... El porqué de una mosca encerrada en un bote: Cuentos chinos

7 de agosto de 2010

Cuentos chinos

7 de agosto de 2010

Yo, como todo moderno que se precie, pasé por una fase de artista multimedia e hice un corto. Dos, en realidad. Pero el segundo fue mero trámite académico; el que cuenta, el vocacional, fue el primero. Lo escribí, lo grabé, lo edité, gané el premio –que es a lo que yo iba– y fin de la historia. No era un corto bueno, ni mucho menos profesional. Pero oigan, nos lo pasamos teta. Travestí a un amigo de monja en coma, a otro de agente secreto, metí a la protagonista en una ciénaga, puse a mi amiga Virginia a cruzar una catarata enfundada en unas katiuskas de mi padre –que me calza un cuarenta y cuatro– y saqué a mi amiga Cristina bella no, bellísima, yaciendo en una cuneta de la M-30 cual ninfa en cuadro de Waterhouse. Allanamos varias propiedades privadas e intelectuales, saltamos vallas, profanamos sitios de cierta dignidad –un panteón, por ejemplo–, engañamos para ello a mucha gente, tuvimos que esquivar a alguna otra y, en suma, estuvimos a punto de morir varias veces. Con la risa que da eso cuando tienes veinte años. De modo que, lo dicho; como los enanos.
Si luego no hice más cortos fue, amén de porque prefiero un cáncer a un rodaje, porque dejé de creer en ellos. No sólo en los míos, ojo; en todos. Al menos, en los españoles. O, matizando, no sea que haya quién se ofenda, digamos que en los que suelen hacerse en España. En los que suelen hacerse en España por norma general. Dejémoslo ahí. Y ahí fue cuando me dije escribe, hijo. Es igual de inútil, pero por lo menos se hace sólo. Y en fin, aquí me tienen.

Ayer Elvira Lindo, que ya saben que me pone bastante, clausuraba un curso de verano que ha impartido en la Menéndez Pelayo de Santander sobre Chéjov y el cuento, curso al que no me apunté por varios y poderosos motivos. Primero, porque soy bastante pobre. Y segundo, porque me enteré de su existencia dos días después de que cerrasen el plazo de matrícula. Lo dicho; motivos poderosos. Si no, ahí hubiera estado el primero de la fila, libreta de hello kitty en una mano y plumier de la señorita pepis en la otra, todo lo niño repollo que hubiera podido y con todos mis Manolitos en primoroso orden de publicación prestos a ser firmados, como el inadaptado social que soy para según qué cosas. Y eso que a mí Chèjov, lo deducirán del hecho de que sea fan de Manolito Gafotas, me aburre cosa mala.
La cosa es que la Lindo, en el acto de clausura, reivindicó el cuento como forma literaria, por lo visto, y lamentó la poca afición que se le tiene al asunto en España. Proclama muy poco original como lo son siempre las evidencias; lo de que en este país no hay cultura de cuento es el mantra machacón del oficio, y personalmente pienso que es lo que corresponde. Además, con lo sobrevalorada que está la originalidad por estos derroteros del tú qué piensas acerca de, no ser original empieza a constituir la propia originalidad. Y además es que es verdad, qué coño; en España, querida amiga, es que no se leen cuentos.
Personalmente pienso que hay por ahí cuentos, digo esto para excusarme de lo que viene después, que hay cuentos, decía, y además no necesariamente de Cortázar o Borges, y encima no especialmente extensos, que valen más que la totalidad de la obra literaria de muchos autores españoles contemporáneos, y no digo más porque no quiero volver a despotricar contra la generación Nocilla. No creo que sea muy original diciendo esto –lo de los cuentos, digo, no lo de la generación Nocilla; con lo de la generación Nocilla quizás sí, porque por lo visto le entusiasma a todo el mundo. Les he dicho que no me tiren de la lengua–. Pienso que Woody Allen, por ejemplo, siempre él tan polifacético, tiene cuentos de página y media que ni cincuenta vickys, cristinas y barcelonas puestas en fila una detrás de otra. Y con los cortos pasa igual. Que los hay geniales, buenísimos. Vayan a Youtube. Hay cortos de gente desconocida que en seis minutos desmerecen la filmografía completa de las muchas vacas sagradas del cine de nuestro país.
Pero ah querida amiga, como dijo no sé quién; es que ni tanto ni tan calvo. El delito en España, siempre he pensado, no es que el corto y el cuento sean la sopa primordial del amateurismo. Que lo son, a fin de cuentas, aquí y en la China popular. Ni el amateurismo en sí, no jodas; el amateurismo no sólo es necesario: es que es por cojones. Ni que, cosas que todo eso implica, haya niños de veinte años –y de treinta, y de cuarenta–, como lo fuimos todos alguna vez o alguna vez lo seremos, perpetrando unas mierdas impresionantes que encima llaman arte a papo lleno. Que también ocurre aquí y en la China popular. El problema –y digo problema en su acepción literal, es decir; que aquí los españoles tenemos un marronaco– es que se subvencionan. Subvención, sea ésta una a fondo perdido de la correspondiente comunidad autónoma –treinta mil euros de media que sacuden en la Comunidad de Madrid por un corto, por ejemplo– o los mil doscientos lebros estandarizados en concursos literarios. Subvención, decía, que viene a constituir el ego te absolvo insitucionalmente constituido, es decir; el visto bueno de la sociedad. Y es que muchas cosas –no sé si atreverme a decir que la mayoría– se subvencionan porque sí. Por intereses ideológicos, por intereses comerciales y de promoción y por encima de todo, porque los concejales de cultura, normalmente, no saben leer. Los ayuntamientos y las instituciones públicas promocionan y subvencionan cortos y cuentos en España con el mismo criterio de excelencia artística con el que eligen las esculturas que plantan en las rotondas.
El problema en sí mismo, pienso yo, es la mera subvención directa. El yo te lo pago. Creo firmemente que no debería existir. Como en aquel proverbio, por reducirnos a la elemental, del pobre que come un día porque le dan un pez, pero que comerá todo los días si le enseñan a pescar. Y etcétera. España es el pobre del proverbio. El drama, que tenemos el pez garantizado. Llámese pez, llámese subvención. La putada consecuente, que no sabemos pescar. Y el problema gordo, el marronaco del que les hablaba antes, que en este país el triunfo comercial o industrial de un corto o de un cuento normalmente tiene muy poco o nada que ver con su calidad. La cosa, claro, es que ahora no se pueden retirar las subvenciones. No de golpe, claro. No jodas. Imaginen que el proverbio dijera del pobre que ni darle peces ni enseñarle a pescar. El pobre del proverbio se moriría. Primero viene aprender a pescar, y luego renunciar a los peces porque sí. Mientras tanto y por mucho tiempo, porque esto no tiene ni visos lejanos de empezar a cambiar, seremos pobres. Y se nos comerán la merienda los franceses, por ejemplo, que con millones hablantes menos que el castellano acumulan no sé cuántos nobeles más. Y en nuestra casa, los sudamericanos. Que lo hacen mucho, y en ocasiones incluso pero que mucho, mejor que nosotros.
Claro que los blogs somos a la opinión lo que los cortos al cine; el género chico. O menor, si prefieren. Que yo lo prefiero. De modo que tampoco me hagan mucho caso.
07/08/2010

