En la afoto: el Papa aplaude algo, no se sabe qué. Por el atuendo podría tratarse de una homilía particularmente emotiva. Cierto que en misa no se aplaude, pero vamos a ver; es el Papa. Hará lo que le de la gana. Además, es o eso que ha atrapado una mosca. Ustedes verán. Fuente aquí.
Hoy el rey de Roma por la puerta asoma y lo hace, además, en el más literal de los sentidos. Benedicto XVI llega a España para celebración de la JMJ y en la interné procelosa, que está llena de laicistas, adoradores del Demoño y señores con cuenta en Forocoches, se está hablando mucho de financiaciones, de exención de pagar cosas y de encubrir a pedófilos. En El porqué de una mosca queremos aportar nuestro granito de arena a este irnos de cabeza al infierno todos colectivamente y hemos preparado un repaso a los que creemos que son los más y mejores cuatro poderes del Papa. Porque nos parece importante recordar, para que sepamos todos con quién nos jugamos los cuartos, que estamos hablando del único hombre infalible que pisa la Tierra, por ejemplo, y el único que comparte con Dios la capacidad de perdonar los pecados. No sea que se enfade precisamente ahora que por la puerta asoma y nos haga un urbi et orbi pero al revés. Rollo condena, ya saben. A lo Aramís Fuster. Vaya con sentido del humor y no se me ofendan los que se digan fans de Dios, por Vishnú, que esto no va con ellos. Y recuerden, como se dice en Dogma, que hasta Él himself tiene sentido del humor.
Los cuatro poderes del Papa.
1) La infalibilidad pontificia (o por qué el Papa nunca se equivoca y es que me da igual cómo te pongas).
La infalibilidad pontificia es un dogma por el cual el Papa disfruta de la habilidad –por no decir superpoder– de no cometer ningún error en cuestiones de fe y moral. El Papa siempre acierta y punto. La cosa suena tan prerrenacentista y tan pre, en general, que hasta podría parecer antigua pero lo cierto, querida amiga, es que la infalibilidad pontificia se estableció por primera vez en el Concilio Vaticano I de 1870, que es como decir ayer por la tarde. De hecho el vigente Catecismo –que es de 1992– agrandó por primera vez la infalibilidad haciéndola extensiva también a los obispos mediante un silogismo entre sus puntos 2034 y 2035. En la práctica, para más funfún, se suele hablar de ella como una cualidad –por no decir superpoder, insisto– ya no del Papa o los obispos, sino común al conjunto de toda la Iglesia. En la Enciclopedia Católica Online, por ejemplo, dicen de la infalibilidad que ‘indica la prerrogativa sobrenatural por la que la Iglesia de Cristo […] está libre de la posibilidad de error en sus definiciones dogmáticas referentes a la fe y a la moral’. Prerrogativa sobrenatural, oigan. Ahí es nada. Lo mismo, pensándolo bien, hasta sí que debería decir superpoder.
A primera vista también podría parecer que la cosa va sencillamente de que el Papa nunca se equivoca, pero es que es aun peor; el argumento, en realidad, es que Dios tiene que cumplir lo que dice el Papa, y no al revés. Cumplirlo a posteriori, se entiende. El Papa dice y Dios lo refrenda. A que mola.
El dogma procede de la interpretación de las palabras de Jesús a San Pedro –el fundador de la Iglesia– recogidas en Mateo 16:19; lo que ates en la Tierra quedará atado en el Cielo. Y ya después los ponentes del Concilio Vaticano I sólo tardaron diecinueve siglos en caer en la cuenta, fíjate tú, de que estas palabras significaban que Dios se comprometía a cumplir con lo que dijese el Papa. Que qué suerte, ya ven. Sobre todo para el Papa.
Y es que Mateo 16:19 es un gran versículo. Tanto que no sólo ha dado para deducir que el Papa es infalible, sino también que comparte con Dios el superpoder –por no decir poder– de perdonarnos cosas. Lo explicamos en un segundito.
