De las relaciones que los seres humanos mantenemos con las cosas que nos rodean, que son muchas porque en el mundo hay muchas cosas, la que atañe a los lobos posiblemente sea una de las más interesantes. Quizás sólo por detrás de la que mantenemos los seres humanos con los propios seres humanos, y solamente porque, lo dijo Plauto, homo homini lupus, el hombre es el lobo del hombre. Porque el ser humano, que es soberbio y muy macarra, nunca se asustó de nada salvo de tres o cuatro impepinables, a saber; de la muerte, de otros hombres y de los lobos.
He leído hoy en El País un titular de letras gordas y orondas que reza El lobo se acerca a Barcelona, al que sólo le faltaban signos de exclamación, parpadear y que sonase de fondo la música de Impacto TV. Guau, pensé; sensacionalismo y biología. Esto es nuevo. Como el flamenco que lo mezclan con jazz y lo llaman flamenco-fusión, pero con sensacionalismo. Sensacionalismo-fusión. Estupendo.
Sigo con la noticia –que se hace llamar reportaje a sí misma, no me pregunten por qué, a lo mejor es porque incluye un gráfico– y leo en la entradilla que Los depredadores han tardado 20 años en cruzar los Alpes desde Italia a España, punto y seguido, y que Varios ejemplares atacan rebaños a 40 kilómetros de la capital. También lo pone en plan así, frases cortas, en plan que no cunda el pánico. Oh my God, exclamo; a mí la legión. Los habitantes de Barcelona van a morir todos, todos sin excepción, bajo las fauces de los lobos. No es que lo ponga así, con estas palabras, pero no hace falta; está claro que hablamos de un inminente y sanguinario holocausto en la ciudad condal. Casi seguro que sí, vamos. Casi seguramente. Y si no a qué tanto dramatismo periodístico. Porque lean, por ejemplo, el escalofriante testimoño de dos ganaderos de la zona, que son ganaderos y además son poetas, como en las buenas historias bucólicas:
Jesús y Bartomeu Suriñach aún recuerdan el sigiloso remover entre los arbustos, las 12 ovejas que hallaron desnucadas y a medio comer. "Sabíamos que era un depredador distinto: no se le veía nunca, era una sombra", relatan estos ganaderos de Castellcir. "Solo encontrabas el rastro de sangre", rememora Bartomeu. "El rebaño ni se movía... degollaba ovejas una a una y las arrastraban unos 150 metros montaña adentro", apunta.
Lo que les decía; que oh my God. Dónde está el ejército cuando se lo necesita.
Resumiendo, que fascinante mandanga. No tan fascinante como podría, viniendo del sensacionalismo-fusión, pero fascinante aún así. Lo digo porque, sabiendo como sabemos cómo está el registro dramático del El País últimamente, lo que me extraña es que la cosa no sea aún peor. Podríamos estar hablando de lobos radioactivos de Fukushima, por ejemplo. O lobos radioactivos y además, leales a Gadafi.
Lo que vengo yo a contar hoy a quien quiera escucharme es que miren, no se engañen. O mejor dicho, que no les engañen. Que no hay lobos. Ojalá, oigan. Pero no. Quizás dos, tres, quince o veinte lobos. No les digo que no, entre otras porque no estoy ahí para contarlos. Pero vamos a ver; de ahí a El lobo se acerca a Barcelona, pues hombre. No jodamos. Es como echar un puñado de arena en una acera de Madrid y concluir en titulares rotundos, de esos que venden mucho, que Madrid ya tiene playa. Vaya vaya.
No es que nos quieran engañar, dicho en propiedad. Historias como ésa, a miles, claro. A cholón. Las que ustedes quieran. La de que los incendios forestales, por ejemplo, no los provocan los ganaderos en su inmensa mayoría –repitamos esto: inmensa mayoría–, sino pirómanos malévolos, descuidados domingueros o mejor aún; la concentración de la luz a través de una botella de cristal, oh prodigios, oh intrincado fenómeno lumínico. O, por poner otro ejemplo conocido, la de las ballenas varadas en una playa, pobrecitas ellas, por motivos poéticos. Seguro que también han oído aquella historia tan vieja de la iglesia al lado del mar que fue construida, atiende, por los náufragos de un barco, nada menos, que estando a punto de hundirse se encomendaron a la virgen prometiendo construirle un templo si les salvaba la vida. En mi pueblo hay una, por ejemplo, de la que se cuenta esa historia. Tan genuina y verdadera, ya ves tú, que se repite igual, punto por punto, de Estoril a Escandinavia, de una punta a otra del Estrecho de Gibraltar dando toda la vuelta y en general, en tanta iglesia de este mundo moje la mar oceana –más ejemplos: aquí una brasileña, aquí otra argentina y aquí otra salvadoreña–.