9 comentarios en el bote:

Homo libris dijo...

Como no podía ser de otro modo, estoy con usted de principio a fin en las aseveraciones que presenta en su artículo (nada menor, ni en forma ni en extensión, cabría añadir).

Yo, ya sea por aquello de no seguir la norma o porque crecí entre cuentos de Poe y relatos de Conan Doyle, soy un enamorado de los cuentos. Me gusta su concisión, que nos permiten disfrutar enormemente en muy poco tiempo y que no se pierden en divagaciones, a las que soy muy dado. En su día, incluso, hice mis pinitos escribiendo alguno. No llegaron a crecer, no, ni para convertirse en pinar ni para ser secoya (o novela, tanto da), sino que permanecieron relegado en su papel de bonsai y nunca más se dieron (tal vez por eso la tardía afición a escribir en blogs). Sea como fuere, coincido en que en España apenas se valora este género, aunque haya algún que otro buen cuentista y los que los escriben en nuestra lengua sean, en su mayoría, latinoamericanos.

Con el corto y el género cinematográfico imagino que ocurre poco más o menos lo mismo. Aquí lo desconozco porque, aunque alguno que otro habré visto de mi gusto, la verdad es que no me considero especialmente capacitado para valorar su calidad de forma objetiva. Eso sí, también coincido en que el mal del cine (y de otras artes) en nuestro país no es únicamente la piratería (que su buen daño hace, aunque este es otro tema del que ya hablamos en su día) sino que también hace mucho la falta de originalidad y maestría.

Por un lado, coincido con el gremio en afirmar que si las películas no se doblasen otro gallo cantaría al cine español. Esa costumbre ha impedido que seamos más cinéfilos y que sepamos apreciar el cine en versión original, ha empobrecido la capacidad de aprendizaje de idiomas y ha hecho un flaco favor al cine patrio. Pero, además de todo esto, el vivir de la subvención (y esto es extensible a todos los ámbitos de la vida laboral en este país) ha hecho que nuestras artes puedan vivir sin la presión de tener que resultar rentables y esto se ha convertido en un arma de doble filo, adormeciendo el ingenio y haciendo que se busque la subvención fácil antes que el reconocimiento de lo osado.

