No sé si ustedes comen langostinos en las fiestas de guardar. Yo sí, porque no soy mucho de guardar las fiestas y porque además soy muy fan del mundo langostino, del mundo gamba y del mundo decápodo en general. Un decápodo es un animal de diez pies, por cierto. Lo que les digo, langostinos y gambas, pero también langostas, camarones, centollos y cangrejos. Si una ternera nace con diez patas, por ejemplo, que es algo que pasa a veces en granjas de China o de Eslovenia o de países con nombres que acaban en istán, no me pregunten por qué pero siempre que aparece una cabra bicéfala o una gallina fosforita o un perro que canta Single Ladies es en un país de ese tipo, lo sé porque cuando ocurre reseñan automáticamente la noticia en la sección ‘Cultura’ del telediario de Antena 3 –con jugosos primeros planos de la aberración de la naturaleza tomando el biberón o los biberones, depende del número de cabezas–, y justo antes de las noticias verdaderamente culturales –como, por ejemplo, el desfile de Victoria’Secret–. Si nace una ternera con diez patas, les decía, también se consideraría un decápodo, como una gamba o un centollo aunque, es justo decir, no se trataría ya de un espécimen ordinario dentro de su taxonomía biológica y por ende figuraría en su misma rama zoológica pero con un asterisco encima. El gran árbol de la vida está lleno de excepciones con un asterisco encima, como las terneras de diez patas, los ornitorrincos o Karl Lagerfeld.
Ah. Que el otro día me escupió un langostino. En toda la cara. El langostino estaba cocido, de lo que yo, hábilmente, deduzco varias cosas:
1) En primer lugar que estaba muerto.
2) Y en segundo lugar, y como consecuencia de lo primero, que no lo hizo a propósito.
De hecho, no sólo estaba cocido y muerto, sino que además estaba siendo brutalmente decapitado por mi madre. En el momento del escupitajo, digo. Así que no culpo al langostino, que bastante tuvo con lo suyo. Culpo a mi madre.
–Mamá, ten cuidado, por favor –dije todo lo educadamente que pude mientras me limpiaba el escupitajo con la servilleta.
–¿Por qué? –responde ella.
–Me has escupido.
–¿Yo?
–No. Tu langostino.
–Ah bueno. Pues échale la culpa al langostino –y sigue comiéndoselo tan tranquila.
–Mamá, el langostino está muerto. Así que la culpa es tuya.
–Me da igual. Te ha escupido él, no yo.
En mi casa somos así; podemos enzarzarnos en una discusión sobre responsabilidades subsidiarias a raíz del escupitajo de un langostino. Parecemos una familia de abogados laboralistas.
–Pues escúpele tú con uno y en paz –ésta fue la intervención de mi hermano mediano.
–Ya. Yo prefería acabar la noche sin escupirnos los unos a los otros, Héctor. Pero gracias.
–¿Cuándo un langostino escupe…, qué escupe? –intervino mi hermano pequeño, que es filósofo y amante del detalle.
–Los fluidos cerebrales –responde mi padre, gran conocedor del mundo animal y también amante del detalle.
–¿Sólo? Yo creo que tiene que haber más cosas –replica mi hermano.
–César –intervengo yo ante la inminente escalada escatológica–, acabo de limpiarme esas cosas de la cara. Prefiero no saber qué son.
–Sangre –sentenció mi padre–. Y una cosa negra.
–Es muy fácil –explicó Héctor, que seguía a su bola–. Coges uno, apuntas a mamá, aprietas así en el cuello, y… ¡zaca!
Sfluch. Un chorrito de fluidos emanó del langostino. Mi madre lo esquivó con certero gesto y el chorrito cayó en el mantel de hilo.
–¡Héctor, no seas guarro! –grita mi madre.
–¡Mamá, has empezado tú! –grita Héctor.
–¡Pero le ha dado a Rubén, no al mantel! ¡¿No ves que el mantel no se puede limpiar?!
–¡Tócate los cojones!
Este último fui yo, elegantemente.
–¿Ves? Eso no son sólo fluidos. Yo creo que también hay un poco de sangre. Y algo marrón. Y en efecto, una cosa negra –apunta César, reclinado sobre el escupitajo cerebral multicolor y observándolo con interés científico.
–La mayoría de los decápodos son carroñeros –explica mi padre, también reclinado sobre la delicatesen y diseccionándola con la punta del cuchillo. Las cosas negras seguramente son restos de animales muertos a medio digerir.
–¡¿Podemos, por favor, dejar el tema?! –grito yo.
–¿Y eso marrón?
–Excrementos.
–¡Bueno, hala, ya está! –exclamo apartando el plato–. ¡Ya no como más langostinos! ¡Estaréis contentos!
–¡Ah no, –grita mi madre–, que luego te inflas a pan! No tengas tantos remilgos, que están cocidos.
–¡Ah, bueno, perfecto! ¡Ahora en esta casa comemos animales carroñeros! ¡Total, da igual, si están cocidos! ¡Pues nada, oye, ¿qué hay de segundo?! ¡Porque podíamos cocer un buitre y comérnoslo! ¡Con un poco de suerte nos vendría relleno de carroña y excrementos y nos los podemos tirar los unos a los otros!
–¡Y no te pongas tan dramático, que han sido unas gotitas! Además, el que te lo ha tirado ha sido Héctor.