2) La indulgencia (o cómo un pecado perdonado por Dios también te lo tiene que perdonar el Papa, y si no, no vale)
El otro día aparecía en el ABC la noticia de que Benedicto XVI ‘concederá indulgencia plenaria a quien se confiese, comulgue y ore con el pontífice en la misa final de la JMJ el domingo 21’ y que, además, ‘hay indulgencia parcial para cualquiera que participe y ore para que el diseño espiritual del encuentro sea favorable’. Indulgencia plenaria para unos y parcial para otros, ya ven. Y para el resto, mierda en bote. Pero, ¿qué significa la indulgencia? Hay quien piensa que consiste en el perdón de los pecados, pero no; el perdón de los pecados compete exclusivamente a Dios. La indulgencia es otra cosa.
La vida después de la muerte, que por lo visto tiene más fases que el desarrollo de una berza, contempla una primera etapa de sufrimiento riguroso llamada purgatorio, después de la cual uno se va al cielo, al infierno o mismamente a tomar por culo. En el purgatorio sufrimos las llamadas penas temporales, jodiendas a nuestra alma para higienizarla, abrillantarla y darle cera como si fuera un Toyota Yaris y que así entre en el cielo limpita y reluciente cual si fuera, por ejemplo, la de Escrivá de Balaguer. Pues bien; para que acabemos en el cielo hay que obtener el perdón de Dios, pero para no pasar previamente por el purgatorio –o pasar pero menos– hay que obtener la indulgencia. En eso consiste que te perdonen los pecados temporales. En obtener la indulgencia. Y la indulgencia, amiga, no la dispensa Dios. La concede el Papa. Bien sea parcial –que reduce tu estancia en el purgatorio– o plenaria –que te exime directamente del purgatorio para que entres al cielo por la puerta VIP–.
El porqué nos lo explican muy bien en El Teólogo Responde –que es una página web que existe, no me la estoy inventando–. Allí nos remiten de nuevo a la frase de Jesús a Pedro en Mateo 16:19 –nunca una frase dio para tanto– y nos explican que ‘las indulgencias se obtienen por la Iglesia […] en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús’. La indulgencia, así entendida, es una prerrogativa que Jesús confirió al Papa y que el Papa, a su vez, confiere por extensión al resto de su Iglesia. Lo cierto es que ni la indulgencia ni el purgatorio son conceptos que aparezcan en la Biblia sino que fueron introducidos por los Padres de la Iglesia. El último en refrendarlos fue Pablo VI mediante el Lumen gentium del Concilio Vaticano II –1965–, incluyendo amena y didáctica explicación del purgatorio para dummies en el Catecismo posterior:
El purgatorio es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza. En virtud de la comunión de los santos, los fieles que peregrinan aún en la tierra pueden ayudar a las almas del purgatorio ofreciendo por ellas oraciones de sufragio, en particular el sacrificio de la Eucaristía, pero también limosnas, indulgencias y obras de penitencia.
Compendio del Catecismo de la Iglesia católica, 210-211
Hoy el Papa concede las indulgencias tal que así, miren. Al tuntún, como quien dice. Pero no siempre ha sido tan fácil. Las indulgencias han sido objeto de compra, venta y tráfico generalizado a lo largo de toda la historia católica, especialmente durante la simonía y hasta la Reforma Protestante –que por cierto se produjo por esto mismo precisamente–. Hoy día la forma más común de recibir la indulgencia es pasando debajo de una puerta del perdón durante el jubileo –un año sagrado cada veinticinco–, peregrinando a alguno de los cinco lugares santos del Cristianismo –Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela, Caravaca de la Cruz (Murcia) y el Monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria)– o recibiendo la bendición Urbi et orbi, que sólo puede conceder el Papa. Además de un montón de lugares santos en España disfrutamos –¡qué suerte!– de la bula de carne, una indulgencia concedida por Su Santidad que nos permite comer carne durante la Cuaresma –que es pecado, por si no lo sabían– a cambio, eso sí, de ‘cierta limosna aplicada a objetos piadosos’. Lo dicho, que qué suerte. Y eso que en Mateo 10:8 –que no es el fulgurante 16:19 pero siguen siendo palabras de Jesús, que digo yo que algún valor tendrán– se prescribe aquello de ‘vosotros habéis recibido gratuitamente, dad también gratuitamente’. Estarán conmigo en que hay que joderse.
