... El porqué de una mosca encerrada en un bote: Hispanidad.

13 de octubre de 2010

Hispanidad.

13 de octubre de 2010
Ayer fue el Día de la Hispanidad y, a la postre, Fiesta Nacional de España. Tal como ayer pero hace quinientos doce años Rodrigo de Triana –judío, por cierto– avistaba el continente americano desde la Santa María, y eso es lo que ayer se celebra en este país. Contrariamente a lo que piensa mucha gente, el hecho de que también sea la Fiesta del Pilar es pura coincidencia.  

El Día de la Hispanidad fue un invento de un ministro español de Alfonso XIII, señor don Faustino Rodríguez-San Pedro, bisabuelo de Rodrigo Rato. Le pareció súbitamente a don Faustino que era buena idea conmemorar los lazos entre España e Hispanoamérica y pronto concertó la idea con el rey y las naciones americanas, a ver qué tal les parecía. Resultando del rey que sí, porque Alfonso XIII no era mucho de oponerse, y de las naciones americanas que también, que sí y que guay. Y que por aquello de elegir una fecha significativa para todas se iba a celebrar el doce de octubre. Y en 1918 tuvo lugar la primera celebración.
 

Pero no del Día de la Hispanidad, ojo. El nombre más apropiado que se le ocurrió al señor este Rodríguez-San Pedro, bisabuelo de, fue Fiesta de la Raza. Raza hispanoamericana, se entiende. De hecho es así como se conoce hasta hoy día en la mayoría de las naciones americanas, pese a que en España el nombre de la fiesta cambiase –acertadamente– a Día de la Hispanidad en 1940.  Eran otros tiempos. 

Y no en todas, claro. La original Fiesta de la Raza fue primeramente concebida como una reivindicación identitaria de España y las naciones hispanoamericanas contra Estados Unidos, nación que no en vano se denomina a sí misma America como si no hubiera más América por debajo de Nuevo Mexico. Y es que por aquella época unos y otros –hispanoamericanos y norteamericanos– nos teníamos mucho asco. Una de las razones que explica el mal llamado sentimiento antiamericano del momento –que debería denominarse sentimiento antinorteamericano, pero bueno– es que cuatro años antes, en 1914, había acabado la guerra que Estados Unidos mantuvo contra Filipinas desde 1899, año en el que concluyó la que le había declarado a España y en la que le arrebató las colonias de Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico. 

Esto España. Las naciones hispanoamericanas, por su parte, recelaban ahora del colonialismo norteamericano en el continente. La Constitución Cubana de la época, por ejemplo, incluía la Enmienda Platt, que reservaba a Estados Unidos la potestad de invadir la isla cuando lo creyera conveniente –cosa que hizo; acuérdense de Cochinos–. Puerto Rico siguió siendo –y es hasta hoy, aunque con otro nombre– colonia de los Estados Unidos, y véase la pajarraca que le montaron a Filipinas. Pajarraca que explica la saña con la que los japoneses entraron en Manila en la II Guerra Mundial –la segunda ciudad más destruida del mundo en la guerra después de Dresde y, lógicamente, Hiroshima–. Por cierto que en el curso de esa saña nipona sobre Manila murió un tío tatarabuelo de mi madre, si no me equivoco. Ya ven que los de unos presiden ministerios y los de otros se mueren en guerras mundiales. 

A lo que iba; que lo llamaron Fiesta de la Raza y luego Día de la Hispanidad, pero no en todas partes. A la celebración pronto se unieron las naciones americanas no hispano parlantes pero, desairadas por no haber sido incluidas en la categoría, le pusieron sus propios nombres. El Día de la Hispanidad se llama Discovery Day en Bahamas y Pan-american Day en Belice, no sin evidente retintín. Estados Unidos lo llamó Columbus DayDía de Colón–, y en este país por lo visto sólo es ocasión de fiesta para los italoamericanos, no me pregunten por qué.

Se sigue llamando igual en El Salvador, por ejemplo, Colombia o Argentina. En este último no por mucho tiempo; desde el mes pasado obra en poder del Congreso argentino el proyecto de ley para cambiarle el nombre a, atiendan, Día de la Diversidad Cultural Americana en Argentina. No voy a hacer comentarios sobre esto. 