En cosmogonía rural esto es y ha sido así de toda la vida, quiero decir; que de Wikipedia a El País y de Virgilio a los Hermanos Grimm siempre se ha vendido la misma moto. Que si los lobos, que si los osos, la bucoliquez, que si las ninfas, la simple life y si las historias al calor de la lumbre. Y lobos no quedan, miren, osos mucho menos, las ninfas no existen, la life es igual de poco simple que en cualquier otro lugar y las historias al calor de la lumbre, en fin. Les estoy escribiendo esta entrada de blog al lado del termostato de la calefacción. Pero nos las cuentan, nos las creemos, las contamos y se las creen, y qué le vamos a hacer. Del medio rural, la cosa agreste y de los pueblos y eso, en resumen, estamos dispuestos a creernos tanta fantasiosa explicancia nos endilguen, bien sea para promocionar las excelencias de la respectiva villa turística, para justificar que la casa rural valga a 300 euros la noche o para que compremos Central Lechera Asturiana. Y los que habitan allí, en la fantasiosa explicancia, comulgan muchas veces, sino todas, con esa cosmogonía absurda, entre élfica y romántica, que frecuentemente se le atribuye a sitios tan sumamente poco románticos, no digamos élficos, como Asturias, Cantabria o Galicia. ¿Por qué? No lo sé. Seguro que el desconocimiento tiene algo que decir en todo esto, y con total certeza alguien saca provecho económico. Y además es una mentira en la que todos parecemos estar de acuerdo, lo que la convierte en verdad. En todo caso se nos olvida, olvidamos u olvidan ellos que la explicación más sencilla tiende a ser la verdadera, navaja de Ockham, y que los sitios en los que hay árboles y pájaros y en los que el césped crece sin que se plante no se abstraen, en principio, del universal imperio de la obviedad: los incendios los provocan los ganaderos; las ballenas no se mueren de tristeza; las iglesias se construyen porque sí; y cuando las cabezas de ganado aparecen muertas, han sido perros salvajes. Punto.
Al final del artículo de El País tienen el detalle, qué menos, de explicarnos la realidad. Y eso que, ya lo dijo Ana Rosa, nunca dejes que la realidad te joda una buena historia.
Las cabezas de ganado muertas por el lobo [85 entre 2004 y 2010] son muy escasas en comparación con el mayor azote de los ganadores: los perros salvajes. Según la Generalitat, entre 2005 y 2010 estos animales acabaron con 648 cabezas de ganado. Pero los perros no son una especie indemnizable, así que los ganaderos tienden a atribuir al lobo los daños sufridos, por lo que la Generalitat estudia caso a caso mediante pruebas genéticas, las denuncias de los ganaderos.
Lo que yo decía; que la explicación más sencilla suele ser la verdadera. Y que, por lo tanto, alguien sacaba tajada. Les veo en la próxima.





Publicado por
El Señor de las Moscas



13 comentarios en el bote:
Ana Rosa, esa mujer que a este paso va a acabar pagando más de lo que gana. En multas, digo.
Tiene usted toda la razón con relación al sensacionalismo: no solo está presente en El País; cada vez es más popular en todo tipo de medios y publicaciones. En esto, Pedro Piqueras es el rey.
Sin embargo, por lo que respecta a los lobos, esencia verdadera de la noticia, espero con ansia que aparezca mi Homo libris por estos lares para que comente acerca de la realidad y la ficción de este tema, pues ese es su fuerte y no el mío.
Un afectuoso saludo, que yo también le echaba de menos.
Pues sí, señor mio. El miedo siempre ha sido la mejor forma de controlar el percal, qué le voy a contar a usté. En cuanto a los lobos y a otras tantas cosas, cada vez estoy más seguro de que no existen, son los padres.
Un saludo.
Pobres lobos, que no tienen dibujos animados ni campañas publicitarias de seguros que nos hagan cambiar esa imagen de animal sanguinario rollo "Tiburón". Porque los osos son unos tipos superchungos y gracias al anuncio de Santa Lucía, Ricitos de Oro y chorrocientos dibujos (Yogi, los osos amorosos, Winnie...) nos parecen adorables. Está claro que el lobo necesita un lobby mediático que lo defienda.
Los ganaderos llevan años diciendo que está España de lobos que no sé cómo se puede andar por ningún sitio sin cruzarse con miriadas de ellos.