Héctor, enfurecido, coge un puñado de cabezas de langostino y se las arroja a mi madre. Es así de visceral. Mi madre las esquiva todas zigzagueando con la cabeza. Las cabezas de langostino y sus fluidos van a parar todos a mí.
–¡Me cago en todo! –grito poniéndome en pié.
–Eso que ha hecho Mamá con la cabeza –ilustra César–, lo hizo el otro día Águila Roja en un capítulo de la serie. Pero fue para esquivar unas estrellas voladoras ninjas, no langostinos.
Es lo que tiene la inquietud intelectual, lo mismo te interesan las coreografías marciales que los fluidos internos de los crustáceos.
–¿Tú crees que se pueden esquivar tantas estrellas voladoras a la vez? –pregunta mi padre.
–No sé.
–¡Podéis darle unas cuantas a Héctor –grito yo, impregnado de fluidos– y lo adivinamos todos! ¡Mamá, ¿dónde guardamos las estrellas ninjas?!
–Las estrellas no sé –dice mi madre, ignorándome–, pero voy a ir a por el Cillit Bang porque mira; habéis puesto el mantel perdido.





Publicado por
El Señor de las Moscas



10 comentarios en el bote:
En su casa se palean a langostinazo limpio!!! QUe no se entere Lady Gaga, que se aparece allí en un encuentro familiar y os la puede armar. O lo que es mejor (o peor), os saca en su próximo videoclip.
Señores:
Eso es una navidad en familia y lo demás son tonterías: marisco peleón y volador y cada loco con su tema. La familia española reunida para celebrar. Sólo te ha faltado Chencho pero bueno, como se perdió, queda justificado.
@Sir Di:
¿Se lo imagina? ¿Con un vestido de cabezas de langostinos, en lugar de filetes de carne? Pegaría el escopetazo, así se lo digo. No es que le haga falta, pero lo pegaría.
@Luc:
Completamente cierto; la navidad no es tal si no es tal que asín. Quiero aprovechar, no obstante, para notarle a usted y hacer el aviso a navegantes de que lo de hoy tiene unas licencias poéticas que se me tendría que caer la cara de vergüenza de lo gordas que son.
¿Usted volverá algún día? Pregunto.
Alguien me contó una vez que el hilo negro que aparece en la grupa de los langostinos y otros decápodos es el intestino grueso del bicho, y que lo negro son los excrementos. Ese alguien me lo contaba mientras extirpaba el dichoso hilo negro a unos langostinos que después se comió. Desde entonces, cada vez que toca comer langostinos me debato entre hacerlo sufriendo en silencio o quitarles el intestino, que me descubran, tener que contar por qué lo hago, y joderle la cena al resto de comensales.
@ Sr. Silencio;
Yo, no obstante, carezco de ese dilema moral; aquí me tiene contándoselo a toda la blogosfera, no vaya a ser que quedase algún inconsciente comiendo felizmente langostinos e inadvertido de la ingesta paralela de sus excrementos (los de los langostinos). Así somos; compartimos nuestros ascos con la Humanité y además, sin pedir nada a cambio. Si esto no es filantropía que baje Dios y lo diga.
jajajajaajaaaaaaaa Diossss, ¡estoy llorando!
Qué bueno eres jodío ... aunque con esa peasssol de familia no me extraña ... ni club de fans de John Boy ni narices, a partir de ahora me declaro presidenta del Club de Fans de la Familia Mosca.
Un beso!!
A mí también me llama la atención la sección esa de "varios" de los telediarios, con el último disco de Malú (por ejemplo), alguna apasionante encuesta de gente diciendo lo que se ha comprado en las rebajas y por supuesto alguna "noticia" de gran interés donde casualmente salgan modelos en bikini o ropa interior.
pd. No creo que vuelva a comer bichos de esos en mi vida
@Salamandra:
Gracias. Hago extensivo el clubdefanato a su persona, que lo sepa. Y lo haría sólo por el uso de la expresión 'mis cojones treinta y tres', como ya le comenté en su propio blog de usted. Veré si algún miembro de mi familia quiere join me, que seguro que sí, y así la cosa sería recíproca. Besicos.
@Loquemeahorro:
Calle, que me enciendo. O el último estreno de la distribuidora de cine del grupo Antena 3. O publicidad encubierta en forma de noticia que en absoluto se nota que es encubierta. O promoción de coca-cola en su filantrópica campaña 'Ponle freno' (por la que se echan constantes flores corporativas). Lo dicho, que me enciendo. Y coma langostinos, mujer, no tenga tanto remilgo: si ya sabe vd. que aquí está todo ficcionado, exagerado e hiperboleado. No nos haga caso.
Ya sabía yo que ese hilo negro que tienen por dentro es el intestino con caca marítima. Dudé durante años si seguir comiendo ese tipo de caca hasta que un día me harté de tanta paciencia langostinera y decidí que no es lo mismo una caca marítima que una terrestre, quiero decir, qué come un bicho de estos: algas y otras yerbas marítimas,todo lo cual esta de moda hoy en día como bueno para la salud.Por tanto, si usted come un langostino con su caca, amén de comerse el bicho se está Ud. medicando y todo por el mismo precio. Dicho esto, le insto a que siga comiendo sin parar mientes en semejantes detalles. He dicho.
@Estodevivir:
Anuncio, dos puntos: peores cosas me he comido.
(Y sí, apoyo su taxonomía de la caca y el sesgo marítimo / terrestre; las diferencias entre ambas son muchas y muy diversas. Empezando por la propia consistencia)
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