Después de la repercusión mediática mundial masiva de aquel post que publicábamos hace unos meses en el que nos hacíamos eco de la polémica a raíz del plagio del waka-waka de Shakira y, más en concreto aún, después de que se haya montado una pajarraca importante entre Colombia, República Dominicana y Camerún –de la que ustedes no saben nada porque es que ustedes sólo se quitan el monóculo para leer el Financial Times y el Le Monde Diplomatique–, he sido alentado por lectores amantes de la verdad a esclarecer la ídem y sembrar luz en este espinoso tema que tiene a algunas de las naciones más poderosas del globo al borde de la guerra nuclear. Porque, afirman estos lectores, mi anterior aporte fue parcial, tendencioso y una mentira así de gorda.
Así que, inasequibles al desaliento, el research department de El porqué de una mosca ha emprendido un laborioso trabajo de investigación para rastrear el verdadero origen del waka-waka por los procelosos océanos de la interné y que luego no vayan diciendo que es que cuento lo que me sale del culo. Y la remontada a los visigodos ha sido laboriosa, no se crean; las pistas nos llevan a destinos tan exóticos como, lo que les digo, Colombia, República Dominicana o Camerún. Así que, tras descifrar concienzudamente la ortografía con la que parece perpetrarse de forma generalizada lo que aparentemente es lengua castellana en según qué sitios de América Latina –lo digo, no se me ofendan, porque hace veinte minutos que estaba leyendo un foro dominicano sobre el tema y es que aún estoy sudando–, diccionario de la RAE en una mano, piedra de Rosetta en la otra y estampita en el bolsillo de San Isidoro de Sevilla, patrón de escritores, poetas y calígrafos –y pobrecito mío–, estoy en disposición de poder anunciarles, o eso creo, que dos puntos: las Chicas del Can no inventaron el waka-waka. Cómo se han quedado.
Las Chicas del Can interpretan El negro no puede vestidas de azafatas de la Enterprise.
Pues no, querida amiga; el waka-waka, originalmente titulado El negro no quiere, es propiedad intelectual de un tal señor Vargas, de nombre Wilfrido, dominicano el hombre pero afincado en Colombia y que, por lo visto, lleva allí más años que la puerta. Wilfrido se la compuso a las Chicas del Can, y ahora Wilfrido le ha reclamado a Shakira, que también es colombiana, la cantidad simbólica de once millones de dólares porque dice que si alguien tenía que enfundarse la minifalda de juncos y mover el culo en el Soccer City Stadium de Johannesburgo ése era, claramente, él. Los fanses de las Chicas del Can están indignados con Shakira y los fanses de Colombia –fanses de Colombia así, en general. Que los hay, y muchos– están indignados con Wilfrido. Tanto que, bueno bueno, poco menos que le tiran piedras por la calle. Porque encima de que le acogen en su país –leo en varios foros de avezado entendimiento del patriotismo– va el tío y les denuncia a su ídola máxima. Que hay que joderse con Wilfrido, proclaman. Y eso que Wilfrido, atento el hombre con la situación de Shakira, ya ha dicho que si quiere, la diva otrora conocida por sus gorgoritos le puede pagar el montante sonante poco a poco, esto es; en cómodos plazos. ¿Y qué hace, mientras, Shakira? Pues miren, aparte de forrarse a petrodólares, Shakira está que se desorina de la risa. Porque El negro no quiere fue, a su vez, un plagio. Cómo se han quedado. Un plagio de Wilfrido el velloso a un grupo que se llama Camerun Golden Sounds. Que inmortalizó el tema allá por los primeros años ochenta.
Los Camerun Golden Sound interpretan el Zangwalema original.
¿Entonces los Camerun Golden Sounds, que son como los Take That de Camerún, qué les diría yo, los Back Street Boys del subdesarrollo, estos señores, dirán ustedes, han reclamado su parte contratante de la primera parte a Wilfredo y, por responsabilidad civil subsidiaria, a Shakira? Pues tampoco, querida amiga. Ellos lo que hicieron fue versionar un himno militar camerunés. Como el alasanfán francés o nuestro famoso chunda chunda, pero en camerunés. Que lo compuso otro señor, que a su vez lo había copiado de la tradición popular del país. Es decir, que lo cantaba la gente por los pueblos de Camerún. Se pueden imaginar que en Camerún, en la época, lo más parecido que había a una ley de propiedad intelectual era que si robabas una gallina el dueño tenía derecho a violar a tus hijas. O algo así.