Y es que ésa es la tónica. En Uruguay se llama Día de las Américas y en Chile ya se denomina al antiguo Día de la Hispanidad como Día del Descubrimiento de Dos Mundos –el americano por parte de los europeos; el europeo por parte de los americanos– y en Costa Rica, que con la cosa afro tendría que incluir a la ecuación un tercer mundo y sus consecuentes permutaciones –el americano por los europeos; el europeo por los americanos; el africano por los americanos; el viceversa– han optado por la sintética y lo han llamado Día de las Culturas. Ea. 

Mi preferido, sin duda, es el caso venezolano. Cambiado, cómo no, por el presidencialísimo innombrable de nombre Hugo y apellino no Boss, pero casi. Lo hizo en 2003 y lo hizo a Día de la Resistencia Indígena. Tampoco voy a comentar esto. 

En fin. Lo que yo me venía a preguntar hoy aquí ante ustedes y ante las potencias antes de extenderme tanto era lo siguiente, dos puntos. ¿Por qué en España nos empeñamos en celebrar algo en lo que ya nadie cree? No al menos entre los aludidos, claro: poco importa la fe que tenga un estonio, por ejemplo, en el Día de la Hispanidad. España no cae bien a las naciones hispanoamericanas –dicho esto muy en suave– y muchas de estas naciones no se gustan entre sí. Es que ya ni siquiera España, fíjense, se cae bien a sí misma; véase por ejemplo que a raíz de la noticia de que el presidente de la Generalitat de Cataluña acudiría a la fiesta del Día de la Hispanidad, el portavoz de ERC, Ignasi Llorente, salió a la palestra mundial catalana y anunció, sin que se le moviera un solo pelo, que Montilla asiste a ‘una fiesta anticuada en recuerdo de un genocidio’. Me está costando no se imaginan cómo, pero  tampoco voy a hacer comentarios sobre esto.

Esta tendencia, el antiespañolismo con epicentro centrípeto en la propia España pero ecos de reverberación creciente en América es, precisamente, creciente. No va a la baja, como cabría concluir de la perspectiva histórica, el discurrir de los siglos y demás impepinables. No, amiga. Va al alza. Y esto da mucho qué pensar. 

¿Por qué? Bueno, hay de todo, claro. La cuestión bolivariana, por ejemplo, y la lectura que de Simón Bolívar hacen algunos interesados –y aclaro; todo aquel que reinterprete a Simón Bolívar a doscientos años vista y sin ser historiador es porque está interesado–, algunos interesados, decía, que pretenden ver que dijo digo cuando lo que dijo fue Diego o cuando, pobre hombre, es que ni siquiera dijo nada. O la legítima –legítima, encomiable y absolutamente necesaria– reivindicación indigenista que medra en muchas naciones americanas, muy en la onda bolivariana, que ha sido pervertida por algunos hasta un antiespañolismo que pocas veces resulta razonable y que en muchas va de lo arcaico –véase Morales– al directo absurdo –véase Chávez–. Es una confusión sistemática de churras con merinas y es, lo que resulta más peligroso, confundirse de enemigo. El indigenismo americano tiene su enemigo en las élites gobernantes de sus países, que viven y medran tan pálidos ellos y escasos en número en los blindados barrios countries que erigen, silenciosos, en las estribaciones andinas de Lima o Quito, en el Gran Buenos Aires o en Caracas o San Salvador. Ya lo cantó Víctor Jara; Las casitas / del Barrio Alto… Y etcétera. Pero resulta más fácil y sobre todo, resulta más rentable políticamente que esas élites, poseedoras del dinero y de casi todo en un continente escaso en clase media, alcen los puños con histrionismo clamando venganza, Cielos, venganza, ante un enemigo que ya no existe y mientras tanto, raca, se perpetúen allí donde sus tatarabuelos –españoles– pusieron el huevo. Se llama populismo y es un invento más viejo que la catedral de Burgos.

