La historia de hoy viene a cuento de que un amigo mío tiene un sello de lacrar, pero como yo las historias que cuento las cuento siete u ocho veces cada una y este caso no es una excepción, sé por experiencia que con ésta hay que empezar por explicar en qué consiste un sello de lacrar. Así pues, empiezo por eso.
Tú vives en la alta edad media, ¿no? En Burgos, por ejemplo, que es una ciudad como muy edad media. Vives en Burgos en la edad media y estás tú ahí en tu castillo aburrida de la vida, tocándote la enagua y diciendo qué coñazo de Burgos y qué coñazo de edad media, de verdad, y de repente piensas pues le voy a escribir una carta a mi amiga la Maribel, por ejemplo, porque como vivo en la edad media, pues no le voy a mandar un tweet. Y le pides a los siervos de tu castillo un papiro y una pluma y un bote de tinta y le cuentas por carta a tu amiga la Maribel que en realidad eres Paloma Lago, por ejemplo, y que estás atrapada en el siglo XIII porque has viajado atrás en el tiempo no sabes cómo, aunque en realidad tú eras una gran presentadora de los noventa y la gente del siglo XX, de hecho, se estará empezando a preguntar qué fue de Paloma Lago y por qué despareció sin dejar rastro. Y como es un secreto muy gordo y encima presentaste Noche de Fiesta y en la edad media por menos que eso ya te queman por bruja, decides lacrar la carta para que nadie la lea por el camino. Le echas un pegote de lacre derretido en la lengüeta, chof, y antes de que el pegote se enfríe le plantas encima el sello tuyo de lacrar, que es un anillo que tiene sobreimpreso tu escudo de armas o tu símbolo tuyo personal intransferible. Y ya después sales al patio del castillo, le das la carta lacrada a un señor en caballo y le dices parte raudo, brioso corcel, y el señor del correo sale cagando virutas y galopa tres días con sus tres noches para llegar al castillo de tu amiga la Maribel, que en realidad vive a cuatrocientos metros, no te creas, pero es que las distancias en la edad media ya se sabe que eran otras.
Bueno, pues un sello de lacrar es un anillo que sirve para eso; para plantarlo encima del pegote de lacre y que se quede impreso un simbolito. Vendría a ser algo más o menos así:
Los sellos de lacrar son una reminiscencia del pasado que no obstante ha llegado hasta nuestros días a través de las familias de rancio abolengo, por una parte, y de habitantes de los polígonos industriales por la otra. Con frecuencia los habitantes de los polígonos industriales encuentran que los anillos gordos y dorados son el no va más de la distinción y si ya encima tienen a Camarón en bajorrelieve, ni te cuento.
Total, que tengo un amigo que tiene un sello de esos, más viejo que la Hilaria, y el sello de mi amigo tiene este símbolo:
Misterioso, a que sí.
Tanto que mi amigo lo utiliza para tirarse el pego de que es un sello masón y de que lo lleva porque él, de hecho, es masón. El pego no se lo tira conmigo, claro, que nos conocemos y sé perfectamente que de masón tiene lo que yo de carmelita descalza. Se lo tira con las chicas y, con frecuencia, con chicas sudamericanas porque en Salamanca, que es donde estudia mi amigo, por lo visto hay mucha estudiante venida de las familias de la high class del mar Caribe.
–Las del Cono Sur son más de irse a Centroeuropa –apunta mi amigo. París y Berlín y así. Pero mejor, mira, porque las caribeñas son especialmente crédulas para esto de los masones y los illuminati y los ovnis y todo eso.
Y después de explicar esto, se ríe. Yo de verdad que no sé si mi amigo es muy sabio o muy xenófobo.
El caso es que funciona, oigan. Lo del sello, digo. Se lo digo yo que en más de una ocasión he sido testigo visual del desarrollo de la operación masón, que así se llama, en garitos, tugurios y antros de mala muerte de la geografía salmantina.
–Qué anillo más chévere –dice la chica, pongamos que venezolana.
–¿Verdad? –dice mi amigo exhibiéndolo. Es herencia familiar.
Y hasta aquí llega la parte de la historia que es verdad. Dos frases. Y eso sólo si damos por verdad que el anillo sea chévere. Que no lo es.
