... El porqué de una mosca encerrada en un bote: Quejarse

11 de agosto de 2010

Quejarse

11 de agosto de 2010

Iba a empezar diciéndoles que no me gusta quejarme, pero es que el otro día le dije eso mismo a mi amigo Ángel y estuvo tres minutos revolcándose por el suelo.
–De qué te ríes, so estólido –le pregunté–.
Estólido del latín stolidus; falto de razón y discurso. Me encanta esa palabra. Y no se crean que tengo muchas ocasiones para usarla.
–No te creas que me río porque lo digas –acertó a anunciar finalmente, recuperando poco a poco la respiración–; me río porque estoy seguro de que, además, te lo crees.
Le miré con la dignidad con la que un emperador prusiano mira a los cortesanos desde el palco de la ópera. Ya he dicho alguna vez que, cuando yo me pongo digno, lo que me pongo en realidad es arcaico.
–Que yo me creo qué, mastuerzo .
Arcaico y les diré más: arcaizante. No es lo mismo arcaico que arcaizante, ojo. Hay que saber apreciar los matices.
–Eso que dices de que no te gusta quejarte.
–Es que no me gusta quejarme, mentecato.
Arcaico, arcaizante y bastante faltón. Eso también.
–¡Pero si no haces otra cosa que quejarte! –me espeta el pazguato, y acto seguido se pone a enumerar con los dedos–; que si no tienes curro, que si tu piso es un asco, que si los de arriba te despiertan, que si hace calor, que si España da vergüenza…
–Bueno, escucha…
–… que si la gente no sabe conducir por las rotondas –cambia a los dedos de la otra mano, coge aire y sigue: –que si la de la universidad te tiene manía, que si en tu bar nunca quedan napolitanas, que si estás rodeado de italianos…
–Ya, mira…
–Si hasta el otro día, fíjate, dijeron que Michelle Obama palmeaba muy bien y a ti lo único que te salió fue un speech en tres actos sobre un autor marxista. ¡Porque la pobre mujer palmeaba bien!
Le hubiera cruzado la cara. Se los juro. Pero también es cierto que mi santo me dijo algo parecido el otro día, cuando tomábamos un café.
–Deberías volver a escribir algo más, no sé. Como antes –dijo–.
–¿Como antes? –pregunté–.
–Si. Como al principio del blog. Tus últimas actualizaciones son, cómo te diría –reflexionó brevemente y anunció–; oscuras. Sí. Oscuras.
–¿Oscuras? –pregunté de nuevo–.
Mi santo reflexionó, porque vio que me estaba poniendo arcaico por momentos.
–Bueno, más que oscuras… Oscurantistas –anunció–. Que no es lo mismo, eh. Hay un matiz.
Lo dicho. Que hay que saber apreciar los matices. Y apreciar a quien los aprecia. Por eso mi santo es mi santo.  
Así que he releído mis últimas actualizaciones y, reuniendo toda mi capacidad de autocrítica –cosa fácil, porque es muy escasa–, he de admitir públicamente que los analistas de mi obra tienen razón. Últimamente estoy muy oscuro.
Y hoy, y con esto empezaba y acabo, fíjense qué redondo, les iba a empezar diciendo que no me gusta quejarme para quejarme, en efecto, a continuación y así explicarles el porqué de la oscuridad. Porque la mía no es de estilo; qué va. No soy Paco Umbral. Qué les voy a contar yo que ustedes no sepan ni me hayan leído antes. Pero, y precisamente por eso, hoy vengo firmemente decidido a sorprenderles a ustedes, aunque sólo sea por una vez en la vida. Qué coño. Hoy no me quejo. Mañana sí, claro. Y pasado, más. Del paro, de las etetés, del no tener un duro. Y no porque no me guste, ojo: quejarme me gusta, se lo admito. Y me gusta mucho. Quejarse con saña, con dramatismo. Con genuino sentirse el centro de gravedad de todos los problemas del universo. Queja estéril. Poco constructiva. De la que no sirve para nada y que, precisamente por eso, es la que más sirve. Quejarse es un consuelo, y si yo no digo lo de las penas con pan es por particularidades de mi biografía, no porque no crea firmemente en ello. Quejarse mola, y pienso seguir quejándome. No hoy, lo dicho. Hoy me acabo el gin-tonic, que es el pan de mis penas, y me voy a la cama. A soñar, hoy sí, con los angelitos. Y ya mañana les cuento.
11/08/2010

10 comentarios en el bote:

estodevivir dijo...

