No me pregunten por qué, pero el otro día estábamos en casa mi santo y yo y, aprovechando que estaba en el ordenador, me dio por poner La lambada.
A mí, ya lo ven, no se me puede dejar a los mandos del Spotify precisamente porque hago este tipo de cosas. Pongo La lambada, luego una de Mocedades, luego una versión folk de Bad Romance. Y así. A veces, les confieso, fantaseo con ir a alguna de las grandes mecas del coolerío madrileño –lo que ya en sí mismo constituiría una fantasía, en vista de cómo está mi vida social últimamente– y que alguno de los reconocidos deejays de prestigio de los circuitos del sur de Europa que estuviera allí pinchando esa noche –tipo Silvia Prada, por ejemplo, o la hija de Bárbara Rey, que se llama DJ Sofía y lo peta bastante en los garitos sáficos– alguno de los deejays, decía, me señale con el dedo de entre las muchedumbres humanas y me diga tú; elegido para la gloria. Sube a la cabina. Y me deje los platos, un ordenador con Spotify y pinchar a mí los temas que quisiera yo sin darle explicaciones a nadie. Me lo iba a pasar bomba, se lo juro. Los demás seguramente no, porque puesto en lid de vaciar el local en menos que canta un gallo no me haría sombra ni el pinchadiscos de El programa de Ana Rosa –que lo tiene–.
Si no me creen, les diré que empezaría con la desconocida versión de Goldfinger perpetrada por Karina –un descubrimiento reciente–, para seguir después con algún jit del flamenco-pop de los sesenta –pongamos Échale guindas al pavo, featuring Rosa Morena– y, con toda probabilidad, acabar a lo grande con algo sinfónico y con mucho trombón de varas –la versión de Eloise de Augusto Algueró, que en gloria esté–. Luego haría efecto scratching todo el rato, pondría un loop infinito con la palabra ‘sarandonga’ y ejecutaría pequeñas coreografías que, seguramente, acabarían siendo increíbles acrobacias de break dance extremo. Lo dicho; un éxito en el plano de lo personal, un suicidio en el plano de lo comercial. Dirá el lector sesudo melómano amante de la vanguardia indie y mega fan de Belle & Sebastian –que los habrá, porque en mi paisaje humano abundan los melómanos, no vean lo harto que estoy de melómanos– que debería darme vergüenza enorgullecerme de mi propia falta de criterio musical. Lo que yo les digo es; váyanse a la mierda. Coño. O a un concierto de esos a los que van ustedes. O a una sala de conciertos baluarte indispensable del pop-rock alternativo. Pero no den por culo. Que me tienen la cabeza loca con sus tonterías.
Dicho lo cual, retomo: que el otro día estaba con mi santo y le puse La lambada en el Spotify. Dizque mi santo estaba jugando a la PSP, que le tiene sorbido el cerebro, y por ende ni puto caso que me hizo, ni a mí ni a La lambada. No sé si les he dicho en alguna ocasión que el santo de mi santo no soy yo, sino su PSP. Bien. Y como fuera que, lo que les digo, no me hizo ni caso, empecé a tararearle el comienzo con mi fluido portugués:
–Choooorando si foe, en un día suami fechoraaar, ¡nino-nino ní, noní!
Mi santo levanta la cabeza con gesto extrañado.
–Qué haces –pregunta.
–Intentar llamar tu atención –le respondo.
–Ya. Pues parece que estás invocando a Satanás.
–¿No te suena? Escucha. Chooorando si foe, en un día suami…
–No –replica tajante. ¿Qué es eso?
–¿Cómo que qué es eso? Es La lambada, pazguato.
–¿La qué?
–La lambada.
–Ni idea.
Y, bajando la cabeza, sigue jugando con la PSP. Le cojo la consola, se la apago y no se la tiro por la ventana de milagro.
–¡Que estaba jugando! –protesta.
–¡Esto es más importante! –le grito. ¿Qué es eso de que no sabes lo que es La lambada? Todo el mundo sabe lo que es La lambada. Esto fue un hit en las verbenas de pueblo de los noventa.
–Precisamente. En los noventa tú estabas en verbenas de pueblo y yo codeándome con lo más interesante de la Barcelona post-olímpica. Dame la consola.
Mi santo se pone así de agresivo si le quitan la consola.
–No me impresionan tus aventuras intelectuales en la Ciudad Condal –replico, elegantemente inmune a sus dardos emponzoñados. Catalufo de los cojones –remato, jodiendo lo anterior. Todo el mundo conoce La lambada. Todo el mundo. Es como la Macarena. Como poco te tiene que sonar.
