Me ha dicho mi santo que es que ni se me ocurra criticar nada relacionado con el mundial ni con la selección ni mucho, ni muchísimo menos, con el beso entre Iker y la Carbonero.
–Hay que saber dónde está la barrera que separa la conciencia crítica –me dijo– del ser gilipollas.
A lo que yo respondí:
–Gracias por tus bonitas palabras de aliento.
Pero por todos los dioses; hay algo de lo que sí pienso quejarme. Las injusticias de este mundial claman al cielo. Así se lo digo. Hoy este país se entrega alegre y despreocupado al ejercicio de sacudirnos la chorra los unos a los otros aparentemente inconsciente de los grandes atropellos, vilipendios y dar por culo que, con motivo del mundial, hanse perpetrado a figuras de todo pelo y calado. Con la participación cómplice, yo acuso, de todos nosotros. Pardiez y boto a bríos, proclamo, que ahorra corresponde desfacer el entuerto. De modo que hoy, en El porqué de una mosca, nos proponemos repartir justicia entre los grandes olvidados del mundial. Porque sí, porque ya saben que tenemos una gran conciencia social y también porque ya saben que somos mucho de aquello de al sol que más calienta.
5. Las más vilipendiadas; aquellas que primero dijeron waka-waka.
Pinchen aquí y escuchen los primeros treinta segundos.
Y ahora díganme que no hay que joderse. Pobres Chicas del Can. No sólo están perdidas en los ochenta vestidas de azafatas de vuelo de la Enterprise; es que además no habrán visto un miserable euro. Y mientras tanto Shakira nada en millardos de trillardos de dólares por, ya ven ustedes, vestirse de negra zumbona –¿han visto las coristas-trompeteras del fondo del escenario? Prefiero mil veces su estilismo–, mover un poco la cadera y ametrallar este hit, ramplón en su día, de Qué es lo que quiere el negro. Así, tal como le viene. Sin complejo ninguno. Raca.
Y miren ustedes que a mí Shakira me cae razonablemente bien; siempre la cito como perfecto ejemplo de superestar más lista que los ratones colorados. Y yo eso, se lo crean o no, lo respeto bastante. Musicalidades aparte, a mí denme una Shakira moviendo el culo sin complejos y déjenme de absurdas chenoas contándome su vida interior en verso. No digamos britneysperas y mariascareys. Pero desde hoy, me van a perdonar los fanses de la diva colombiana, mi corazón está con las Chicas del Can.
4. El gran olvidado; el pulpo que se hacía una casa con las dos mitades de un coco.
Vean ahora este vídeo. Especialmente, la segunda mitad.
El pulpo, y la genialidad más grande jamás hecha
con dos cocos después de lo de los Monty Pythons.
Lo descubrieron hace unos meses y fue una revolución en la comunidad científica –me imagino que también en la comunidad pulpa–. Incluso está en veremos, actualmente, y a raíz de este vídeo, incluir al pulpo en el selecto grupo de animales considerados capaces de operar herramientas. Y ahora explíquenme, explíquenmelo porque no lo entiendo, a qué tanta adoración por el pulpo Paul de los cojones, habiendo uno por ahí capaz de hacerse una casa con dos cocos.
El pulpo Paul, en uno de sus más certeros vaticinios.
Que sí, es algo aparentemente sencillo. Salvo qué determinadas presentadoras de concurso de gana y llama de la madrugada de Telecinco, todos podríamos hacerlo sin cagarnos encima del esfuerzo intelectual. Pero es que es un pulpo, coño. Y puestos a adorar pulpos, no sé si se dan cuenta, me parece más normal adorar al pulpo intelectual que al pulpo pitoniso. Y más justo. Puestos a, claro; lo que hay que hacer con los pulpos, en principio, es comérselos. O, a lo sumo, dejar que hagan sus cosas de pulpo.
Pero, eso sí; concedo que lo mejor que se ha hecho con el pulpo Paul ha sido esto.
Bandera de España con el Pulpo Paul. Tiene que ser inconstitucionalérrima, como poco.
Habrá quien diga que qué absurdo. Ja, replico yo. ¿Y no lo es el toro? Ya no el de Osborne, que también pero, por lo menos es una marca nacional. Pero, ¿y el de Lois? ¿No les parece de un ridículo que quita el hipo? ¿La silueta del toro de la marca de vaqueros Lois en una insignia nacional? Por Dios santo, de una marca de pantalones. Debemos ser el único país que pone y quita animales de su bandera tan a la ligera y que, además, los saca de logos de marcas comerciales. ¿Se imaginan la bandera italiana con el caballo de Ferrari? ¿A la francesa con el cocodrilo de Lacoste? O mejor, ¿a la senyera catalana con la gallina de Gallina Blanca? –que hasta para el animal en cuestión resultamos, siempre, los más elegantes–. O puestos a elegir logos que, aunque representativos, no sean nacionales, qué coño; pongamos a Moffli –el último koala–, en la australiana. Y a la inquietante vaca morada de Milka en la suiza. O mejor; a la Vaca que Ríe, pero en morado. ¡Seamos creativos!