–¿Ah sí? –continúa la chica.
–Sí. De mi abuelo. Me lo regaló cuando ingresé en la Logia.
–Ah. ¿La Logia?
–Sí. La Gran Logia Masónica de Castilla. ¿Te suena?
–Sí. Es una parte de España, ¿no?
–No. Bueno, sí. Pero me refería más bien a la Gran Logia Masónica.
–Ah. Pues eso ya no.
–Normal. Es que es secreta.
–Ya. Y entonces para qué me preguntas.
–¿Y ves los simbolitos que tiene? –dice mi amigo señalándose el sello. Son una escuadra y un compás y simbolizan la sabiduría.
–Qué curioso. Pero no has respondido a…
–Sí. Es un anillo muy antiguo. Todos los masones llevamos uno.
–Ah. ¿Y para qué sirve?
–Pues para eso. Para ser masón.
–Ya. ¿Y para qué sirve ser masón?
Gran pregunta, no me digan que no.
–Pues para muchas cosas.
–Ya. Gobernar el mundo, me imagino, y todo eso, ¿no?
–Más o menos. Y ya no puedo decir más. O sí, pero entonces tendría que matarte. Jajá.
–Jajá –ríe la chica en como con cara de no estar muy convencida de por qué se ríe.
Y bueno, pues así hasta que se la acaba llevando al garden. No en todas las ocasiones, por supuesto. Depende del ritmo porque, con frecuencia, la fantasía masónica de mi amigo va perdiendo realismo según se va tomando copas, y a partir de la quinta o así la historia empieza a dar unos giros inesperados que parece aquello El Código Da Vinci pero en versión realismo sucio.
–Y Lady Gaga –anuncia a gritos mi amigo esgrimiendo la copa con etílica imprecisión–, también masona. Y Madona. Las dos, Lady Gaga y Madona. Y Miriam Díaz Aroca, también masona. Masona perdida.
La chica a estas alturas suele estar ya mirando para todas partes como diciendo ay virgencita, con lo bien que estaba yo en el delta del Orinoco.
–¿Y a que no sabías, eh, –sigue mi amigo–, no sabías que Miriam Díaz Aroca fue el celeebro, digo sí, el celebro en la sombra detrás de los atentados del 11-L?
–¿Cuáles?
–Los del 11-L. Espera, digo no. Sí. El 11-L.
La chica se lo piensa un poco y responde:
–Pues no sé. Es que no hay ningún mes que empiece por L.
Y mi amigo se lo piensa un poco y finalmente dice:
–Eso –replica reuniendo todo su aire misterioso, que a estas alturas ya es muy poco– es lo que te han hecho creer.
En este supuesto la chica acaba huyendo, por supuesto. Como para no, quiero decir; ustedes imagínense hablando a las tres de la mañana con un masón ebrio que seguramente no es masón y que mantiene que hay meses del año que no existen.
El punto de no retorno de la operación masón, de hecho, lo tengo yo localizado en la tercera copa. Si a la tercera no ha caído, le tengo dicho a mi amigo, aborta la operación. O no te tomes más copas. O sí, pero entonces que sean schweppes. O mostos. O zumos de piña. Mi amigo me replica que nadie en esta vida ha conquistado a una chica tomando zumo de piña a palo seco, vamos, qué ridiculez. Y menos un masón. Los masones, dice él, somos duros. Recios. Bebemos whishky. No bebemos mosto.
–Eso –dice entrecerrando los ojos y apuntándote con el dedo– es lo que vosortros quisieraseis. Que bebiéramos mosto. No. Quisierais. Sí. Quisierais. Eso. Lo que vosortros quisierais.
–Nosotros, quiénes –pregunto yo.
–Vosortros los que no sois masones. Los muggles. O los payos. O lo como coño os llaméis.
Ése es otro problema de cuando pasa del punto de no retorno; que empieza a creerse su propia historia.
El simbolito, por supuesto, ni es masón ni es nada. Basta darle la vuelta, mirándolo desde la perspectiva de quién lo lleva para darse cuenta de que en realidad son una V y una G. De Vega. Que es como se apellida mi amigo.
