... El porqué de una mosca encerrada en un bote: Protestas infundadas.

1 de abril de 2011

Protestas infundadas.

1 de abril de 2011
Se me queja mi santo, a raíz de nuestra última entrada, de que hablo mal de él en este blog.

–Que no es que hables mal –matiza. Es que, cuando aparezco hablando en algún diálogo, me pintas como si fuese mongólico.

No lo dice exactamente con estas palabras, claro; mi santo no utiliza la palabra mongólico, por ejemplo, y no me pregunten por qué, porque es una palabra de grandes propiedades expresivas. Yo sí que la utilizo, mira tú, por eso mismo precisamente y porque además pienso que las palabras feas no hay que desecharlas, sino reciclarlas y reinsertarlas en la sociedad. Como ocurrió en los noventa con la palabra negro, por ejemplo, con la palabra corqui o con Mickey Rourke. 

Así que, lo que les decía, pongamos que mi santo dice que le hago quedar como si fuese mongólico en los diálogos aunque sus palabras literales hayan sido quedar como un friqui, un retrasado y un superficial. Lo dicho, por reciclaje lingüístico y por síntesis. Tengo la sospecha de que la queja de mi santo tiene que ver precisamente con este tipo de libertades poéticas que me tomo, aunque yo ya se lo tengo dicho, lo mío no son licencias, son paráfrasis, óyeme bien, paráfrasis. Que es una figura literaria propia de la lírica latina, de la poesía barroca y de los blogs regentados por cabrones que mienten más que hablan.

Mi amiga Cristina también me ha expresado la misma protesta. 

–En tu blog –me dijo hace poco– siempre quedo como una mongólica.

Cristina sí que utilizó la palabra mongólica, en eso no les miento. Porque comparte conmigo las mismas convicciones en lo que respecta al uso de polisemias y porque además, arguye ella, qué es la feminidad, qué la sensualidad, sin ese toque, ligero pero necesario, de ser más basta que una bragas de esparto. Y tiene toda la razón porque, por ejemplo; puestos a quedarse encerrados en una isla desierta con a) Verónica Forqué, o b) Massiel –ambas opciones son un planazo, no me digan que no–, pues miren, no mientan; todos elegiríamos a Massiel. Seguramente acabaríamos aporreándola con un coco hasta la muerte, pero la elegiríamos. Esto es así. De modo que, por resumir un poco la idea, mi amiga Cristina también se queja de que la hago quedar de lerda cuando, huelga decir, no lo es. Y para demostrarlo sólo he tenido que llamarla basta y compararla con Massiel.

Mi amigo Ángel, por su parte, se ha quejado ya no una, sino varias veces, y hasta fundamenta su crítica.

–Que es que siempre que aparezco hablando en un diálogo –dice él– me pones sólo diciendo monosílabos. 

–Pero hombre –le explico–, son diálogos ficticios, Ángel, imposturas. Nadie se los toma como literales.

–Ya.

–Además, así son más realistas. 

–Ya.

–De hecho, la mayoría de las conversaciones que tenemos las personas son así.

–Ah.

–Y además, nadie se va a creer que sólo hablas con monosílabos, qué tontería.

–Ya. 

–¿Lo entiendes?

–Pse.

–No, pse no. Lo entiendes o no lo entiendes.

–Sí. 

–Que sí, qué. Que sí lo entiendes, o que no lo entiendes.

–Que sí, que sí.

Esto es lo que le digo a él, claro, que es muy inocente y enseguida se queda contento; eso y que es que los diálogos hay que amenizarlos un poco. Uno no puede venir al blog y ponerse a transcribir alegremente las conversaciones que tiene por ahí, hala, así, sin más ni más, y convertirlas en diálogo, porque entonces no te queda un diálogo, vamos, te queda un coñazo y un libro de Espido Freire. La conversación real más interesante que he tenido hoy, para que se hagan una idea, ha sido con mi hermano César, cuando ha entrado en la cocina y me ha pillado desayunando el último puñado de crispis que quedaba.  

–Pues qué.

–Pues nada.

–Pues eso.

–Pues eso digo yo. 

Comprenderán que, en fin. No es plan.

Esto me recuerda que mi hermano César, precisamente, también se ha quejado alguna vez le suelo poner en los diálogos como si fuese un lerdo y un sin sustancia sin nada interesante que decir. Que, ya ven. Hay que tener valor.

Y luego están los que se quejan por omisión. Mi amigo Luis, por ejemplo, se quejó cuando dije que, en una ocasión, alguien se había lavado el pelo en mi casa con mayonesa Kraft, para supuestamente fortalecer el folículo, y que desde entonces mi ducha olía a ensaladilla rusa. 

–¡Pero si no dije que habías sido tú! –le repliqué a Luis.

–Da igual. Más tarde o más temprano acabarás diciéndolo. 

Mi amiga Maryta se quejó cuando dije que, en otra ocasión, me tuvo veinte minutos colgándome pertinazmente accesorios de mujer del Blanco de la calle Fuencarral y que tuvimos que parar porque las dependientas me miraban y me señalaban con el dedo y pataleaban de la risa y a una le dio flato. 