Bueno, pero que decirle, a mí me gustan sus quejas, es verdad que también me gustan sus autocríticas, las pocas, y sus narraciones del diario acontecer, pero queda dicho, las quejas también me gustan. En fin. Con tan poco criterio selectivo, mejor no digo nada más. Y fuí la primera,eh, en los comentarios.

loquemeahorro dijo...

Pues a mí me gusta quejarme, me encanta. Ay, qué liberación, por favor.

Lo malo de quejarse es que siempre hay otro que se queja de que te quejas.

Detesté cada milisegundo del mundial, y a "la roja" esa (sea quién sea), y en sus tiempos no me gustaba Mecano, ni las cadenitas esas de oro barato que llevaba la gente a kilos.

Ea, ya lo he dicho.

Homo libris dijo...

Yo disfruto con la queja propia y ajena... ¡Es tan propio de estos predios!

Y digo yo... ¿no usa usted la palabra estólido con frecuencia porque no encuentra a gente que lo sea o porque quienes lo son no suelen conocerla?

Saludotes.

El Señor de las Moscas dijo...

@Estodevivir; en efecto, ha sido usted la primera. No se crea que constituye un grán mérito, oiga: aquí somos cuatro gatos. Tiene más en el blog de Loquemeahorro, que tiene más público que el Washington Post. Yo el otro día fuí el tercero -en su blog de ella, digo- y es, personalmente, mi plusmarca personal.

@Loquemeahorro: concedo. Hay quién se queja de que te quejas. Irónico, isn't it? Pues así es. Y sí; también detesté cada milisegundo del mundial. Y no me quejé, pero casi. O sí, pero muy sucintamente. Hay cosas, querida amiga, con las que es mejor hilar fino.

@Homo Libris: no uso frecuentemente la palabra 'estólido' por ambas razones. Es como cuando, en Kill Bill Volume 2, decía Daryl Hanna que le encantaba la palabra 'pantagruélico' (en inglés, 'gargantual') y que no tenía muchas ocasiones para decirla. Bastantes arcaísmos meto ya para hartazgo de mi parroquia, que me llama pedante, petulante y a veces directamente gilipollas. Menos estólido, propiamente, de todo.

Homo libris dijo...

Si es que los amantes de los arcaísmos somos unos incomprendidos... Oh, qué reminiscencias de Rabelais me trae usted; el origen de la lengua en la literatura. :)

Un saludo.

Sir Di dijo...

Quejarse es sano. Y el que no lo hace es tonto. He dicho.

El Señor de las Moscas dijo...

@Homo Libris: yo es que otra cosa no, pero reminiscencias de Rabelais, las que usted quiera.

@Sir Di; es healthy, indeed. Yo diría que es hasta inevitable.

Ibán dijo...

Tanto quejarse como la autocrítica es buena.

Empecemos con una de lo último, no haberme visto en Madrid

(Yo también me estaba tomando un gin tonic en paralelo ;) )

bibliobulimica dijo...

Sr. de las moscas:
no importa que sean quejas ¡pero escriba por Dios! tiene ud. muy abandonado este blog (vaya ¡yo también me quejo!)

El Señor de las Moscas dijo...

Contestamos a los dos últimos:

@Ibán; calle calle, no me hable. No me creerá, pero me siento harto culpable. Y eso que usted también me dió esquinazo a mí uno de los días. Y además falté a la fiesta-orgía de nuestra común amiga Vageena. Con lo mal que lleva esas cosas. Mucho me temo que algo tendré que hacer para recobrar sus respectivas
confianzas. Pida por esa boca.

@Bibliobulímica: quéjese, mujer. A usted se le permite eso y más. Aunque, le comento, vamos tan rápido como podemos. Peor pensé yo que iba a aguantar el ritmo, en ésta mi segunda temporada on air.

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