El otro día estaba yo tomando un café con hielo con mi santo, como diría Elvira Lindo del suyo, que es Antonio Muñoz Molina, ya otro día les cuento quién es el mío, tomando un café con hielo, les decía, y leyéndome el periódico en un café del centro de Madrid que se llama La Manuela, que es un sitio así muy guay porque tiene columnas con dinteles corintios y escaleras con la barandandilla de forja y parece el clásico café-bar de estos que aparecen en los anuncios de ron protagonizados por un guaperas con traje de lino blanco en el Santo Domingo de los años veinte y una camarera que le sirve un ron y el guaperas dice mmmh, qué bueno, ahí con voz varonil, y ella dice ahá, toda sugerente, y él le guiña un ojo y ella le sube una ceja y está claro que al final follan en el maizal de al lado de la plantación de bananos aunque eso no sale en el anuncio porque el anuncio aparece en horario protegido y estaríamos buenos, lo que sale es una voz en off también varonil que dice Ron Añejo Dominican Style, por ejemplo, ¡el ron del éxito!
Bueno, pues tomándome un café, les decía, en esta cafetería tan sugerente, y leyéndome el piriódico, cuando sorpresivamente bajo el periódico y le digo a mi santo.
–¿Ves? Ahora me apetece escribir.
Porque es lo que me pasa cuando me leo el periódico y porque acababa de decirle a mi santo –se lo digo también a ustedes– que resulta que me he pasado medio mes plantando furiosa batalla a las nuevas plantillas para blogs de Blogspot del demoño y cambiándole a la mía los diseños y el código base y teniendo que alojar imágenes y hasta le he puesto la silueta de una mosca en la cabecera de los widgets de la derecha, que ustedes no saben lo que ha sido la filigrana, rediseñando el blog, en resumen, invocando a Satanás en HTML para que quede botito y herboso y además súpermegaultrapersonalizado, y ahora resulta que me pasa lo que le pasaba a Lola y Zacarías en Más respeto que soy tu madre: –Tú y yo sí tenemos diálogo– decía Zacarías–. Lo que no tenemos es tema.
–¿Te apetece escribir, digamos, ahora? –me replica mi santo–.
–Si.
–Mmmmh, vaya. ¿Quieres que te deje algo para escribir? Lo que no tengo es papel. ¡Uh, espera, se lo pido a la camarera!
Le agarro de la camiseta cuando ya se lanzaba rumbo a la barra. Mi santo es que tiene mucha fe en mi obra.
–Che che che, frena. No me voy a poner a escribir aquí, hombre. Ya cuando llegue a casa, si eso.
–¿Y por qué no?
Me mira como diciendo, y qué. Le miro como diciendo, pues coño. Me mira como diciendo pues coño, qué. Le miro como diciendo pues coño qué, de qué. Se encoge de hombros. Frunzo el ceño. Se encoge de hombros mientras sube una ceja. Hemos perdido el hilo. Paso a comunicación verbal de nuevo.
–¿Me has visto cara de ser de esos que dicen que para escribir hay que estar en contacto con la gente y entonces se visten con una gabardina rollo Ciudadano Kane, en plan soy-Ray-Loriga-no-puedo-parar-de-crear y se van a un bar a escribir poesías en la Moleskine ahí, delante de todo el mundo?
–Ah, no sé. Tú sabrás.
Me indigno.
–¿Cómo que yo sabré? Vamos a ver, ¿realmente me crees capaz de ponerme a escribir aquí en público? ¡Ja! Qué poco me conoces.
Mi santo mira alrededor.
–Pero si esto está vacío.
–¡Me da igual! Es un ejercicio de exhibicionismo y odio el exhibicionismo, y no estoy dispuesto a…
–Pero si tienes un blog…
–¡No me cambies de tema!
–¡Aquí vienen los cafés! –tercia la camarera, intentando atajar la escalada de tensión–.
Empieza a servir los cafés.
–¿Ves? –le digo a mi santo–; si fuera un exhibicionista no estaría tomando café. Estaría en la barra vestido con una gabardina y pidiendo whiskys sin agua uno detrás de otro, esperando a que esto se llenase de gente para que todos me vieran…
La camarera me mira.
–…y entonces es cuando me pondría…
–Son tres cincuenta –corta la camarera secamente–. Y estamos cerrando.
–Ahora mismo vamos –dice mi santo–.
La camarera se marcha indignada, se pone tras la barra y empieza a mirarme con los párpados de arriba subidos.
–Ya has asustado a otra camarera –me dice mi santo–. A esta paso nos van a ventar la entrada a todos los bares del distrito centro.
–Si, como a Massiel. La culpa es suya –le contesto–.
–¿De Massiel?
–No. Si. También. De la camarera, coño. Por meterse en conversaciones ajenas.
–Mira, puedes contar esto en el blog –me dice–. Así ya tienes tema.
–¿Que ahora la camarera se piensa que soy Torrente? Si. Qué buena idea. Es una historia en la que quedo de puta madre.
–Bah, lo acabarás contando.
Le miro sorprendido y le digo.
–De verdad, qué poco, pero qué poco me conoces.





Publicado por
El Señor de las Moscas



3 comentarios en el bote:
Estaba yo haciendo idioteces en Facebook, digamos, jugando una porquería de juego, cuando me sorprendió el aviso de su publicación, caballero. Lo que es la tecnología, en fin, que le decía que me he leído su post, me ha encantado como siempre, me admira el profundo conocimiento que tiene de si mismo y del HTLM, esta guay el diseño, aunque un poco gris para mi gusto y en fin, que es un placer tenerle de vuelta al mundo de los exhibicionistas por internet, un placer casi tan grande como lo fué tenerme a mí de vuelta a lo mismo o como lo sería que España le gane a Alemania esta tarde. Que viva usted y que viva España.
Estodevivir: y viva la madre que la parió a usted!
Alegría por su regreso al blog!!!
Me encanta lo de invocar a Satanás a través de HTML. Esto se una a mi expresión: Hijo de la JOOmLA!!!
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