–¡Pero si eso realmente ocurrió! –le repliqué a Maryta.

–Da igual. La gente no tiene por qué enterarse. 

Y mi compañero de piso Josh se quejó enérgicamente cuando dije que se había comprado la botella de aceite de oliva que comercializa Bertín Osborne, que se llama Aceite El Molino de Bertín y tiene la genuina cara de Bertín Osborne en la etiqueta de la botella, sólo por su condición de reliquia indispensable del friquismo universal de todos los tiempos. 

–Principalmente –me dijo– porque el que te la compraste fuiste tú. 

Que, ya ves tú, si nos ponemos a pormenorizar matices, apaga y vámonos. 

De modo que la conclusión a la que llego hoy es que tengo unos amigos y allegados que es que no sé de qué se quejan, la verdad. Algunos, ojo. Porque no es por comparar, pero mis primas Esme y Ana, por ejemplo, nunca se han quejado. Ni siquiera cuando les he enviado mensajes ocultos y encriptados en una inenarrable concatenación de chuminadas, que los demás pasan por alto pero que ellas, ojo avizor, consiguen descifrar. Y eso que algunas de las revelaciones que hemos hecho así, a lo código Da Vinci, no son moco de pavo, oigan; secretos de Estado gordos gordos que si llegan a caer en manos de Wikileaks los tendrían al día siguiente en la portada de El País, como poco. Lo dicho, que no es por comprar. 

De modo que, pues eso. Hablen los aludidos o callen para siempre. Y hablen los demás también, amigos otros, conocidos varios y lectores surtidos, tanto añejos como anónimos. Prometo, por si acaso lo dudaban, ser amable. Además, nunca sabe uno cuándo va a quedarse sin amigos y necesita hacer algunos nuevos a los que poder citar en sus diálogos.

7 comentarios en el bote:

Sara dijo...

Yo también uso lo de mongólico como usted bien sabe y por motivos que también son secreto de sumario que no descifraria ni la KGB.
Puestos a emitir quejas, yo le agradecería a usted que aclara a la audiencia eso de que me reproduje por mitosis. Y nada más. estoy muy contenta con mi ristra de títulos nobiliarios.com

SirDi dijo...

Si se queda sin amigos, de doy permiso para que me use en sus diálogos, idas de olla, locuacidad incontrolable, etc.

angeltausía dijo...

pse...

loquemeahorro dijo...

¿Ha visto buencencia "American Splendor"? Para mí una de las mejores películas del mundo-mundial.

A lo que iba, el protagonista escribe el cómic del título donde reproduce situaciones de su vida cotidiana, muchas historias son de su trabajo donde los compañeros parecen entre rarunos y oligofrénicos perdidos.

Le preguntan si la gente no se enfada con él cuando salen en un número, y él contesta "No, se enfadan cuando no salen".

Cancabruno dijo...

Ladran, luego cabalgamos, maese Rubén (frase de la cual me acabo de enterar gracias a San Google que está falsamente atribuída al ingenioso hidalgo de la Mancha).

Pues eso, que algo habrán hecho, y que el que se pica ajos come y que en Abril aguas mil.

c dijo...

Por cierto, con lo de tacita de plata ganaste puntos.

El Señor de las Moscas dijo...

@Sara;

Quede dicho para la audiencia, pues, que reproducirse por mitosis es una expresión que suelo reservar a familias monoparentales tal que la suya. Modismos propios de uno mismo con su mecanismo, ya ve usted, sin mayor intríngulis. Y hace mucho que no mencionamos su ristra de títulos nobiliarios, ahora que lo dice; quizás deberíamos hacerlo, todo sea que el populacho se haya olvidado de la alta alcurnia y mejor copete que asoma el morro por estos, nuestros blogs.

@Sir Di;

Usted lo que debería hacer, eh, es retomar Carlos & Camilo. Que era maravilloso. Se lo tengo dicho.

@Ángel;

Ya...

@Loquemeahorro;

Pues no, mire, no la he visto. Tuve la ocasión una vez, en el tren. Pero decidí mirar el paisaje de Castilla instead -entretenido cosa mala, como se puede imaginar- porque decidí que no quería joderme la película con el doblaje y el contexto ferroviario y los auriculares ridículos que daban en los Alvia que te los ponías y se te caían al suelo automáticamente el martillo, el yunque y el estribo. Dicho lo cual; no me tire de la lengua. Es peor el pecado por omisión que por palabra, qué duda cabe. Pero no estoy allowed para hablar de según qué cosas, con que lo dejamos en suspenso dramático (le dije que no me tirase de la lengua...)

@Cancabruno;

Y ciento volando, no se le olvide. De lo de la frase de El Quijote, pues ni idea. Ni de que la había dicho, ni de que luego resultase que no la había dicho. No me he leído el Quijote más allá de las obligaciones curriculares, soy asín de paleto. Y lo de la tacita de plata, ¿sabe qué? Estuve años atribuyéndole la expresión a Sevilla y no a Cádiz so riesgo de decirla ante la concurrencia gaditana y llevarme una somanta de hostias, literales o dialécticas, eso se hubiese visto según el contexto.

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