Así que la conclusión evidente es que se la inventaron unos señores negros de color en tiempos de Maricastaña allí donde Cristo perdió el mechero, pero la que se está forrando es Shakira. A mí me parece un ejemplo perfecto, limpio, puro y cristalino, claro y meridiano, de lo que ocurre cuando no se protegen los derechos de autor y se abolen las esgaes y los egedas y cedros y hala, todo de todos.
Pero ése es un jardín en el que en este blog ya no nos metemos, así que ahí lo dejamos. Vaya dedicado a los amantes de la verdad, la honestidad y las cosas como son; nunca, amigos, repito, nunca, dejéis de dar por culo.
04/09/2010





Publicado por
El Señor de las Moscas



9 comentarios en el bote:
Me he quedado picuetísimo, ignoraba todo sobre este asunto. Gracias por iluminarnos. La conclusión es brillante.
@Riggy: Huy. Y la cosa sigue, no se queda aquí. Un escándalo, oiga, eso es lo que es.
(He ido a darle la wilkommen, por cierto, y me he enterado de quién es usted...)
Amigo mío, las profundidades investigativas a las que Ud. ha llegado, conclusión a la que habrá llegado Shakira, seguramente, mucho antes, pero gracias a un equipo de investigación que se habrá ganado sus buenos dólares en la tarea, la conclusión suya,su profundidad investigativa, me han dejado admirada,su constancia en el esclarecimiento de este asunto de importancia mundial,que ha estado a punto de causar la III Guerra Wilfridiana o Shakiriana, según se conoce por otros lares, es loable,admirable y palpable, vistos los resultados obtenidos. Me quito mi simbólico sombrero virtual ante Ud.
De Dominicana mejor no hablemos,que yo viví allá durante más de dos años y me ví expuesta a todos esos ataques a la lengua de manera sostenida y con perfidia, pese a lo cual me resistí hasta el final y nunca lograron de mí que dijera aruñar, en vez de arañar. Vaya carácter el mío.A sus pies, decía, a sus pies de Ud.
Por cierto y sin que medie malicia ninguna por mi parte, debo decirle que las letras anaranjadas que ha colocado Ud. en ciertas partes de su blog, me tienen al borde del daltonismo o algo mucho peor, digamos, la ceguera.
@Estodevivir:
Calle calle, las letras naranjas. No me hable, que me tienen fried. Se lo digo yo, que partícularmente sí que vivo inmerso en el daltonismo más absoluto. Intentaré cambiarlas, lo prometo, tan pronto me sienta con suficiente ánimo como para meterme en los jardines del HTML y de las pérfidas plantillas del Blogger, que el Diablo las lleve a todas.
La guerra Wilfridiana; no es para menos, oiga. Lo que le decía al amigo Riggy: un escándalo. Un auténtico escándalo, eso es lo que es.Y Dominicana; bueno, en todas partes cuecen habas, amiga. Por aquí también ocurren ésas y peores, y no quiero señalar a nadie. Aunque le juro que hubo ratos de pertinaz lectura del modismo dominicano que pensaba estar leyendo esperanto o klingon o algo peor. Ni media, oiga. Es que ni media.
Ay, y yo despreciando la sabiduría materna ancestral. Ya me dijo mi ilustre progenitora, al comentarle yo que la canción no era de shakira sino de las del Can: "es muy antigüa de África, y no es de nadie y es de todos. A callar"
Y tenía razón
crispular
Hubiera acabado antes, si me hubiera preguntado a mí, que la historia esta ya me la sabía. Una de mis amigas es etnomusicóloga (suena estupendo) y me contó todo lo relacionado con el Waka Waka.
Pero, me parece estupendo que nos haya contado la historia.
¿Y El Negro No puede "de" Georgie Dann, qué pinta en todo esto?
Por cierto, qué bonita letra, qué fina, qué sutil, siempre me ha gustado, casi tanto como la de "La mujer en el armario" de Raffaella Carrá.
Como vuelva a oir el waka waka me van a tener que exorcitar, exortizar, exitorzar... bueno lo de la peli...
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