Hemos mencionado una bula, la de carne, y no ha sido porque sí. Y es que de los creadores de Infalibilidad Papal y de los guionistas de Indulgencia Pontificia, llega a sus pantallas Bula Papal: Pontifica como puedas. Ésta sí que les va a gustar.
3) La bula papal (o por qué el Papa dispone sobre los asuntos del mundo)
Las bulas papales o pontificias son las cartas en las que los papas decretan cosas, en general, acerca de muchas otras cosas, también en general. Dicho así porque es así, yo qué quieren que le haga; para una definición más técnica, ahí tienen Wikipedia.
A efectos prácticos, las bulas tienen rango de ley en la jerarquía católica y nadie por debajo del Papa –que es cualquier individuo sobre la faz de la tierra, para entendernos– puede absolver de cumplir su contenido–. Puede que nuestro moderno entender sobre de qué va el rollo nos haga pensar que las bulas debieran –debieran– referirse sólo a los asuntos de fe o la administración interna de la Iglesia, pero lo cierto es que ni mucho menos. Las bulas han sido un elemento esencial en algunos hitos de nuestra historia, incluyendo algunos determinantes y otros bastante terribles.
¿Nunca se han planteado, por ejemplo, por qué cuando España descubrió América las restantes naciones atlánticas no se lanzaron a conquistarla? Las llamadas bulas alejandrinas –del Papa español Alejandro VI en 1493– confirieron a los Reyes Católicos el derecho exclusivo a la conquista de América en nombre de España y el deber de evangelizarla, así como la Inter caetedra repartió los territorios atlánticos entre España y Portugal. Incumpliéndolas, los restantes reyes europeos se exponían a la excomunión de su real familia, lo que les desproveía de legitimidad para el trono –recuerden que los reyes lo eran por la gracia de Dios– y les exponía a su vez al riesgo de regicidio, destronamiento o incluso invasión por parte de otras naciones. Esto, sin ir más lejos, fue lo que le pasó a Isabel I de Inglaterra o al rey Juan III de Navarra.
La bula Dum diversas, Nicolás V le dio al rey de Portugal en 1452 el derecho a esclavizar a los infieles de África. El gueto judío de Roma lo instauró una bula –la Cum nimis absurdum, de Pablo IV en 1555–, así como otra, la Index librorum prohibitorum –de Pío IV en 1564– estableció el índice de libros prohibidos. La bula Ad extirpanda –bonito nombre– reguló el procedimiento de tortura al hereje y la Unam sanctam proclamó la superioridad del poder espiritual sobre el político. También la convocatoria de todas las cruzadas, la excomunión de Lutero y un sinfín de guerras europeas lo han sido previa expedición de la correspondiente bula papal.
Hablando de Lutero y del rey de Roma, notar que las bulas, la infalibilidad y la indulgencia no son los únicos aspectos que separaron hace ya algunos jueves al primero del segundo. La costumbre de Sus Santidades Sucesivas de cambiar la Biblia según les va saliendo del Espíritu Santo –literalmente– es otro hit papal que no se nos puede escapar. Hemos llegado al último punto.
4) Inculturación (o cómo el Papa dice que hay que ir cambiando la Palabra de Dios y de hecho la va cambiando)
La noción de inculturación refiere a la necesidad de la Iglesia de extenderse por las diferentes sociedades y épocas. Pertenece a la moderna teoría del catolicismo, vamos a decirlo así, y su práctica –que en principio no aparece recogida en ningún libro doctrinal, dentro de unos años ya veremos– fue refrendada de modo oficioso por el Papa Pablo VI en un discurso ante el IV Sínodo de Obispos –1974–, en el que dijo que es ‘peligroso hablar de teologías, distintas según los continentes y culturas’.