En resumen, que me quedo con lo pequeño y de calidad antes que con la paja insulsa. Algo extensible, por supuesto, a su blog, que ahí sigue, en mi lector de RSS, y que leo aunque no comente tanto como quisiera (aunque su acicate ha llegado en un momento ideal, andando yo como estaba leyendo el correo y partiendo presto a leer qué se cocía por aquí).

Un abrazo.

Homo libris dijo...

¡Pardiez!

Lo que yo le diga: mejor breve, chico o menor...

Creo que me pasé un poco. :)

Saludos.

El Señor de las Moscas dijo...

@Homo Libris;

Usted no se pasa, oiga. Qué bobada. Si da gusto leerle.

Y sí, menudo repaso le ha metido usted a los problemas del cine patrio. Coincido más o menos en todo, que lo sepa. Me hace gracia cuando, en muchas ocasiones, le preguntan a alguien que cuál es el problema del cine español, y el alguien responde que buf, muchos, imposible reducirlo a una lista. Inlcuso hay quién dice que sería 'estéril'. Yo creo que no sólo es fácil, sino que también fecundo, atinado y además, sería la primera puesta de piedra de su solución. Y para muestra de que no son tan oscuras y abstractas problemáticas, quede su repaso. En plan, punto uno, dos y tres. Claro que ni usted ni yo somos parte interesada, por lo que podemos hablar como con más libertad.

Hablando de ser la parte interesada; ¿cuándo nos va a comentar la visita de Michelle Obama a Granada? Porque debió vivirla usted de primera mano.

Homo libris dijo...

Bueno, los problemas sobre el cine patrio que exponía y que venían a coincidir en buena parte con los que usted argumentaba, los intuyo dentro de mi limitado nivel de entendimiento, jeje.

Respecto a la mujer de Mojama, como la llamaron en mi tierra, lo cierto es que lo he vivido de soslayo. Parece que hubiera ido evitándola, oiga. Como alguna vez habré permitido vislumbrar en mi blog, vivo en Málaga y visito cuando es posible (y se me olvida el calor que hace en esta época) Granada. Cuando la buena de Michelle llegó a Málaga yo andaba en esa ciudad y justamente visitó Granada el día anterior a mi escapada allí, así que debimos "cruzarnos" por el camino, afortunadamente.

Eso sí, no sé si por Michelle (de la que nos acordamos ayer al adelantar por la noche una enorme limusina blanca con mi pequeña y también blanca Berlingo) o por la operación de tráfico de agosto, pero la carretera estaba plagadita de guardias civiles.

En fin, voy a ver si leo su actual entrada. :)

Saludos.

estodevivir dijo...

Pues estoy con usted de cabo a rabo, aunque no abunde en conocimientos de lo que se cuece en España, pero estoy con usted, en primer lugar porque le creo, y en segundo lugar porque prefiero su blog o género chico a mucho novelón que anda por ahí. He dicho.

El Señor de las Moscas dijo...

@Homo Libris; Debe ser eso. Que se cruzaron y no se encontraron. Es lo mismo que me pasa a mí con Brandon Flowers. Constantemente, oiga; también diríase que me evita. El muy pérfido.

@Estodevivir; se le agredece usted el ánimo, amiga; yo la prefiero a usted mil veces antes que a Brandon Flowers. Fíjese lo que le digo. Y no me crea mucho, insisto. Hay quién dice que no soy de fiar. Yo el primero.

loquemeahorro dijo...

¿De verdad existía ese curso? ¿Y por qué me entero hoy? Claro que yo tampoco hubiera podido ir por lo del dinero, pero enterándome dos días después de que se acabe, está algo más que difícil.

Es que yo sí soy admiradora de Manolito (y el cuerno de su trenka), y de Chejov, lo juro solemnemente.

La profusión de festivales de cortos me producen una cierta desazón que no podría expresar en palabras, por lo menos no tan bien como está aquí expresado.

Con el penúltimo párrafo no sé si estoy muy de acuerdo, no es una forma de decir suavemente que no estoy de acuerdo, es que es un tema sobre el que todavía no tengo una opinión formada.

pd. Recuerdo que por el corto de marras, le dieron el Óscar, su abuela no me dejará que mienta.

El Señor de las Moscas dijo...

@Loque;

Veo que todos tuvimos el mismo problema con el curso... Señores de la UIMP, dos puntos; Ya lo han visto. Necesitan ustedes un impruf de márketing, pero a la voz de ya.

Y sí, es verdad; me dieron un óscar. Lo reconozco públicamente.

Sir Di dijo...

Yo si que me enteré del curso, porque todos los años allá por Mayo empiezo a mirar compulsivamente la web de la UIMP. Luego nunca hago nada, pero eso es otra historia.

Lo de España y el dinero que destinan a cultura es un problema, difícil de resolver (más que lo de los controladores).

Y a mi me gusta lo de CHICO, que es muy charro.

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