3. La otra gran olvidada; la original, verdadera y auténtica pulpa pitonisa.
Volviendo al pulpo. Pongamos que nos da igual la categoría intelectual del cefalópodo en cuestión y que, en nuestro gusto por los becerros de oro, lo que queremos sí o sí es un pulpo mágico poseedor de poderes extrasensoriales, por cojones y porque somos así de excéntricos. Bueno, pues incluso puestos en tan bizarros supuestos, sepan que ya existía uno. Cojona. O una. Pinchen y vean.
That’s right, coño; Úrsula. La mala de La Sirenita. Y, a la postre, la única mujer más parecida a Aramis Fuster que la propia Aramís. Salvando las distancias, claro; Aramís no tiene tentáculos que se le conozcan. Y, que sepamos, tampoco es subacuática. Así que cada vez que quieran ustedes aducir el por lo visto grandioso momento que atraviesa España –grandioso, en efecto; no me tiren de la lengua– a la existencia de pulpos hechiceros y cartomantes, acuérdense de que Paul es a Úrsula lo que Shakira a Las Chicas del Can; un farsante sin talento, un usurpador sin vergüenza y un gilipollas. Ea.
2. María Escario, o Sara Carbonero vete pa tu pueblo.
Y es que es verdad, coño; toda la vida presentando los deportes en la Uno, con una perseverancia sólo comparable a la de Ana Blanco –no sé si les ocurre a ustedes, que recuerdan mejor la cara de Ana Blanco que la de sus madres; a mí me ocurre y es inquietante. Mamá, un beso–, toda la vida, les decía, jodiendo con el funfún, con esa alegría genuina que le entra a María Escario cuando gana un equipo español, no digamos si es femenino, así sea la selección nacional femenina de carreras de carretillos, de waterpolo en tierra batida, la bobsleigh –que no sé en sus autonomías, pero en Cantabria ya inventamos hace siglos con el nombre de carrera de birimbís en sus vertientes de sobre hielo y prado abajo– o de deportes más absurdos aún; esa mujer que, el día que Lorenzo Milá estaba afónico y le salían gallos hablando tuvo que presentar su sección, la del otro y la del de la moto, que por poco no le mete una hostia al del tiempo y se pone allí también a hablar de los chubascos moderados y oigan; es que no se le movió ni un pelo, a la tía, zaca zaca zaca, y así todo el telediario; esa mujer que tu pones el nombre en Google y no sale ella, sino la vicepresidenta De la Vega, o fotomontajes de ambas, o la foto de ella pero con un pié de página que pone ‘tijeritas en Moncloa’ y eso que la vicepresidenta De la Vega, la mujer del eterno traje-pantalón, ha dicho por activa y por pasiva –¡Já! Bromas soeces– que ella a esa señora no la conoce de nada y que a ella le gusta que le pinchen con la barba –¡Ja! Bromas con María del Monte– y esto es, que le gustan los señores más que a un tonto una caja de lápices.
Las supuestas protagonistas del idilio sáfico.
Pues en efecto, amigos; de María Escario, esa mujer, nada se ha sabido este mundial. Para encumbramiento y laureles de Sara Carbonoide, que está hasta en la puta sopa y ahora más que nunca por ese amor tan bonito y tan limpio demostrado en público y campechano gesto por el capitán de la Red One, Iker, el Hijo de España y ahora más que nunca.
Iker Casillas besa a Sara Carbonoide. Qué campechano y qué calidad humana.
Ella, entre confundida, a la par modesa y coquetuela, devuelve la conexión a
los estudios centrales. Hija, que a todo le ves pegas.
Yo, se lo juro a ustedes, soy María Escario y, por este orden, monto en cólera, luego monto en mi coche, me planto en la rueda de prensa del primer Consejo de Ministros, salto con desparpajo y le meto la boca a la vicepresidenta entre la consecuente lluvia de flashes. De eso sí que se iba a hablar, qué cojones. No le darían la portada de la Vogue y cosas así, como a la Carbonero –¿se lo imaginan? –. Pero iba a recuperar su natural posición en el orden natural de las cosas, vamos. A la voz de ya.