La noción de inculturación justifica, y aquí está el quid, la constante reedición y actualización de la Biblia, que es la manera fina y bonita de decir cambiar cosas a troche y moche. Por si a alguien se le escapa –y me consta que a muchos, porque esto es creencia común– la Biblia no está traducida de los textos originales sino traducida e interpretada, que no es lo mismo. En www.foroexegesis.com, por ejemplo, nos cuentan que la inculturación es una ‘convicción de fe’ –sabe Dios– prescrita en varios pasajes de la propia Biblia –eso dicen ellos– y nos explican que ‘la traducción de los textos bíblicos no basta […] se debe continuar gracias a una interpretación que ponga el mensaje bíblico en relación más explícita con los modos de sentir, de pensar, de vivir y de expresarse’.
Es lógico que un cambio puntual, uno y no más, santo Tomás, pues poco afecta al conjunto. Un buen ejemplo, por reciente, lo tuvimos hace unos meses con la edición de la Nueva Biblia Estadounidense, en la que desaparecieron las palabras ‘botín’ y ‘holocausto’ y se sustituyó la mención a la Virgen en Isaías 7:14 –‘la virgen concebirá un hijo y lo llamará Emmanuel’–, pasándose a denominar ‘la joven’ porque la palabra hebrea original –‘almah’– es lo que significa. Estaremos de acuerdo en que, en fin. Poca cosa.
La cuestión, por supuesto, es que dos mil años de reedición constante han dado para muchos pequeños cambios uno detrás de otro y que además, y más importante, no han sido siempre tan sutiles. Puede que hoy día nuestra enorme sensibilidad hacia la censura haga que los cambios en la Biblia sean menos frecuentes y se plieguen en exclusiva al imperio de lo políticamente correcto, pero durante siglos han tenido el objetivo de eliminar del texto sagrado aquellos elementos que lo distancian de la moderna sensibilidad religiosa, entre ellos las criaturas y leyendas de la mitología precristiana, por ejemplo. Uno de los ejemplos más célebres es que Yahvé, según dicen algunos, no envió el Diluvio para acabar con la humanidad sino con una raza de gigantes, los nefilim, engendrados por la unión de mujeres humanas con ángeles renegados –los grigori, también llamados vigilantes–. En la mitología original la extinción de toda la humanidad menos Noé y su familia hubiera sido algo así como un daño colateral. Esto choca frontalmente con nuestra moderna idea de Dios –que es misericordioso y por ende no castiga nada más que a los pecadores– además de con varias otras nociones de la doctrina cristiana –la asexualidad de los ángeles, por ejemplo, o su inmaterialidad–, y así ha ocurrido que en las sucesivas reediciones de la Biblia a lo largo de los siglos los nefilim pasaron de traducirse como ‘gigantes’ a considerarse un gentilicio y de ahí, a ser llamados ‘hombres’ sin más trámite. En los llamados libros apócrifos, no obstante, su historia se recoge con más detalle. En el capítulo 10: 1-9 del Libro de Enoch –canónico en la Iglesia Copta pero no en la Católica, que lo considera apócrifo– se dice que a propósito del Diluvio que ‘toda la tierra ha sido corrompida por medio de las obras que fueron enseñadas por 'Asa'el [el líder de los ángeles grigori] impútale entonces todo pecado’. En la doctrina católica, no obstante, toda mención a los gigantes ha sido borrada y el Diluvio atribuido a la maldad del hombre aunque quedan aún algunos trazos de la versión original. En Números 13:13, por ejemplo, en Deuteronomio 2: 10-11 y en Eclesiástico 47:4. Y todos recordamos, por supuesto, al gigante Goliat que derrotó David.
Éste, por supuesto, es sólo en ejemplo. Existen muchas –e incluso muchísimas– otras contradicciones en la Biblia moderna.