Esto echándole realismo, claro. Que no imaginación.
Postdata: y aprovecho para contarles, como quien no quiere la cosa, que tenemos nuevo artículo en Jot Down. Se titula MONIAC o la máquina de predecir economía y va sobre una máquina de predecir economía que al final no funcionaba. Algún día escribiré el Diccionario Enciclopédico Anecdótico de Cosas y estará lleno de artículos como ése.
Postdata: y aprovecho para contarles, como quien no quiere la cosa, que tenemos nuevo artículo en Jot Down. Se titula MONIAC o la máquina de predecir economía y va sobre una máquina de predecir economía que al final no funcionaba. Algún día escribiré el Diccionario Enciclopédico Anecdótico de Cosas y estará lleno de artículos como ése.








Publicado por
El Señor de las Moscas



15 comentarios en el bote:
En mi vida prehomolibrisiana tuve experiencias de ligoteo bastante surrealistas, pero nunca nadie se me acercó con un anillo con sus iniciales, pero al revés, para contarme tamaña película. ¿Ha hablado su amigo con Spielberg, por si acaso? Debería. De corazón se lo digo.
Aunque ahora que me acuerdo, hubo uno que intentó convencerme de que, si se lo proponía, yo caería a sus pies irremisiblemente, con independencia de su escasa cultura general y menos conversación porque eso, al final, según esta eminencia, no sirve para nada. La fe mueve montañas, dicen, pero este, si decidió esperar el milagro, debe de estar como Penélope o la loca del muelle de San Blas. Por ejemplo.
Suya afectísima,
Azote.
Y he sido doblemente prime. Ya puedo descansar en paz.
Pues yo había oído que los masones no existen. Se los inventaron los americanos para ocultar la presencia ovni que intenta contactar con los reptilianos subterraneos mediante círculos en las cosechas y psicofonías en el programa de Iker Jiménez.
Lo que nunca entendí es por qué el gobierno americano quiere tapar eso.
@Azote;
Primer ha sido usted, en efecto, en esta gloriosa noche de publicación doble. Entre usted y su pariente tienen copado el podio últimamente, y yo que me alegro. Y sí; las experiencias y lo que hay que oir a veces in the night darían para abrir un blog o veintisiete. Y más en estas latitudes sudeuropeas, que se nos va la fuerza por la boca y nos lanzamos a la conquista na más que diciendo tontadas gordísimas una detrás de otra. Yo lo tengo súper observado en las palomas, incansablemente perseguidas por palomos de pecho inflado al sonido goloso del currucucucú, que no me diga que no es como para cogerlos del cuello y estampárlos. Caso de ser paloma, claro: como soy una persona humana, pues me parece simpático. Pero si fuera paloma les estamparía.
¿Cómo he acabado hablando de palomas?
Atentamente,
R.
@Chache;
Eso es un subterfugio inventado por los illuminati, también conocidos como supermasones. Lo pone bien claro en los criptogramas cuneiformes ocultos en los rollos apócrifos del Mar Muerto que encontraron durante la autopsia al famoso licántropo de Rosswell y que tradujo aquel agente a sueldo del grupo Bildelberg y del lobby judío que luego resultó que era ex-agente de la KGB y además fue a ¡Sorpresa sorpresa! y le pillaron con un perro y un frasco de mermelada y Concha Velasco tuvo que salir en vivo y en directo desmitiéndolo porque en aquella época ya no lo presentaba Isabel Gemio. No sé si se acuerda.
Curiosa forma de ligar la de tu amigo, lo que me sorprende es que lige algo. A altas horas de la madrugada, todos lo masones son pardos, jejeje.
Un saludo
Oh, me encanta poder decir en este momento que ¡yo también tengo un sello de lacrar! Me lo regaló un amigo y lo talló para mí.
Nunca usé la táctica del masón porque no tengo la versión anular, sino un pedrusco. Eso sí, es un poco engorroso. A mí siempre, o me queda una parte sin lacre, o me queda una bola roja gigantesca que cuando la sello se expande aquello que ni entra en los buzones.
(Te regalo un minipunto por lo de los muggles/payos).
Saludos.