1. La Princesa Letizia, o cállate nena, que estás más guapa.
A mí con la princesa Disney me ocurre como con Shakira; que no me gusta su música pero la respeto porque me da la impresión de que es más lista que el hambre. Ayer entrevistaban a la parte de la royal family presente en Johannesburgo, que eran todos menos las elefantas, los maridos de las elefantas y su prole y el propio rey de corazones, que se había quedado en España porque ya no está para estos trotes. Así que allí estaban el príncipe, la princesa y la reina, y allí que va el reportero dicharachero de no me pregunten qué cadena a preguntarles cosas absurdas por estricto orden jerárquico, esto es; primero el príncipe, luego la reina y después, ya si eso, a la princesa. Y ahí que el príncipe y la reina responden y bueno, no quiero utilizar la palabra panfilez; digamos que respondieron en el natural registro borbón, esto es: con cuajo. Gran cuajo. Y el príncipe, además, con unos gallos que ni Lorenzo Milá el día del telediario. Y en embargo, oh sorpresa, que al final le preguntaron no se qué a la princesa y bueno bueno, no vean.
El vídeo de las declaraciones de los citados. Obsérvese
la cara de póker de la reina cuando habla la princesa.
Qué énfasis. Qué entusiasmo. Qué cosa. Y luego pusieron las imágenes del palco, de cuando marcaron el gol, y oigan: no vean la princesa. Qué entrega. Qué sentimiento de los colores. Que casi hace la ola, oigan, y cabriolas hacia atrás. Se quiere parecer a la reina, que cuando marcaron se levantó y se abrazó a un señor que estaba allí que, luego se supo, era un príncipe holandés. Confraternizando, ya saben. Con el enemigo. Cómo se nota que no es española y que aún estaba en shock después de la escena del vestuario, Puyol con la toalla, Piqué medio en pelotas, el olor a feromona, ya saben. Yo también estaría en shock. Y el príncipe, en fin; no quiero repetir la palabra cuajo. Pero ella, la Felizia, lo que les digo; cabriolas hacia atrás. Y lo que les decía antes; que más lista que el hambre. Así que, en lo sucesorio, yo quiero que las preguntas se las hagan a ella la primera, es más; que sólo hable ella. Que sabe hacerlo y tiene un máster y no le salen gallos y además conecta directamente con el pueblo llano. Como Iker y Sara. Y que la monten en el autobús del desfile triunfal-cabalgata de reyes de esta tarde para que las masas la aclamen como a una más de la Roja –qué ironías dialécticas que salen con el dichoso nombrecito– y que haga como ellos, que salude a la afición, que lleve allí el mini de calimocho y baile al son de los subwoofers, que se bañe con una manguera y cante yo soy español-español-español y oé oé oé y que salte la princesa, everybody, que salte la princesa. Y que luego, cuando vuelva a Palacio, el príncipe le diga, si le dejan los gallos, que de dónde vienes, Letizia. Mira qué horas.








Publicado por
El Señor de las Moscas



7 comentarios en el bote:
Ay, Señor mío, qué buen rato he pasado leyéndolo. Con la foto del pulpo y el subtítulo, he carcajeado de lo lindo.
Sublime.
sobre todo el speech sobre Letizia.
Anubis
Gracias, señor Josito; hoy estamos muy en su estilo, además. Rollo review, ya vé. La entrada podría llamarse 'La injusticia es...'.
¡Jajajaj!
Qué pesadez con el pulpo. Como anécdota friki puntual vale, pero que ocupe espacios de noticiarios y periódicos "serios" es... es... iba a decir "típical espanis", pero es que ha acaparado la prensa de todos los países!
¿Habrán pagado derechos de autor a las Chicas del Can? ¿o es una canción popular? parecidos más difusos se han ganado en los tribunales...
@F. Gordon;
Enseguramente que les han pagado los derechos. Digo yo, vamos; porque sino la cosa clamaría al cielo. Pero no creo que a ellas, sino al compositor -que no sé quién será, si ellas o quien; Bob Dylan seguramente que no-.
Y lo del pulpo; ay, hija. La tontura no tiene cura. Aunque, en todo caso, prefiero que nuestro ídolo nacional sea un pulpo que no los acostumbrados animales de granja de crianza en redil de Telecinco, DECs, Sálvames Deluxes y demás centros de cría especializada. Puestos a ser absurdos, seámoslo sin complejos.
¡Has vuerrrro! ¡Qué alegría!
Gracias por decir estas cosas bien-bonito y barato, que yo iba a decir unas barbaridades muy malitas y a lo mismo me linchaban.
Lo de pulpo y las banderas con marcas comerciales: genial, genial, genial.
@ Loquemeahorro:
¡He vuelto! Fundámonos en un abrazo de amor fraterno y profirámonos besos, smuac smuac.
¿Estuvo ya usted en NY, perraca? Me carcome la curiosity.
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