Y bueno, pues nada más. Se quedan en el tintero algunas otras cosas, pero con las que son ya van que chutan, no me digan que no, y además enough is enough. Tampoco es plan de ponerse extenso. Cerramos con ésta nuestra bienvenida a Benedicto, que recordamos que tuvo ya una primera entrada, y le deseamos tino en sus ritos, eucaristías y demás procederes chamánicos, si los hubiera, porque ya saben que yo no entiendo de fútbol. Y una feliz estancia. Y breve. Feliz y breve. Cuando más de ambas, mejor.






Publicado por
El Señor de las Moscas



13 comentarios en el bote:
Qué cosas. Habida cuenta de todo lo que usted ha expuesto aquí con prístina claridad, como es habitual, una servidora se hace las siguientes cuestiones:
a. Si el Papa es un superhéroe, ¿es la Prerrogativa sobrenatural el motivo por el cual las monjas visten de Batman? Por eso de que es un poder conjunto de toda la Iglesia y tal.
b. Consecuencia de lo anterior, yo me pregunto: si toda la Iglesia, en conjunto, goza de la Prerrogativa sobrenatural, ¿debo entender que eso se extiende a TODOS los que la conforman? La duda, no obstante, ahora se refiere a si esto afecta a los bautizados o solo a los practicantes. Que ahora se llaman DUE (y si son de nueva hornada y se les llama ATS se enfadan, mirusté).
c. Lo de la indulgencia me va usted a permitir que lo ponga en duda. No por contradecir sus palabras, oiga, que ya sabe que lo que usted diga va a misa (valga la redundancia), sino porque leída la primera acepción de la definición de indulgencia («Facilidad en perdonar o disimular las culpas o en conceder gracias»), me temo que lo de «echarle el muerto a otro» (o disimular las culpas con sutileza, bien haciendo esto primero o callándose cual meretriz en su defecto cuando se ha metido la pezuña) es patrimonio universal.
d. Que bula se diferencie de bulo solo en el sufijo de género tiene que significar algo. Seguro.
e. Y yo que pensaba que lo de inculturación era lo que sucedía con tanta reforma del sistema educativo, del que los chonis son la más magna obra jamás concebida... Lo que aprende una con usted.
Para terminar, me va usted a permitir que le transmita una inquietud. ¿Por qué, cuanto más miro la foto con que ha ilustrado usted esta entrada, más se me figura este muñequito tan mono?
Ya que son las siete y media de la mañana y creo que a estas horas ya he blasfemado lo suficiente como para cubrir el resto del año, voy a ponerme a trabajar, que el trabajo dignifica, y hacerlo a estas horas es además una clara invocación al refranero («Al que madruga, Dios le ayuda»). A ver si aunque sea por esas me llevo cuarto y mitad de bula o algo.
Suya afectísima,
Azote.
Actualización:
Me comenta mi Santo Varón (uséase, Homo libris) que no se puede ver la imagen que he enlazado en el comentario anterior por aquello del hotlinking. Como no quería dejar de compartir mi inquietud con usted, aunque la tecnología se ponga cazurra, he subido al muñequito de marras a Imageshack y listo.
Buenos días nos dé Dios.
Azote.
Aunque con ligeros errores no fundamentales desearíaa feliccitarte por la estrucctura del artículo, el manejo lògico de fuentes y el sentido del humor.
Y a mí que me parece que 'el prota', en la afoto, está palmeando una salve rociera...
Permítaseme ponerme en pie, despojarme de mi habitual sombrero hongo y poner mi bisoñé a su disposición, caballero. Acompáñese todo ésto con algunas docenas de palmadas y quizá algún "bravo" proferido en alta voz.
Ya tenía uno noticia de que muchas ("muchísmas", que se dice en tierras manchegas) de estas normas y dogmas que el practicante católico acata sin pestañear ni significarse son de humana invención, y muy (pero que muy) distantes en el tiempo de aquellas primeras palabras de Jesús a Pedro que suponen la base de todo el actual pifostio pontificio. Pero su artículo, documentado y construído con maestría, confirma mis creencias y, es más, las reafirma cual crema anticelulítica.