–Pues no me suena.
Y no, oye. No le sonó. Porque se la hice tragar twice, esto es, dos veces. Y nada, oye. Nada de nada.
Increíble. Aún no doy crédito.
¿Pero cómo es posible que alguien no conozca La lambada?





Publicado por
El Señor de las Moscas



9 comentarios en el bote:
¡Diosss! qué buena la canción de Karina!!!!! me la pongo en mi lista petarda pero ya mismo!!!
¿Sabes? Harías migas con mi santo. Con decirte que en Fin de Año había una lista específica para él, con Il Guardiano del Faro, Baccara, Camilo Sesto -siempre- y cómo no, Pablo Abraira. Sin Pablo Abraira no es nadie. Y hasta me canturrea a veces la de Cisne cuello blanco, cisne cuello negro de un tal Basilio, a saber quién coño será ese buen hombre. Loca me tiene, cuando le ponga Goldfinger va a morir de emoción, ya te lo digo.
Y otra cosita te voy a decir: tu santo miente cual bellaco. Que en la Barcelona post-olímpica sonaba la Lambada más que el "Amics per sempre". Te lo digo yo.
Rubén, esto me encanta! jajajajaja! Es como si me estuvieras radiografiando, jajajajaja...
Cuando conocí a mi chico, en esa fase del tonteo y del tanteo, vimos que coincidíamos en varias cosas... ¡menos con la música! Él iba de Fischerspooner (o como se escriba), Camille y otra gente desconocidísima... y yo le grababa para el coche CDs con Raphael, Mina, la Jurado, los megahits de OT, jajajajaja...
Con el tiempo, hemos aprendido a querernos, incluso a pesar de nuestros desencuentros musicales.
Me tomo la licencia de recomendarle tus reflexiones a un amigo divertidísimo, que trabaja de pincha en un templo de la modernidad barceloní...
No conoce la LAMBADA!!!!!! Ohhh mi Gozo en un pozo.
Deberíamos hacer una lista de Spotify común. Porque mis amigos me odian xq les pongo a Marisol, a Trini López y a la Lupe.
Jajaja tu santo necesita un mix de peyardeo ya! Para desmelenarse
Un servidor, que es músico, reivindica la figura de Mocedades!
Qué de decir de la Lambada... imagínala en un despertador.
Deliciosamente irritante
Cómo me gustaba bailarla pegaditaaaa
Quién me mandará a mí leer los comentarios... A ver como me saco yo de la cabeza el Marisol rumbo a río, que voy a estar tres días con Bossanova en tu mirada, coño! SirDi, es usted responsable de esto, espero que lo sepa y le pese en la conciencia! XD
Lo que me he reído, Conde, cómo se lo agradezco a usté. No se ofenda usted pero es que son divertidísimas estas escenas de matrimonio: podríais grabar nuevos capítulos de Epi y Blas poniendo las voces a este asunto de las lambadas de hoy, me meo solo de imaginármelo. Gracias, gracias.
@Salamandra;
Pues es lo que yo digo. Que La lambada fue universal, y que las cosas universales, por lo general (no siempre) suelen llegar a Cataluña. Véase a Shakira, por ejemplo.
@Iker;
Huy. Pues le digo una cosa; yo de OT nada. Nada nada. Ni muerto. Soy un esnob barato, es posible; y un gilipollas, también. Pero aquí me puede el orgullo, qué le vamos a hacer.
@Sir Di;
Lo que deberíamos hacer es una noche de freak-karaoke contest. Le iba a fundir yo a usted, amigo.
@Usted misma;
Yeah! Y siendo de ya de peyardeo, ni le cuento.
@Cancabruno;
También yeah. Deliciosamente. Su nombre me tiene fascinado, por cierto. ¿Es una mezcla de 'bruno' y 'cancamusa'?
S.;
Es que esto o pegado o nada, vamos. No joda. Que se lo digan a Sergio Dálmata.
Arikel;
Bossanova en tu mirada, qué maravilla. Si quiere borrar el canturreo de su cerebro le recomiendo que se vea usted el nuevo anuncio que hay en la TV que sale una bolsa de basura cantando y dice soy la nueva handy-handy bag, antigoteo y resistente. Eso si se pega y no Espinete en una cama de velcro.
Sara;
Debería rebautizar la etiqueta, que se llama Vidas de santos, y ponerle Escenas de Matrimoño (sin hijos). O Epi y Blas y otras cosas del querer.
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