Simón Bolívar, por ejemplo, a quienes los indigenistas y el socialismo bolivariano reivindican como si fuera poco menos que Trotsky, pertenecía a una familia aristócrata caraqueña, los Bolívar, criollos totalmente caucásicos procedentes de Vizcaya y en absoluto socialistas, válgame el cielo, aunque sólo fuera porque el socialismo ni se había inventado. Luchó contra España, sí; pero también fundó en la ex colonia de Nueva Granada la Gran Colombia –que incluía a Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá–, una intentona de gran federación panamericana de la que él era presidente y que pretendía abarcar a todo el continente de México para abajo. A mí no me parece la mejor figura histórica a mentar cuando uno habla del imperialismo –el tan cacareado imperialismo yanqui, por ejemplo– como no me lo parecen, por ejemplo, Napoleón o, no sé. Julio César. Pero hay reconstructores históricos –qué infame es la reconstrucción histórica– que, en un sorprendente giro de los razonamientos, ven en Simón Bolívar un evidente adalid del socialismo y el antiimperialismo. Como quien razona que Gengis Khan era en realidad un precursor del milenarismo zen y la medicina oriental y el buen rollo asiático en Europa porque, claro; era mongol. O que los Reyes Católicos eran del Pepé. Pues bueno, mira. Pues vale. 

Y hablando de adalides y de mongoles; de Hugo Chávez, verbigracia, pone en Wikipedia que es de orígenes humiles pero que, cito literal, ‘desde joven se volvió un aficionado al béisbol, fue monaguillo y poseía inclinaciones por el ballet, la escritura creativa y el teatro’. No sé si a ustedes eso les suena a ser de familia humilde.  

En fin. Me gusta América, porque me gusta. Estuve allí y me enamoré. Del continente, de su gente, de la selva, del Pacífico y de todo. Ya he dicho en alguna ocasión que su solar figura el primero en mi lista de emigrables, cosa cada día más probable, y pienso que los españoles tendríamos mucho más que hacer, más y más interesante, allí que aquí, en esta Europa a la que no pertenecemos sino para hacer paella y que se nos incluya cada en la célebre lista PIGS.  Pienso de ojalá España fuera una península de América y no de Europa. Pero me doy cuenta, cada día más, de que debo ser el único. A España le gusta América pero a América no le gusta España. Qué se le va a hacer. Y a mí, que el nihilismo y el derrotismo me están creciendo como vegetaciones, me parece que deberíamos tirar ya la toalla. No les caemos bien. Punto. Dejen el Día de la Hispanidad y llámenlo de otra manera. Día del Pilar, mira. O Día de la Europa Sureña, por ejemplo. O de la Multiculturalidad Plural y Diversa de la Naciones Confederadas de la Península Ibérica, por otro ejemplo. Pero no Día de la Hispanidad. La Hispanidad existe, claro. Y ahí está. Pero ya no le importa a nadie.  

7 comentarios en el bote:

Scarafaggio dijo...

Un artículo cojonudo. En realidad yo creo que lo que se celebra a día de hoy es el Día de las Fuerzas Armadas (¡pleonasmo!), que aún hay mucha gente a la que le pone el tema.

estodevivir dijo...

Pues mire Ud, que en algo se equivoca, España sí que le gusta al menos a un país, el mío, Cuba. Digo a la gente, no al gobierno, desde luego.Los cubanos tenemos muchísima simpatía por los españoles y de hecho,le digo más, en mi caso particular,me siento mucho más cercana a España que al resto de los países de habla castellana. Será porque fuímos de los últimos en dejar de ser colonia, será porque valoramos mucho la gracia y el sentido del humor español, cosa que nos une mucho, o será que en Cuba no quedó indígena con cabeza y todos somos descendientes de españoles y africanos y algún que otro chino, pero es un hecho, váyase a Cuba alguna vez, cuando salga del paro, cuando gane dinero, cuando la vida le sonría y si todavía queda Cuba para ese entonces, cosa que dudo, comprobará lo que digo,jaja.

Anónimo dijo...

Dices... ojalá España fuera una península de América. Ojalá "la balsa de piedra" pudiera seguir navegando.( Pater)

Homo libris dijo...

