... El porqué de una mosca encerrada en un bote: 1/04/11

28 de abril de 2011

Que viene el lobo.

28 de abril de 2011
De las relaciones que los seres humanos mantenemos con las cosas que nos rodean, que son muchas porque en el mundo hay muchas cosas, la que atañe a los lobos posiblemente sea una de las más interesantes. Quizás sólo por detrás de la que mantenemos los seres humanos con los propios seres humanos, y solamente porque, lo dijo Plauto, homo homini lupus, el hombre es el lobo del hombre. Porque el ser humano, que es soberbio y muy macarra, nunca se asustó de nada salvo de tres o cuatro impepinables, a saber; de la muerte, de otros hombres y de los lobos.

He leído hoy en El País un titular de letras gordas y orondas que reza El lobo se acerca a Barcelona, al que sólo le faltaban signos de exclamación, parpadear y que sonase de fondo la música de Impacto TV. Guau, pensé; sensacionalismo y biología. Esto es nuevo. Como el flamenco que lo mezclan con jazz y lo llaman flamenco-fusión, pero con sensacionalismo. Sensacionalismo-fusión. Estupendo.

20 de abril de 2011

200.

20 de abril de 2011
Qué fuerte. Con ésta que están leyendo, hoy alcanzamos en El porqué de una mosca la cifra de doscientas entradas. 

Doscientas entradas, repito. Ahí es nada. Doscientas son, y ni una más, como doscientas castañas gordas y lustrosas una detrás de otra. Que les he ido endosando a ustedes así, miren, como quien no quiere la cosa, una, ris, otra, ras. Y así hasta doscientas veces. Doscientas entradas, mil seiscientos comentarios –clavados anteayer mismo en cifra tan redonda por nuestra amiga Violeta– y casi tres años aquí, dando pertinazmente por el culo. Con denuedo, fruición y dos cojones. Súper fuerte, insisto. Quizás no se lo parezca a ustedes, que la cosa ni les va ni les viene. Pero yo estoy que no sé si tomarme un gin-tonic o tirármelo por encima.

15 de abril de 2011

Dos metros cuadrados del salón de mi casa.

15 de abril de 2011
En esta foto, hecha en el salón de mi casa, podemos ver varias cosas.


Al fondo, dos retratos en lápiz; arriba, y con cara de paisaje, Félix Rodríguez de la Fuente; debajo, y con cara de siglo XIX, Charles Darwin. 

Son dos retratos que hice yo y que le regalé a mi padre porque Charles Darwin y  Félix Rodríguez de la Fuente son sus dos ídolos máximos de todos los tiempos. Estos dos cuadros que ven en la foto pertenecen, de hecho, a una serie de retratos de las grandes figuras mundiales de la ciencia universal que también incluye a Albert Einstein e Isaac Newton. Los próximos que dibujaré serán Carl Sagan, porque en mi casa somos muy de Carl Sagan, César Millán, que es el señor mejicano que adiestra perros en un programa de Cuatro que se llama El encantador de perros –que no es que sea una gran  figura de la ciencia universal pero mi padre es súper-fan, yo qué quieren que le haga– y Jane Goodall –que es primatóloga y hace lo mismo que el encantador de perros sólo que con monos, y además está estupenda para su edad–.

7 de abril de 2011

#b4b3b3.

7 de abril de 2011
Todos son mis hijos y a todos los quiero, pero al último siempre lo quiero más. 



1 de abril de 2011

Protestas infundadas.

1 de abril de 2011
Se me queja mi santo, a raíz de nuestra última entrada, de que hablo mal de él en este blog.

–Que no es que hables mal –matiza. Es que, cuando aparezco hablando en algún diálogo, me pintas como si fuese mongólico.

No lo dice exactamente con estas palabras, claro; mi santo no utiliza la palabra mongólico, por ejemplo, y no me pregunten por qué, porque es una palabra de grandes propiedades expresivas. Yo sí que la utilizo, mira tú, por eso mismo precisamente y porque además pienso que las palabras feas no hay que desecharlas, sino reciclarlas y reinsertarlas en la sociedad. Como ocurrió en los noventa con la palabra negro, por ejemplo, con la palabra corqui o con Mickey Rourke. 

Así que, lo que les decía, pongamos que mi santo dice que le hago quedar como si fuese mongólico en los diálogos aunque sus palabras literales hayan sido quedar como un friqui, un retrasado y un superficial. Lo dicho, por reciclaje lingüístico y por síntesis. Tengo la sospecha de que la queja de mi santo tiene que ver precisamente con este tipo de libertades poéticas que me tomo, aunque yo ya se lo tengo dicho, lo mío no son licencias, son paráfrasis, óyeme bien, paráfrasis. Que es una figura literaria propia de la lírica latina, de la poesía barroca y de los blogs regentados por cabrones que mienten más que hablan.
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