"Los depredadores han tardado 20 años en cruzar los Alpes" ¿Los conducía Moisés?
A ese ritmo, los 40 kms que les separan de Barcelona les dan para otro lustro, mínimo.
¡Saludos, Señor de las Moscas!
Hacía mucho tiempo que no me pasaba por aquí, entre que tuviste una crisis de inspiración - o simplemente mejores cosas que hacer o ninguna gana de escribir aquí - y que he estado muy ocupada estos últimos meses... pero ha tenido recompensa esa pérdida de contacto ¡atracón de lectura y risotadas frente a la pantalla!
Me alegro de que el bote vuelva a llenarse de historias surrealistas, esta humilde mosca vuelve para refrotarse las patas con su dosis de literatura daltónica.
Comentamos:
@Azote;
Ana Rosa: esa mujer que todo lo que le pase, se lo tiene merecido. El sensacionalismo es fucking shit, qué duda cabe; a mí lo que me fascina es la subida al carro de El País que, a fin de cuentas, era de los menos malo al respecto. Lo de las últimas semanas está siendo de cagarse la perra, por decirlo con elegancia. Y sí, espero que su Homo Libris aparezca por aquestos lares y nos ilistre con su sapiencia. Yo, por mi parte, no hablo tanto por propia como si porque vengo de una larga estirpe de guardas forestales y personas de pueblo en general. Amén de por hablar porque sí, que ya sabe usted que es una cosa que me da marcha.
@Cancabruno;
Usté se equivoca; los lobos son los reyes. Y estos, a su vez, son los padres. Los padres, en sí mismos, creo que son los snorkels, pero este extremo no lo tengo confirmado. Le mantendré informado.
@Laesti;
Calle, que es peor el remedio que la enfermedad. ¿Ha visto usted el erizo ese de no se qué marca de seguros? Digno del atropello con alevosía y el homicidio en grado de completamente a propósito, no me joda. Que, por cierto, lo han quitado ya de la imagen corporativa de la compañía. Seguro que porque la gente se estaba borrando de ella.
@Loquemeahorro;
La densidad de población del lobo, según los ganaderos de la zona en la que habito, podría compararse tranquilamente con la los chinos. Diga usted que los del norte somos dados a exagerar, pero algo así vendría a ser. Por otra parte, eso digo yo: ¿40 años? Ni que viniesen en patinete, oiga.
y F. Gordon:
Saludada sea usted también y bienvenida de vuelta a estos, nuestros rediles. Y sí, desaparecimos brevemente: ya sabe usted que la constancia nunca ha sido nuestro fuerte. Pero llevamos una época portándonos bastante bien, oiga, hacemos portadas de Menéame y nos escriben escritores y bueno bueno, el despiporre. De modo que sí, quédese de nuevo, que no hay que perder las buenas costumbres. Usted siempre será de las veteranas a ojos de este blog.
Hombre, normalmente me gusta leerte y me lo paso bien en tu blog. Pero igual que es malo el sensacionalismo es malo creerse poseedor de la verdad universal diciendo cosas como "los incendios los provocan los ganaderos".
Yo supongo que algunos si, otros no. En mi pueblo había algún guardabosques que como en ciertos días (fines de semana, fiestas etc.) cobraba mucho mas era el quien prendía fuego al monte cada dos por tres.
Y eso no me ha hecho pensar que todos los fuegos los hacen los guardas buscando su beneficio.
El hombre es el hombre. Hay hombres malos y hombres buenos. Y estoy seguro de que habrá ganaderos buenos y malos y guardas buenos y malos, seguramente en proporciones similares.
Cada uno tiene su ética y dudo que haya profesiones donde todos sean malos o todos sean buenos. Solo se me ocurren políticos y asesinos a sueldo como profesiones donde se necesita una ética distorsionada. Pero son excepciones.
Un saludo amigo.
@Anónimo;
Pues hombre, yo también pienso que habrá ganaderos buenos y ganaderos malos, y que el hombre es el hombre y todo eso. En principio esto no es el siglo XIX, de modo que las categorías éticas universales las tenemos superadas. Algo falla en mi modo de expresarme si eso no está claro.
Supongo que, precisamente, no me habré expresado bien, pero en un par de ocasiones he apelado, en la entrada, al sentido común -que si es de aplicación universal-. Resulta evidente que no todos los incendios son obra de ganaderos, así como algunos lo serán, en efecto, por culpa de la concentración de la luz a través del cuello de una botella. Seguramente. Pero detrás de muchos, y quiero decir que de la mayoría porque algo -poco, pero algo- sé de todo esto, está su mano. O la mano de, en todo caso, la persona que viva de la tierra a calcinar; lo extraordinario sería que los incendios los provocasen corredores de bolsa, por ejemplo, o carteros de Correos.