Curiosa táctica de apareamiento la de su allegado. Espero que le vaya mejor que con una que usé yo una vez: Acercarme todo ebrio a una moza y decirle que su vestido me recordaba a los cuadros de nosequé pintor. El tambaleo y el balbuceo merman la credibilidad del discurso artístico intelectualoide.
Su blog de usted me hace tremenda gracia, esta mañana me he metido entre ceja y espalda cinco o seis entradas seguidas, sin pan pa empujar.
Considéreme su fan (de huevo).
@Malena;
Es lo que yo digo; que qué necesidad hay de andar dilucidando tan enrevesadas fantasías biográficas. Con lo fácil que es decir que eres amigo personal de uno de los toreros más importantes del país, por ejemplo (tengo otro amigo que hace eso y le va mucho mejor; otro día hablaré de él).
@Adam Kesher;
No me extraña; ¿qué hace usted enviando cartas lacradas, vamos a ver? Ni que fuera esto Hogwarts. Si la costumbre cayó en desuso por algo sería, digo yo ;)
@Hombre-malo;
Comn ese nick yo le considero a usted fan de huevo o lo que usted quiera. Y no se lo creerá, pero yo me sé de otro que una vez se acercó a la chica y sin mediar más palabra (ni un triste hola, quiero decir) le dijo: 'Pareces John Wayne'. Toma ya. Porque (aclaraciones posteriores que me dió mi amigo) iba vestida entera en colores caqui. Vaya usted a saber.
La peculiaridad de tu entrada está en esa historia de ejemplo que nos cuentas ¿Al fin, doña Maribel, recibe la carta? Mal hombre, no nos dejes con la intriga de esta novela de gavilanes.
Para serte sincero, en mi pueblo esos anillos con sello no se usan para marcar sellos, sino para marcar caras, aunque si lo suelen llevar sectas, sectas de canis y esa raza indígena de chulitos reshulones luciendo más joyitas que un monarca del siglo XVI.
Entre tu amigo de la caca flotante y el masón, ya no se que decir. Tus amigos o son parias, o son especiales.
Pues no me extraña nada que tu amigo ligue una barbaridad. Acostumbradas como estamos las féminas a que lo más ingenioso que te digan es: "¿vienes mucho por aquí?", al que se lo curre minímamente, aunque sea a base de decir chorradas, se le premia.
No tiene ni idea su amigo. Los anillos masones, hoy en día, no tienen dibujadas escuadras, ni ges, ni uves, ni nada de eso. Tienen a Hello Kitty.
A-C-T-U-A-L-I-Z-A por Diorl!!
ya tenia tiempo sin visitarle a ustede y es imperdonable..siempre me río muchísimo leyéndole.
Al principio pensé que el anillo tendría que ver con el alfa y el omega...que terrible error el mío.
Hay que ver lo que se necesita hacer estos días para ligar oiga.
Un abrazo,
Ale.
@Adrián Ruiz;
A mí también me gusta más la historia medieval, para qué le voy a mentir. Lo mismo hago un spin-off y todo por entregas, rollo folletín. Ya lo estoy viendo: "Paloma. Aventuras de una chica en la Edad Media". Lo único que las comedias medievales, si se fija usted, nunca han acabado de funcionar muy bien, Monty Phytons aparte. ¿Se acuerda usted de aquella con Heath Leadger? Un horror, oiga.
@Laesti;
Pues ahora que lo dice usted, eso lo explica todo. Si ya digo yo que siempre todo se entiende mejor cuando hay un punto de vista femenino ;)
@Red;
¡Ja! Tiene usted más razón de la que usted se cree... ¿Ha visto el nuevo photoshop que hemos colgado con un cuadro de Delacroix? Pues bien; mire usted la bandolera que lleva el niño con pistolas al lado de la figura de la Libertad (de Belén Esteban, en nuestro montaje) y dígame SI ESO NO ES UN LOGO DE HELLO KITTY.
@Anónimo;
Ya vamos, ya vamos. Qué prisas ;)
@Bibliobulímica;
Encantadérrimos de verla de nuevo por aquí aunque, sí: imperdonable. Y cosas para ligar se hacen estas y peores. Algún día contaré las mías y ese día, créame, es posible que nos abandone para los restos.
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