Genial entrada (por eso de no romper con aquello a lo que nos tiene acostumbrados) que leo por fin en un intento de ponerme al día.

Únicamente discrepo en una cosa: no le quite usted la ilusión a los políticos de mi pueblo, prohombres dedicados al bien común que celebran la Hispanidad como únicamente en Santa Fe (de Granada) podría hacerse: metiéndose un buen cargamento de piononos entre pecho y espalda.

Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Bueno, mas que hijas de "Cristo"se llaman "Hijas de Jesús" para mas detalles: Jesuitínas de toda la vida.
Mi mente infantil (años 60)tuvo que soportar los rezos y padecimientos ciliciales en nombre de la susodicha Madre Cándida y de paso de Nuestro Señor Jesucristo...No hay mal que por bien no venga y la experiencia me hizo, sin hacer demasiado esfuerzo, ver la hipocresía de la Iglesia y de todo su séquito.
Hoy puedo decir bien alto que no me asusta nada del mas allá y muy poco del mas acá. Seguramente, este tipo de vacunas nos inmunizaron a unos y mataron del todo a otros Q.E.D

Anónimo dijo...

Vivo un pelín más arriba de la frontera de México, en los Estados Unidos. Trabajo rodeado de un crisol de personajes de casi todos los países Latinoamericanos, excluyendo las Guayanas, Belice... Y poco más.

No puedo estar más de acuerdo con usted en eso de que en este lado del océano no se nos quiere, pero hay que hacer distinciones claras. En muchos de esos países, véase México, por ejemplo, donde lo más bonito que hicimos fue tirarnos a la Malinche, existe una gran división de opiniones que, sorprendentemente, suele coincidir con los ancestros y, por tanto con el color de la piel y la capacidad de crecerse una barba. Me explico.

Normalmente, en México, las familias que, digamos, son más pudientes, suelen ser las mismas que tienen ascendencia española y son familias que llevan sus apellidos bien escritos y cuyos hijos se llaman Rocío, Gonzalo, Francisco... Mientras que las clases más populares suelen tener menos de esas descendencias y sus nombres suelen estar más en la línea de Cuahutémoc, Cuitláhuac o Tonantzin. Lo malo es que en muchas ocasiones, no se juntan entren ellos, no por cuestión de dinero o clase social, sino directamente por racismo.

Este es el caso más cercano que conozco, pero en Venezuela puede pasar lo mismo, como en Colombia o en El Salvador con los Rodrigos vs. Uasintones

De esta forma, se comprende más o menos cómo hacer un llamamiento al anti-españolismo en América sea como declararse el Robin Hood de los indios.

Hay honrosas excepciones, como Argentina, a la que le damos bastante igual porque sólo hablan de fútbol y de la Kirchner, y quien más quien menos es descendiente de italianos o alemanes, o Chile, país en el que sobrevive la última tribu indígena, y en el que se dedican a trabajar y a crecer, siendo el único país de Sudamérica que no tiene deuda externa. Con un par.

Hay otra lectura de este anti-españolismo, que está más basada en seguir sin hacer nada por tu país y echar la culpa a los españoles, que se llevaron todo el oro. Pobrecitos. ¡Despertad, coño! Si en 200 años que lleváis gestionándoos por vosotros mismos no habéis conseguido hacer nada, con los recursos naturales que tenéis, no es culpa ni del desfalco español ni del imperialismo yankie, ¡ES VUESTRA PUTA CULPA!

Anónimo dijo...

Si de algo le alegran mis palabras la dicha será compartida
Le puedo decir que llevo viviendo 10 años en España, por azahar soy boliviana y en cuanto puse un pie en eswte lado del charco (especialmente Andalucia) entendí el porque de tantas cosas que pasan por allá. Si usted pudiera arrastrar España al otro lado del charco y pegarla por Argentina o Brasil, elija usted, la verdad es que España encajaría a la perfección, en realidad no se diferenciaría demasiado al resto de países que hay por allá
Lo unico malo, eso sí, es que les heredamos todo lo que nos hace ser como somos...

Publicar un comentario en la entrada

data:newerPageTitle data:olderPageTitle data:homeMsg