

Una pena, me reía mucho con usted, Señor Mío. Ahora tiene usted la misma gracia que Rubalcaba y que Garzón, o sea, ni puta.

El Señor de las Moscas dijo...

@Mosquita muerta;

Qué tensión.

Gracias por lo de la no-puta gracia. Muy amable de su parte. Coincido con usted en que ni Garzón ni Rubalcaba la tienen.

Gracias también por su anonimato. Una medida valiente.

Le explico; Orihuela tampoco es mi pueblo. Era una licencia literaria.

Y lo que comenta (que, entiendo, se refiere al caso Brugal), en primer lugar; como precaución, por aquello de que acaba de ocurrir y que aún no se sabe mucho del tema, tuve la prudencia de decir 'el juez titular ha imputado ayer a este mismo señor Ripoll [...] los SUPUESTOS delitos de cohecho, fraude, tráfico de influencias, revelación de secretos y actividad prohibida a funcionarios'. Es un tecnicismo, lo sé, y muy repelente. Pero la única otra opción, si no se quiere utilizar el tecnicismo, es directamente no hablar del tema. Que no sé a usted, pero a mí no me parace una cosa sana. Por otro lado, y si se fija usted, creo no haber hablado de detenciones ni nada por el estilo. Hablo de imputaciones. Y además no pongo ahí el interés, sino en la corruptela generalizada en Valencia. Si quiere usted le remito a la fuente bibliográfica a la que acudí para hablar de ello.

Y en segundo lugar, por Dios: yo no utilizo a Miguel Hernández para justificar nada. Me parece un simplismo que, en fín, no sé por dónde lo ve usted. Creo, honestamente, que no me ha entendido. La entrada hablaba de una serie de noticias, relacionadas con el tema de la corrupción que tienen todas, cosas de la vida, el mismo denominador común, licencias literarias mediante, de Orihuela, Alicante. Hablar de la corrupción, denunciarla y manifestar con la boca llena que da asco es, creo yo, un ejercicio bastante sano. Y para hacerlo, se ilustra con casos. Como éste, tomando la precaución de decir 'supuesto'. Como el de Matas. Como cuando he dicho 'palaus de la música', por ejemplo. Y por cierto que, cuando hablábamos dde Miguel Hernández, creo que estaba claro que era para participar en la restitución de su maltrecha memoria.

Deduzco de su comparación con Rubalcaba y Garzón que asume usted que esto es un tema ideológico mío, que voto ferviertemente al PSOE y le hago la propaganda o algo así. Le confesaré que antes de publicar la entrada estuve pensando muy mucho poner a parir al PSOE, así gratuitamente, aunque sólo fuera para que nadie pensara que esto era, no sé, propaganda anti-PP o algo así. Porque en este tristemente maniqueo, si no eres de unos eres de otros, y ni siquiera cuando dices que ni uno ni otro parece, para muestra un botón, que la gente acaba de entenderlo. Le confieso que, en este sentido, no es gratuita la mención de una serie de partidos políticos, más allá del PP, obviamente, que hay al final de la entrada. Lo hice por ponerme evidente. Y ahora veo que, quizás, debería haberme hecho entender mejor.

En fín; la entrada hablaba de las miserias de este país lleno de mangantes desde las concejalías municipales hasta los ministerios, y sobre todo, de la pasividad con la que la sociedad española, así como abstracción, se hace cómplice de ella. De la corrupción moral - en actos legales pero de dudosa categoría ética, como lo de no retirarle la condena a Miguel Hernández o lo de conceder créditos a Jaume Matas- y en fín, lo dicho; de las miserias del país. No esté de acuerdo si no quiere, faltaría más. Puntualice usted los extremos legales que quiera en torno a la detención del señor, que también faltaría más. No se ría más con nosotros si no quieres, e incluso diga que ni puta gracia. Pero no me haga usted comparaciones insinuando que esto es una cuestión ideológica. Ni, por el amor del cielo, mezcle churras con merinas diciendo que lo justifico mediante la figura de Miguel Hernández.

F. Gordon dijo...

Apunte técnico-jurídico, al margen de lo que haya ocurrido realmente (porque la prensa española es pésima a la hora de informar verazmente, sobretodo con política de por medio):

En virtud de los artículos 17 de la Constitución Española, 489 y 520 y ss. de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y otras normativas como la Instrucción 12/2007 de la Secretaría de Estado de Seguridad, la policía PUEDE detener a una persona SIN orden judicial basándose en indicios racionales de criminalidad a fin de esclarecer los hechos que se estén investigando.
Por supuesto, tal detención no deberá durar más del tiempo estrictamente necesario y en todo caso no superará las 72 horas, tras lo cual habrá de ser puesto en libertad o a disposición judicial. Asimismo tiene derecho a ser informado de los hechos y razones de su detención, asistencia de abogado, etc.

Espero desmitificar polémicas, aunque la lectura jurídica resulte un coñazo...

El Señor de las Moscas dijo...

@F. Gordon; exacto. Hubo un par de artículos sobre esto, además, la semana pasada. A tenor de otro tema, creo. Las detenciones policionales no son ilegales hasta pasadas un número de horas; en ese momento deben estar ratificadas por un juez -si no lo hubieran estado ya antes-.

En todo caso, volvemos a lo mismo; con independencia de quie sea o no legal, el asunto fue politizado por media cúpula nacional del PP, que dijo que era algo así como una persecución contra su partido. Cosa que dudo bastante; fuera o no este hombre autor de los hechos que le imputan -incluso si no lo fuera-, creo que, a tenor del crescendo de corrupción en el que estamos sumidos, poco menos que espiral, está justificada hasta la paranoia.

La lástima, como comento en el siguiente post, es que aquí haya que ideologizar todo.

Un abrazo y gracias.

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