El mensaje, de hecho, era sencillamente que los incendios eran provocados, intencionados, y no casuales. Por, como decía, ganaderos. Di ganaderos por decir la profesión de la tierra y porque, insisto: lo raro sería que lo fueran por alguien que no vive de esa tierra. Ganaderos, pastores, madereros. Así donde el incendio de un rascacielos dudo mucho que fuese obra de un ganadero, precisamente porque no media en ello ningún interés. No sé si me explico.
Y la idea de todo esto, aparte de quejarnos un poco por la leyenda detrás del mundo rural, es que al final alguien acaba haciendo caja diciendo las cosas como resulta que no son. Usando, muchas veces, este buenrollismo agro del que hablaba en la entrada, que tan bien conocemos los que por aquí transitamos. De ahí que enlazásemos sensacionalismo, indemnizaciones e incendios, todo junto.
Siento haber sonado tan rotundo; muchas veces doy por sentado el relativismo, cuando quizás debería explicarme más y mejor so riesgo de parecer, según dice usted, en posesión de la verdad universal. Que, como le decía, en ningún caso.
Un saludo, y gracias por el comentario.
Heme aquí, cual lobo, apareciendo de forma imprevisible en mi errático deambular. Lo que, dicho de otra forma, es que estoy poniéndome al día en la lectura de los blogs amigos que tan descuidada tengo (lo que no tengo es perdón, eso sí).
Lo cierto es que poco más puedo añadir a su argumentación que unos aplausos finales. Me ha gustado, no, lo siguiente. El lobo tiene el mal hábito de haberse constituido en uno de los competidores más eficientes, inteligentes y destacados del ser humano a lo largo de su historia (de esto sabe más que yo el señor Arsuaga, aunque se le de mal la caligrafía :)). Y a nuestra especie, que otra cosa no, pero a mala saña en inquina no nos gana nadie, se le da bien recordar algunas cosas. No tendremos memoria política y seguiremos votando a los mismos a poco que arreglen cuatro calles e inauguren un museo y un par de plazas, pero ¡ay! Al lobo no se le perdona.
Como hay gente que de esto sabe más que yo, paso a recomendar un par de libros que me parecieron de lo más interesantes: El lobo ibérico en Andalucía: historia, mitología, relaciones con el hombre de Víctor Gutiérrez Alba, y El lobo ibérico. Biología y Mitología (o, en su defecto, El lobo ibérico: biología, ecología y comportamiento) de Ramón Grande del Brío, un gran conocedor del amigo de Caperucita. Algo comenté sobre ellos hace tiempo, si se me permite el autobombo.
Un abrazo.
Pero, ¿Es que nadie va a pensar en los niños?
Me lo has quitado del teclado. ¿Cómo van a jugar los niños solos en los arrabales de Barcelona, sabiendo que los ojos incendiados del vil can salvaje es esconden entre las escobas esperando que esa carne tierna quede cerca de sus fauces?
P.D: Pasé hace tiempo la treintena y me di cuenta hace muy poco de que lo que yo pensaba que era una absurda canción ("cinco lobitos tiene la loba cinco lobitos detrás de la escoba"), en realidad la escoba es un matorral de tipo genista,cytisus,retama, etc) y no una de las de barrer modernas como siempre pensé.....dando lógica a la canción de cuna.
Muy interesante en general tan solo quisiera apuntar que Plauto dijo :homo homini lupus y no humanum humanis lupus.Alguien sabe porque los taxonomos nos clasificaron como homo sapiens y no como humanum sapiens,yo tengo algunas teorias al respecto.
Por la parte que me toca(Soy asturiano):
He vivido algunos años en un pueblo de aspecto mágico con sus bosques de fábula y toda esa mandanga. Recuerdo que un día estábamos emborrachándonos en el chigre un amigo y yo y una chica de Madrid o BCN nos soltó un discurso sobre el sitio en que vivíamos y como se imaginaba el bosque lleno de elfos y criaturas mágicas. Cuando se fue, mi amigo, que tampoco vivía allí, me dijo:
-¿Esta tía va de ajo( ácido) o qué coño le pasa?
- Entre seudo celtas y frikis del señor de los anillos me tienen hasta los huevos; no sé si seguirles la corriente o condenarme al ostracismo- le contesté.
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