Reciba mis felicitaciones y parabienes. Y añado, si mi economía fuera lo que se dice boyante y yo conociera la dirección postal de usted, recibiría, además de mis loas, un jamón de Guijuelo para deleite de usted y los suyos. Mas me temo que tan suculenta dádiva habrá de esperar a que vengan tiempos mejores.
La comparación que ha hecho Azote de Ratzinguer con el simpático Furby ha contribuído grandemente a la hilaridad de esta mañana de martes. Felicitaciones para ella también.
Dejando de la lo obvio. Bueno, no lo voy a dejar de lado. Me he descojonado, como solo se puede hacer si lees este blog y más en concreto esta maravillosa tesina papal.
Pero corro la desgracia de andar estudiando, quien dice estudiar, dice asistir a clase, Historia.
Quería simplemente apuntar que el tema de lo mega infalible que es el Papa incluso para elegir papel higiénico, es un asunto que viene de antiguo. Un tal Hildebrando al que hicieron Papa, que estaba un poco mosqueado con unos emperadores un poco crecidos de la Alemania, perdón, Sacra, por aquel entonces. Pues con tal de acallar, este Hildebrando, que de papa lo llamaban Gregorio VII, sacó un libretillo llamado Dictatus Papae donde, sin decir que es el Papa el que es infalible, lo dice de la Iglesia Romana, cuyo cabecilla no se nos escapa quién es. Estos infortunados incidentes ocurrieron allá por el 1075, si antes hablaron de infalibilidad lo desconozco.
Y con mis disculpas, me retiro a seguir partiéndome la caja. Ya saben que esto de ser estudiante de historia da tiempo libre incluso antes de ir al paro.
Un saludo.
Son curiosos los artículos sobre la fe y la Iglesia redactados por no-teológos.Les falta el rigor del método teológico y la "analogía de la fe". Este artículo podría titularse "El Papado visto por un ignorante de la teología". Son comos los artículos de ciencia por no científicos. Véase, Eduard Punset.
El artículo está plagado de errores teológicos, los cuales no tengo tiempo de tratar. Te recomiendo un libro riguroso: "La infalibilidad de la Iglesia" de Karl Rahner. Fíjate en el título: te dará muchas pistas. Otro se titula "Episcopado y primado" escrito por Rahner y el entonces joven catedrátrico Joseph Ratzinger.
Que la iglesia va "limando" sus aristas es un hecho, va modificando aquello que va dejando de gustarle. Pero siempre en la misma línea.
En unos años habrá mujeres sacerdotes, cada vez hay menos curas, aunque en estos días viendo Madrid, no lo parezca.
Y digo yo, si es la JMJ, ¿por qué no las han hecho en su casa? en el Vaticano, será por sitio.
Indulgencia siento, o más bien me siento confuso. ¿Es usted católito o el Demoño?
No soy partidario de la JMJ ni me parece bonito pagar 10 millones de euros a la Iglesia por una visita del Papa en Madrid. Su entrada me da a entender que no entiendo nada. De todos modos prefiero ser feliz pensando que esta subliminalmente depotricando al Papa y su secta de ovispos.
A mi parecer creo que teme tener que orar 10 ave marias por publicar esta entrada. Pero sepa usted que desde mi ordenador tiene todo mi apoyo incodicional.
Saludos, Señor de las Moscas.
No sé si el de la foto le aplaude a usted por la entrada que ha escrito o está de feria cantando sevillanas, oiga. :D
¡Chapó!
Que buenas risas me he echado esta mañana, hoygan!, con este magnífico artículo, cosa que no está nada mal cuando tienes que ponerte a estudiar las malignidades de las gramáticas griega y latina.
Por otra parte, es una lástima que una de las mayores mejoras que introdujo en el pasado la religión católica (lo de reinventarse a sí misma, como Madona o Cher), se haya convertido en la excusa para blindarse en ideas cada vez más caducas...
¿No será hora de un concilio de esos, buenos buenos, que duraban 100 años?
Yo soy DUE
"De los creadores de Infalibilidad Papal y de los guionistas de Indulgencia Pontificia, llega a sus pantallas Bula Papal: Pontifica como puedas". Me desorino.
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