No sé si están ustedes al corriente, pero en España hay un nuevo cártel. Cártel del alemán Kartell. No confundir con ‘cartel’ en aguda, dícese de un papel que anuncia algo y se pega a las paredes. Ni con ‘cartel’ en llana sin acento, dícese de gente malosa que trafica con armas o con drogaína. Como los ‘cárteles’ de Medellín, del singular ‘cartel’ y plural ‘cárteles’ –con acento porque el plural resulta esdrújulo–. Hay nuevo cártel, así, singular ‘cártel’, plural ‘cárteles’. Con acento en la a en singular. Esto son precisiones ortográficas que me permito yo porque tengo que amortizar el etimológico de la RAE. No se vayan a pensar que luego no me importe un carajo cómo les salga del culo escribirlo.
Un cártel, les decía. Que en la cosa económica, leo en la RAE, significa ‘convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial’. Y que en la práctica suele constituirse cuando varias empresas de un sector acuerdan una subida de precios conjunta. Que, por si no lo saben, es una cosa que está fea. Y prohibida. De ahí que las empresas que decidan montar el cártel lo hagan con nocturnidad, alevosía y mala sombra.






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El Señor de las Moscas



